Una extraña nave de color amarillo parecida a un enorme cigarro, montada sobre una especie de canasto de mimbre y de aproximadamente unos 25 metros. Surcaba alegremente los cielos sobre el Jardín Zoológico de Paris. Sentado al frente de su aparato iba Santos Dumont, un joven brasilero muy rico, inventor y navegante del aeróstato, el raro artefacto que volaba sobre las asombradas cabezas parisinas.

Este aeróstato, llamado el Santos Dumont I, se elevo con velocidad. La multitud gritaba de entusiasmo. Todos los globos siempre habían volado a favor del viento, pero por vez primera, en la historia, este ingenio impulsado por un motor empezaba a volar en contra del viento. Lleno de entusiasmo, Dumont ascendió a la impresionante altura de 90 metros, y voló plácidamente por encima de Paris hasta el Bosque de Bolonia.
Cuando Alberto cumplió los 18 años, su padre, un acaudalado hacendado del Brasil, le dio un gran talonario de cheques y un consejo sorpresivo. Le dijo que se fuera a Paris, ya que era la ciudad más peligrosa de todo el mundo, para ver si lograba hacerse un hombre. Alberto se convirtió en un aeronauta entusiasta, y comenzó con sus proyectos para la fabricación de los aeróstatos estudiando cuidadosamente los dirigibles.

En el año 1904, comenzaron a llegar de Norteamérica muchos rumores de unas pruebas secretas de aeroplanos realizadas por unos hermanos de apellido Wright, los que aseguraban haber volado a bordo de un aeroplano el 17 de diciembre de 1903, en Kitty Hawk. Los testigos eran muy pocos y todos amigos de dichos hermanos.
En 1908 los hermanos Wright realizaron sus primeros vuelos en público
En Francia se realizaban muchos experimentos para lograr ser los primeros en dominar el aire, y como siempre, los inventores estaban incentivados por grandes premios en dinero al que lograra volar 100 metros en un aeroplano. Santos Dumont se inscribió como aspirante a los premios establecidos durante el verano de 1906. Después de algunas semanas de trabajo el aparato presentado por el era bastante parecido a una cometa japonesa, y el 13 de setiembre estuvo listo para su primer intento.

El 12 de noviembre nuevamente Paris asistió a una nueva prueba, y esta vez, el aeroplano logro elevarse nada menos que hasta la asombrosa altura de 4, 5 metros del suelo, y lo oficial fue que había volado 220 metros en 21.2 segundos. Luego, un gran número de inventores comenzaron con muchos intentos y más récords, siendo Santos Dumont siempre el primero en felicitarlos. En 1908 los hermanos Wright realizaron sus primeros vuelos en público, y quebraron con facilidad todas las marcas hasta ahora establecidas. Y también volvieron a afirmar que ellos habían sido los inventores del aeroplano, y no Santos Dumont. Toda la controversia desatada por este hecho fue bastante penosa.
En 1910, en la cima de su popularidad, Alberto anuncio que su carrera aeronáutica había llegado a su fin, porque su sueño ya era una realidad.
Su paz se vio alterada al estallar la Primera Guerra Mundial, y sentía que toda la muerte que causaban los zeppelines y los aeroplanos era culpa suya. En 1928 regreso a Brasil y un gran hidroplano, llamado el Santos Dumont, voló para salir a su encuentro en el barco en que venia, pero se estrello y murieron todos los que iban a bordo, Alberto se deprimió aun mas.

Irónicamente, su muerte trajo un poco de paz a su país. Los federalistas y los rebeldes adoraban a Santos Dumont, y cuando se supo lo de su trágica muerte, fue declarada una tregua de unas horas, con el fin de permitir que sus restos fueran trasladados al mausoleo familiar, en Río, en donde se le pudo dar sepultura con todos los honores y en medio de un sentido duelo nacional.
Construyo y voló varios de sus modelos, ganando incluso algunas apuestas para probar la rapidez y maniobrabilidad de los aparatos