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Catarsis

06/11/2014 11:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Necesitamos una catarsis, pero no solo de modos, pactos, leyes, códigos éticos, etc., sino de fondo: una catarsis espiritual y moral a nivel personal

CATARSIS

 

Publicado en Levante, 6 de noviembre de 2014

 

Días difíciles en los que no es fácil distinguir el bien del mal. Ni lo mal hecho de lo hecho tan chapucera e ineptamente que es otro modo de hacer mal. Las noticias se suceden a ritmo de vértigo. No está en nuestra mano, por muy justicieros que queramos ser, distinguir al bueno del malo. Hay tantos condicionamientos y sufrimos tantos desconocimientos que es tarea que excede por completo nuestras fuerzas, incluidos los bigdata donde se guardan las boberías más pintorescas que se nos ocurrieron hacer o decir en un momento de tontuna. No en vano, en el Evangelio, se recoge el imperativo de dejarlo estar, cuando  los campesinos proponen arrancar la cizaña que ha crecido junto al trigo, que ha aparecido sin comerlo ni beberlo: no vaya a ser que junto a la cizaña se extirpe también el trigo. Sólo al final, cuando las mieses estén maduras, se procederá al gran juicio universal, el juicio de Dios; porque el juicio de la historia ya se sabe que lo hacen los vencedores, por lo que es ciertamente una tarea ardua y titánica, a la que se dedican los profesionales del ramo, llegar a una cierta verdad de lo ocurrido, que siempre será escasa y provisional. Más allá no nos resulta posible ni razonable avanzar.

 

Digo todo esto porque hay hartazgo, por un lado; junto a un deseo de venganza, desquites, traiciones, pasiones… Un momento especialmente frondoso para realizar una buena tragedia shakesperiana o, mucho peor, wagneriana. La realidad siempre es más rica que la ficción. Lo que impone cordura y finura. Momentos delicados. Es un alivio, sin embargo, pensar que nuestro carácter sea capaz de asimilar de algún modo todo este revoltijo de trapicheo sinvergonzón con las aventuras y hazañas del pícaro Nicolás, convenientemente aderezadas, en una burbujeante sátira sainetesca, que sirven como aliviadero de la olla a presión en la que se encuentra la sociedad española.

 

No quiero con esto restar importancia al hecho de lo que cotidianamente nos desayunamos, pero tampoco hay que echar ni más leña al fuego ni más basura al estercolero. Las cosas, a mi entender, están funcionando de forma razonable y aceptable, pero hay mucha presión añadida. Hasta tal punto que me parece que se ha formado como un pastiche, una masa amorfa y apachurrada, en el que pagan justos por pecadores; y en el que las descalificaciones, que es cinismo, llenan páginas y páginas de los diarios y de las portadas de los noticiarios. La envidia, los celos, las zancadillas, las pasiones desatadas y desencauzadas, las estratagemas traicioneras, el engaño, la mentira, la venganza y otras fogosidades deshonrosas ponen el resto. ¡Quién se acuerda ya de la ética de mínimos preconizada en la sociedad secularizada! Cómo no sea la del 3%, no se otean otros mínimos. Necesitamos una catarsis, pero no solo de modos, pactos, leyes, códigos éticos, etc., sino de fondo: una catarsis espiritual y moral a nivel personal. Arduo se antoja, pero sin eso tendremos más de lo mismo, porque seguiremos ciegos, sin entender que por mucho que queramos serán los mismos perros con distintos collares. Y no olvidemos el dicho popular: en tiempos de crisis, no hacer mudanza.

 

Pedro López

Grupo de Estudios de Actualidad


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Autor:
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Opinión
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