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Ciudad Victoria, Tamaulipas: Buen fin o mal fin sin descuentos

19/11/2011 13:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Desde temprano se suponía un dia maravilloso de fin de semana por la calle Hidalgo, pero el “Buen Fin” se convirtió en una pesadilla de precios altos

Publicidad engañosa y gente sin dinero deambulando por los comercios, sólo viendo y sumando más tristeza por no poder pagar unos zapatos, un vestido de 600 pesos, un abrigo de mil pesos. El dolor de ver a Victoria empobrecida aumentó al ver gente que sin dedicarse a la mendicidad pedía para pagar un pasaje a casa, casi desmayando de hambre; a muchachos que en el colectivo han empezado a levantar la voz contra situaciones dolorosas que vivimos y que ¿sabe qué? también tuvimos la necesidad de desembolsar un poco de nuestro escasísimo dinero porque su canto nos llegó hasta el alma.

Son las 9 de la mañana y en la Hidalgo -la calle más importante de la todavía hermosa capital de Tamaulipas- las muchachas lavan las banquetas y el agua con jabón que se fuga por los pares de zapatos que caminan buscando ilusiones, algo económico y bonito. Los pocos negocios que decidieron entrar al programa “Buen Fin” -debido a que por orden presidencial había que entregar dinero a los grandes empresarios que mueven la economía- muestran sus cartelones en los aparadores. Los descuentos van desde el 10 hasta el 50 y 70 por ciento, aunque se trata de ropa fuera de temporada y con algunos defectos. Una blusa sencilla y hasta con huellas de polvo tiene un costo original de 400 pesos, y con el 50 por ciento de descuento quedará en los 200 pesos, demasiado dinero. O séase, entiéndase que ellos, los comerciantes nunca pierden, menos por hacerle el favor a la gente.

Hay más policías y soldados en la calle que clientes en los comercios y negocios. Hay más gente en el mercado, buscando los trajes para el desfile que en los comercios afiliados a la Canaco. Más gente con los ambulantes, más gente sin dinero. El colorido de los aparadores con la ropa de moda, todo es muy bonito pero para la gente es como un cuento de hadas: de dónde sacarán dinero para comprar aquellos que no trabajan en gobierno, los asalariados, los de 500 pesos por semana. ¿Es que andarán desnudos? Porque se sabe y se vio que gastar en ropa interior por ejemplo para dama en la Hidalgo significa emplear cerca de mil pesos, cuando un “bra” en la Nueva Primavera cuesta 500 pesos, en Del Sol 250 pesos, un abrigo para el frío mil pesos, y sólo ofrecen el 10 por ciento de descuento en toda la mercancía.

“No se ha parado nadie ha comprar, la gente no tiene dinero, no tenemos dinero más bien. Esta es una ciudad donde el dinero desapareció", dijo una de las muchachas dependientas en una boutique.

En las vitrinas esperan ansiosos los pinos de navidad y todos sus consabidos adornos. Es día de entrega de aguinaldos, pero muy pocos podrán comprarse la ilusión de abundancia y confort, o hacerse tontos porque sólo con ilusiones se sobrevive. Y si se la compran no llegarán al mes de enero con efectivo en sus carteras, por eso muchos dudan frente a los aparadores: entrar o no entrar, endeudarse o no. Cuentan hasta diez, finalmente puede más el miedo a quedarse sin dinero.

“Mejor después, tus zapatos todavía aguantan más. Y la ropa es muy cara, si gasto no completaremos. Mejor vámonos a casa”. Y las caras largas de nuevo. Y la tristeza, profunda tristeza. Lo que causa Don Dinero.

Otra pesadilla para los padres será la compra de juguetes, también con muy poquito descuento, las bicicletas, los juegos, las laptop, porque ahora le piden a Santa cosas carísimas, aunque saben que el horno no está para bollos.

Si es el “Buen Fin” de Calderón. O lo que es lo mismo: mientras unos pocos gozan, muchísimos más sufren las consecuencias de la falta de circulante. La pobreza pues.

Otros ciudadanos como Doña Juanita se salieron a la calle a ver qué encontraban. Con el estómago vacío y caminando en pleno sol de mediodía, la señora de la tercera edad casi desmaya, quiere llegar a casa en la colonia Pedro Sosa pero no trae para el microbús. Para su mala suerte se encuentra con nosotros, que sólo atinamos a darle 10 pesos para que regrese a casa. La rabia crece. Es una mujer ama de casa, quizá abuelita, quizá madre de familia, de apariencia clasemediera, haciendo eso. Pero más tarde se ve algo más: también estudiantes, también profesionistas padeciendo del mismo mal de la pobreza extrema.

El mal fin de semana continúa ya en el micro, de regreso a casa. Dos jóvenes estudiantes, cultos, preparados, educados, recitando, gritando, protestando por la misma situación. Trabajando de la manera que se les ocurre. Su canto es un retrato de la realidad, que si México está en manos de un dictador, que si las madres están tristes, que otras están alegres porque sus hijos les dan dinero, pero malhabido, que si la muerte de Rodolfo Torre quedó impune. La gente tiembla, los admira, se retrata en ellos. Juventud valiente, se necesitan h…vos. Eso solamente. La piel se enchina, algunas lágrimas salen, las muchachas abren los ojos asustadas por la osadía. Aunque la juventud siempre es valiente.

El muchacho de barba al estilo Ché Guevara, otro casi niño, con su tez muy blanca y huellas de una otrora buena posición estiran su mano para recibir la paga por decir la verdad. La gente les da lo poco que lleva, va otra moneda a esa causa. Dicen que irán a la feria a trabajar, que también están en “Face”. Quién sabe si sean una especie de dúo dinámico recitando o cantando como cantan ahora los chicos, platicando las cosas de la vida real. Se tienen que bajar… pero hay algo que punza: culpan a los medios de comunicación, más a la televisión, de esconder la realidad, las verdaderas noticias de un pueblo que se está muriendo de hambre.

El “Buen Fin” se borra en la realidad cotidiana y lo que queda es lo que hay: un “Mal Fin”, en el que los descuentos desde hace rato cambiaron de nombre y se convirtieron en lo que se quiere esconder… en un directo y artero descontón.


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Autor:
El Mundo (4808 noticias)
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Nota de prensa
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