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El arte como significado político, no metafísico

29/01/2010 21:57 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pretendo, por un lado, matizar las conclusiones habituales del relativismo artístico ...

Nos encontramos en un momento histórico en el que está comúnmente aceptada una suerte de relativismo artístico por el cual "cualquier cosa puede ser una obra de arte". Esta concepción parte del hecho de que no existe una esfera objetiva a la que acudir en caso de polémica en torno a un objeto del que hemos de discernir si es arte o no, para concluir que un estado de cosas cualquiera puede ser una obra de arte. El conocido y reconocido crítico norteamericano Arthur C. Danto cuestiona la posición en la que se encuentra la crítica de arte con la siguiente pregunta: "¿Qué significa vivir en un mundo en el que cualquier cosa puede ser una obra de arte?" (Arthur C. Danto, "Arte y significado"). Partiendo del hecho de que hoy las obras de arte ya no se pueden "dar por tácitamente reconocibles y distinguibles de otras cosas", de que eso que las convierte en arte "no es algo visible al ojo", Danto responde a su pregunta argumentando que ser crítico en un mundo en el que cualquier cosa puede ser arte "es inventar una crítica adecuada para un objeto, sea o no una obra de arte (...). Es imaginar lo que el objeto podría significar si fuera el vehículo de una declaración artística".

Aun compartiendo los presupuestos de los que Danto parte para su argumentación, creo que esta respuesta que ofrece entra en abierta contradicción con otra que articula y que localiza la "artisticidad" de una obra en su "significado", donde "significado" se entiende como el contenido de las obras de arte, aquello sobre lo que son y encarnan [ 1 ] . Pretendo, por un lado, matizar las conclusiones habituales del relativismo artístico -estableciendo una comparación con otro relativismo, el moral- y por otro, abocetar el marco de relaciones en el que encuadrar la búsqueda -más bien construcción- del significado de las obras de arte (de cada una), cuya explicitación, afirma Danto, "es tarea de la crítica". Pretendo responder a la pregunta planteada por Danto con la misma respuesta que él articula -que sitúa la "artisticidad" de una obra en su significado-, pero entendiendo éste de una manera completamente distinta, no como algo que está detrás de la obra, sino como algo que hay que construir en una tarea que es grupal.

Para este objetivo, me ayudaré de la guía del filósofo norteamericano Richard Rorty en la medida en que considero que la crítica de arte ha de ser "racional" en el sentido pragmatista del término. A riesgo de adelantarme a mi argumentación, quiero recordar que para los pragmatistas racional "designa un conjunto de virtudes morales" y "significa algo más cercano a civilizado que a metódico" (Richard Rorty, "La ciencia como solidaridad", en: Objetividad, relativismo y verdad ). La elaboración de un concepto de racionalidad así entendida tiene como objetivo inmediato la sustitución de la idea de "verdad" (verdad como correspondencia con los hechos [ 2 ] ) por la de "acuerdo no forzado". Aplicado esto a nuestro terreno, la cuestión sobre el significado de las obras de arte queda desplazada de un plano metafísico (en el que nos veríamos obligados a dar continuas vueltas a la irresoluble cuestión de cómo "la obra encarna su significado", que decía Danto), a un plano, se podría decir, "político", en la medida en que el objetivo de la crítica de arte no sería tanto explicitar el verdadero contenido o significado de la obra de arte, sino más bien conseguir en torno a esa cuestión "una mezcla adecuada de acuerdo no forzoso con desacuerdo tolerante" (R. Rorty) -lo cual es señalado por algunos filósofos como el objetivo de la política-. De ahí el título de este texto, que parafrasea al conocido artículo de John Rawls, "La justicia como equidad política, no metafísica". Se puede negar la posibilidad real de una fundamentación última y definitiva de los derechos humanos y no obstante afirmar la necesidad de la formulación de los mismos, y, consecuentemente, exigir que se establezcan las medidas necesarias para su escrupuloso cumplimiento por parte de todas las personas (más allá de que crean o no en tal carta de derechos). En el mismo sentido, podemos negar categóricamente que exista algo así como una esfera objetiva de valores morales que dé estatuto de Verdad a nuestros valores y no entrar en contradicción con esta creencia cuando nos indignamos moralmente ante las atrocidades cometidas, por ejemplo, por los nazis.

Arte

La creencia en la imposibilidad de la fundamentación última de los propios valores no conlleva necesariamente que uno no los defienda hasta las últimas consecuencias. Simplemente se trata de la convicción de que no existe una esfera objetiva a la que remitirse en el caso de que dos sistemas de valores entren en contradicción, sin que esto nos obligue a una inacción ética, sin que nos impida nuestras reacciones naturales ante lo que privadamente entendemos por inmoral o injusto, y, sobre todo, sin que deslegitime en ningún sentido nuestros valores personales (como se empeñan en afirmar ciertos tutores de la salud moral). Una cosa es que creamos en que nuestros valores no pueden ser demostrados como Verdaderos y otra cosa es que no creamos en ellos. De la misma manera, el hecho de que podamos compartir el relativismo artístico que declara que en principio todo puede ser arte no implica necesariamente que no podamos emitir juicios de valor sobre las obras que contemplamos. Dicho de otro modo, el hecho de que no podamos remitirnos a un criterio único de distinción entre lo que es y lo que no es arte no implica que no podamos exponer con total y absoluta franqueza lo que nosotros consideramos artísticamente "bueno" o "malo", y que, consecuentemente, intentemos convencer de ello a quien podamos. Todo lo contrario. También aquí podemos afirmar la imposibilidad fundamental de demostrar de manera definitiva nuestra concepción privada del arte como la buena o verdadera y, al mismo tiempo, creer en que eso que nos permite "experimentar el milagro del mundo, descubrir la divinidad en el cosmos, y en otro hombre" [ 3 ] o eso que hace "que el mundo no sea habitable solo para los imbéciles" [ 4 ] es verdaderamente arte; eso y no otra cosa .

No puede ser de otra manera. Al fin y al cabo, quienes nos hemos acercado al mundo del arte tenemos nuestros motivos, nuestras convicciones. Cada vez que cruzo la puerta de una galería, ansío vivir algo parecido a lo que experimenté cuando por primera vez tuve delante el retrato que Giacometti hizo de su hermano y que cuelga en las paredes del Museo Guggenheim Bilbao, o a lo que siento con obras de Klee, Mondrian, Magritte, Calder, Hopper, Chema Madoz y tantos otros (entre los que destaca aquélla que me ha enseñado todo lo que sé de arte -y todo lo que ansío-, y que me ha criado entre sus cuadros, ayudándome a comprender las motivaciones de aquel que no desespera en la búsqueda de algo más que lo meramente cotidiano). De la misma manera, cada vez que comienzo a leer un libro, espero encontrar en sus páginas al menos una línea, al menos una palabra, que despierte en mí algo aunque sea lejanamente cercano a lo que me enseñaron mis héroes Camus, Dostoievski, Arlt, Girondo, Kundera, Neruda, Kapuscinski, Calvino y, por qué no decirlo, también Nietzsche, Feyerabend, Lévinas o Patxi Lanceros (quienes me han ayudado a sentir lo que es la filosofía ).


Sobre esta noticia

Autor:
Patriabueno (2 noticias)
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Tutorial
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