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Camino Soria

30/01/2019 20:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

MARIO GARCÉS. EX SECRETARIO DE ESTADO DE SERVICIOS SOCIALES E IGUALDAD

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La cigüeña blanca, que en Castilla es fauna ibérica posada en espadañas, torreones y chopos desmochados, se ha retrasado este mes de enero en Soria. Pero no es cigüeña de fábula de Esopo ni de guía de cazador en la era de la nueva España de La escopeta nacional. Es cigüeña de bebé en pico, de las de verdad.

Tanto se ha retrasado, probablemente damnificada por alguna huelga de controladores aéreos, que llegó el día 4 con la primera niña nacida en el mes en toda la provincia de Soria. Se llama Abril y nació en enero. Nació en invierno, en el mayor invierno demográfico en siglos, que ya es infierno demográfico.

Porque "todo el mundo sabe que es difícil encontrar en la vida un lugar", si hacemos leyenda de la célebre estrofa de Gabinete Caligari en su mítica canción Camino Soria. Tan difícil es que a la cigüeña le costó llegar cuatro días en un año del Señor de 2019.

Si en este país quedase un mínimo de cordura y de aversión a la estupidez y a la mezquindad de la imagen rápida y del Instagram, ya se habría declarado el estado de emergencia y las banderas lucirían a media asta. Porque si morir es un drama, no nacer es un drama al cuadrado. Y así hasta la despoblación final.

Pero no debería haber razones para la queja en un ciudadano que, como yo, vive en la región con mayor esperanza de vida de toda Europa, por encima, incluso, de Japón. Será que el smog sobre Madrid es un experimento químico para postergar la muerte de sus residentes. Y así, entre el Japón del anime y la Soria del Monte de las Ánimas, nos hemos suicidado demográficamente, sin haber siquiera redactado nuestro último testamento colectivo.

El hedonismo, la negación del problema por los poderes públicos, la renuncia a nuestra biología como principio evolutivo nos está condenando como país de modo irremisible. España registró en 2018 el menor número de nacimientos desde 1941, primer año de la serie histórica del INE. En realidad, es posible que no haya habido tan pocos nacimientos desde que Fernando VII dominase las artes del fornicio, que no es lo mismo que el Fortnite.

Leía hace unos días que hay un grupo de activistas, denominados Ginks, que renuncian a la paternidad y a la maternidad por razones ecológicas. Vaya por delante que cada vez que leo la palabra 'activista' mi páncreas se estremece. De oficio, activista. En nombre de alguien como yo que no ha parado en su vida, absténganse de utilizar esa denominación, pues parece que los demás seamos reservistas.

Cierto es que el mundo padece y va a padecer sobrepoblación, acuciada por todo género de tensiones medioambientales. Pero no es menos cierto que, cuando ciudadanos de otros países vengan legítimamente a este país en el futuro en busca de oportunidades, debería haber alguien que les abra la puerta.

Nosotros. O quizá ya no quede nadie. Solo ese sonámbulo, Cesare, de la película El gabinete del doctor Caligari, que se estrenó casualmente hace un siglo. En fin, como la canción, "Voy camino Soria, / ¿tú hacia dónde vas?".


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