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¿Adiós al cooperativismo del bienestar?

21/11/2014 01:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Igor Ortega, del Instituto de Estudios Cooperativos Lanki, publica ¿El cooperativismo ante un nuevo ciclo? en el último número de TU Lankide, la revista de la Corporación MONDRAGON (en este momento aún no disponible en su web). Se trata de un artículo muy interesante en el que reflexiona sobre los retos a los que se enfrentan las cooperativas de MONDRAGON en los momentos actuales: "Hoy cada vez más son más las voces que afirman que, más allá de la crisis económicas cíclicas, existen una serie de dinámicas estructurales que nos están arrojando a un nuevo escenario económico y social".

El artículo centra la mirada, sobre todo en dos aspectos: la sostenibilidad de la empresa cooperativa en el escenario global y competitivo, y cómo proceder ante el desmantelamiento de las condiciones sociales del bienestar. En torno a esta segunda cuestión dejo aquí algunas reflexiones. No obstante, para entender de qué se está hablando hay que coger la referencia de tres momentos históricos diferentes en el cooperativismo de MONDRAGON, de la mano de la propuesta de Joseba Azkarraga y que se citan en el artículo:

  • El cooperativismo de la necesidad, vinculado a los orígenes, con vocación transformadora y de ideología fuerte, en busca de respuestas alternativas de trabajo que resolvieran necesidades sociales básicas.
  • El Cooperativismo del bienestar, asociado a la prosperidad económica y al crecimiento de las empresas cooperativas, muy relacionado con el progreso de las sociedades occidentales en su más amplio sentido.
  • El Cooperativismo de la autoexigencia y de la corresponsabilidad, que surge de nuevo como necesidad para profundizar en el compromiso de las personas con sus proyectos cooperativos como única vía para salir de la crisis sistémica actual.

Por situaros, debo decir que en mi caso accedí a trabajar en empresas cooperativas en 1991 y que estuve como socio hasta 2003. A partir de entonces he mantenido una relación directa con MONDRAGON mediante una colaboración continuada con Enpresagintza, la Facultad de Empresariales de MONDRAGON Unibertsitatea. Además, en todos estos años he tenido la oportunidad de seguir trabajando con cooperativas de diferentes sectores y también con los servicios centrales de la corporación. Hasta cierto punto soy arte y parte y me veo por tanto con mi parte correspondiente de responsabilidad en todo esto del "cooperativismo del bienestar", para lo bueno y para lo malo.

En realidad muchas cooperativas de MONDRAGON han pasado por ciclos expansivos largos. Hay, claro está, excepciones. Pero en general las socias y socios de las cooperativas han alcanzado condiciones de trabajo muy dignas. De la mano del acceso a los mercados globales muchas cooperativas han sacado pecho y mostrado sus fortalezas. Han sido eficientes, han buscado la excelencia y, como decimos, en muchos casos han conseguido logros muy relevantes. Y en este modelo empresarial, quienes comparten la propiedad de la cooperativa se han beneficiado de forma muy directa de esos éxitos. Vía retornos, entre otras cosas.

A mí me explicaron en una de las cooperativas en las que trabajé cómo mi "cartilla" crecería con el paso del tiempo. Era una conversación sencilla, directa, franca. La realidad era la que era. Y, ojo, es una realidad que sigue presente, como no puede ser de otra manera, en muchas cooperativas. Ganar dinero como empresa se traduce directamente en ganar dinero como individuo. Se socializan ganancias y ¡pérdidas! Pero aunque todo el mundo sabe de cooperativas de MONDRAGON que cerraron nunca se pasó por la imaginación que ocurriera de forma desordenada y con un buque insignia.

Hoy es el día en que la crisis está socializada por doquier. Puede que en la comparación con el promedio las sociedades cercanas a las cooperativas aún no sientan todo el frío que parece hacer ahí fuera. Las cooperativas ejercen el rol de paraguas protector, en gran parte a través de su pertenencia a la Corporación MONDRAGON. Pero la protección como imaginario colectivo ha saltado por los aires con la crisis de Fagor Electrodomésticos. Ahora se sienten las ráfagas de un viento helador. No todos los días, pero sí que se siente que verdaderamente hace más frío ahí fuera.

Parecería que las cooperativas de MONDRAGON tuvieran que juntarse otra vez un poco más para darse calor mutuamente. ¿O no? Pero también es cierto que la dimensión de los proyectos actuales complica la generación de lazos de confianza. Antes era fácil fiarse. Se sabía todo de todos. Ahora se ha producido cierta fractura social. El bienestar se aleja de la mano de una sociedad que cubrió las necesidades básicas y se lanzó a inventar el mercado del alma. Todo se escapa entre las manos, la felicidad lo primero. Los tiempos líquidos dificultan el anclaje de valores y creencias.

Hoy El cooperativismo de MONDRAGON debe mirar también hacia dentro porque son sus personas las que lo construyen. El mercado ha sido la vara de medir muchos éxitos. Pero ahora este lobo está enseñando las orejas: el mercado ha proyectado un gran fracaso cooperativo como nunca antes sucedió. Ya no es un modelo inmaculado. Ahora hay dudas. Se ha crecido pero a lo mejor no se ha desarrollado como debiera. Crecer y desarrollarse son conceptos diferentes.

Como dice Igor en su artículo:

Por otro lado, las posibilidades para el desarrollo de proyectos autónomos y dignos de vida se ven condicionadas para cada vez más amplios sectores de nuestra sociedad. Una menor cobertura desde lo público y la extensión de la precariedad provoca que cada vez más gente encuentre dificultades para situar sus proyectos vitales en los estándares del bienestar arraigados en el imaginario social.

¿Nos habremos cargado para siempre el cooperativismo del bienestar? ¿Puede el cooperativismo de la autoexigencia y la corresponsabilidad abrirse paso percibido otra vez como pura necesidad? ¿Es la única vía?


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blog.consultorartesano.com
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