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40 años del 23-F, el fracasado golpe de Estado contra la democracia española

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23/02/2021 01:25 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El 23 de febrero de 1981 la gran mayoría de la sociedad española tuvo miedo y desesperanza. Algunos altos mandos militares dieron un golpe de Estado que pudo haber finiquitado la incipiente democracia española tras casi 40 años de dictadura franquista.

El golpe fracasó, pero los militares sublevados lograron tomar el control del Congreso de los Diputados, sede de la soberanía popular española, y retener a los diputados durante horas el día en el que se iba a votar la investidura del candidato a presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo-Sotelo, de la Unión de Centro Democrático, que debía suceder al frente del Ejecutivo a Adolfo Suárez, que había dimitido el 29 de enero.

El teniente coronel Antonio Tejero, acompañado de un grupo de guardias civiles, irrumpió en el hemiciclo a las 18.23 horas, cuando los diputados estaban votando en la investidura, al grito de 'Quieto todo el mundo' y ordenó a sus señorías que se tirasen al suelo. Tejero y sus acompañantes llegaron a lanzar disparos al aire con pistola y subfusiles.

El teniente general Jaime Milans del Bosch, el único alto mando militar del que Tejero acataba órdenes, se sublevó en Valencia y desplegó 2.000 soldados y 50 carros de combate por las calles.

La Operación Turia debía ser clave para que se sumasen al golpe de estado el resto de regiones militares. Milans del Bosch intentó durante toda la tarde y la noche convencer al resto de tenientes generales de poner fin a la democracia española y reinstaurar un gobierno militar, pero no logró (aunque algunas se mantuvieron a la espera de acontecimientos).

De hecho, no consiguió ni tomar todo el control de Valencia. Sí en las bases militares de Bétera y Paterna, pero no la base aérea de Manises, donde un comandante se negó a sumarse al golpe de estado y advirtió a Milans del Bosch de que tenía dos cazas con misiles tierra-aire listos para destruir a sus tanques.

Al mismo tiempo que Milans del Bosch y Tejero, con su sublevación armada, trataban de impulsar una dictadura dura, el general Alfonso Armada, muy cercano al Rey Juan Carlos I, urdía una solución intermedia, una dictadura blanda o limitada. Se trataría de acordar un gobierno de concentración con él de presidente y Felipe González (PSOE) y Manuel Fraga (Alianza Popular) de vicepresidentes.

De hecho, el propio Armada acudió al Congreso de los Diputados y le presentó a Tejero su plan de Gobierno, que fue descartado por el teniente general de la Guardia Civil, ya que no contaba con el respaldo de Milans del Bosch. El plan de Armada tampoco contaba con el apoyo del Rey Juan Carlos I.

En 1975 murió Francisco Franco y, tras casi 40 años de dictadura, España iniciaba una inestable transición hacia la democracia. En noviembre de ese año Juan Carlos I fue proclamado rey de España.

El rey impulsó a Adolfo Suárez, en 1976, como presidente del Gobierno para que liderara ese proceso de transición democrática. Suárez había desempeñado varios cargos en gobiernos franquistas y, aunque era un desconocido para la ciudadanía, a priori no debía ser mal visto por los sectores más franquistas del Ejército, recelosos con el proceso que pondría fin a la dictadura.

En 1977 se celebraron las primeras elecciones democráticas y los españoles, mayoritariamente, se decantaron por formaciones moderadas, de centro-derecha y de centro-izquierda.

El partido vencedor fue la Unión de Centro Democrático (UCD) que lideraba Adolfo Suárez, con 165 escaños y el 34, 4% de los votos. Suárez aprovechó la proyección que le dio partir con la imagen de estabilidad que ya le daba ser el presidente del Gobierno de transición. Un año después se aprobó la Constitución Española.

El segundo partido fue el PSOE, con Felipe González al frente, que logró 118 escaños con el 29, 3% de los votos. El PSOE dio la sorpresa y barrió al Partido Comunista en la lucha por la hegemonía de la izquierda, liderado por el histórico Santiago Carrillo. Justamente la legalización del Partido Comunista, uno de los grandes enemigos del franquismo, provocó malestar en sectores del ejército.

También irrumpieron con fuerza en las Cortes Españolas dos partidos nacionalistas que han sido claves en la democracia española, Pacte Democràtic per Catalunya (PDPC) de Jordi Pujol, que logró 9 escaños en el Congreso de los Diputados y fue el germen de la posterior CiU, el partido que más años ha gobernado en Cataluña.

Y el PNV, que logró 8 escaños, un partido que ha vencido en todas las elecciones autonómicas en Euskadi menos en 1986, cuando venció el PSE-PSOE. Ambos partidos, CiU y el PNV, además, se impusieron en las elecciones autonómicas de 1980 en Cataluña y el País Vasco.

La representación nacionalista y la posición de la UCD de Suárez y del PSOE de Felipe González de avanzar hacia un Estado autonómico, frente al Estado centralista del franquismo, también fue otro de los asuntos que provocaba un fuerte malestar entre sectores del Ejército, ya que consideraban que se amenazaba la unidad territorial de España.

Además de la indignación que causaba en sectores del Ejército español el poder que estaban tomando los partidos nacionalistas en sus CCAA así como la descentralización promovida desde el Gobierno central a favor de un estado autonómico, también había un problema que molestaba especialmente a altos mandos militares: el terrorismo de ETA.

Solo ese año, hasta el 23-F, la banda terrorista había matado a 5 personas en sendos atentados (un subteniente del Cuerpo Nacional de Policía, 2 empresarios, un ingeniero de la Central Nuclear de Lemóniz y también un etarra asesinado por sus propios compañeros por gastarse en fines personales el dinero obtenido por la banda en un atraco).

Un año antes ETA había asesinado a 93 personas, incluidos numerosos guardias civiles, policías nacionales y varios altos mandos militares.

El discurso del rey Juan Carlos I se produjo a la una y catorce minutos de la madrugada del 24 de Febrero. Vestido con su uniforme de capitán general de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, el monarca ordenó a las autoridades tomar cualquier medida para mantener el orden constitucional.

El Rey se dirigió a la nación para situarse frontalmente contra los militares golpistas y para ordenar al Ejército que defendiera la Constitución de 1978. A partir de su discurso, el golpe de Estado se dio por fracasado.

Este fue el discurso íntegro con el que el monarca emérito se dirigió a los españoles a la 1:14 del día 24 de febrero de 1981:

"Al dirigirme a todos los españoles, con brevedad y concisión, en las circunstancias extraordinarias que en estos momentos estamos viviendo, pido a todos la mayor serenidad y confianza y les hago saber que he cursado a los Capitanes Generales de las Regiones Militares, Zonas Marítimas y Regiones Aéreas la orden siguiente:

Ante la situación creada por los sucesos desarrollados en el Palacio del Congreso y para evitar cualquier posible confusión, confirmo que he ordenado a las Autoridades Civiles y a la Junta de Jefes de Estado Mayor que tomen todas las medidas necesarias para mantener el orden constitucional dentro de la legalidad vigente.

Cualquier medida de carácter militar que en su caso hubiera de tomarse deberá contar con la aprobación de la Junta de Jefes de Estado Mayor.

La Corona, símbolo de la permanencia y unidad de la patria, no puede tolerar en forma alguna acciones o actitudes de personas que pretendan interrumpir por la fuerza el proceso democrático que la Constitución votada por el pueblo español determinó en su día a través de referéndum".

Los tribunales condenenaron a 30 militares y guardias civiles por el golpe de estado. Las penas más duras fueron para los principales cabecillas: Milans del Bosch (30 años), Alfonso Armada (30 años) y Antonio Tejero (30 años). El resto de cargos fueron sentenciados a penas menores.


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