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El clímax de Kamasi Washington

16/05/2018 13:38 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Queremos sacar a Guillem Martínez a ver mundo y a contarlo. Todos los meses hará dos viajes y dos grandes reportajes sobre el terreno. Ayúdanos a sufragar los gastos y sugiérenos temas (info@ctxt.es).

Eric Hobsbawm escribió en sus memorias que el goce supremo consta de tres elementos: el sexo, el jazz y la revolución. Los tres tienen algo en común, su realización perfecta a través de un clímax o explosión. Del sexo no creo que haga falta dar muchas explicaciones. Por su parte, la revolución no despertará la aprobación de todo el mundo, así que mejor dejársela a la gente de espíritu revoltoso. Hablemos entonces de jazz, de su pronunciado componente carnal y sensual. Gracias a su ilimitada expresividad, el jazz conecta con las fuerzas más profundas de la vida. Y cuando los músicos de jazz alcanzan el clímax en el desarrollo de su solo, o en una interpretación colectiva, el resultado es muy parecido a un orgasmo, momento en el que se disuelve el espacio y el tiempo y retrocedemos a una condición puramente sentiente.

Si hay un músico que organice sus solos y arreglos como una búsqueda del clímax, ese es Kamasi Washington. Mi primer artículo sobre jazz en CTXT se lo dediqué a él, intentando compartir y transmitir mi entusiasmo por su figura y su música. El 13 de mayo pasado, por fin, tuve la oportunidad de verlo en directo, en un sitio francamente incómodo, la sala Riviera de Madrid, aguantando con fastidio más de dos horas de pie rodeado de modernos y aficionados al jazz (a los aficionados se nos reconoce a la legua, casi todos hombres, ya entrados en edad, gafosos, mal vestidos y con cara de sabernos la alineación completa de la orquesta de Duke Ellington en 1934).

Kamasi es un fenómeno. El público estaba completamente entregado desde el momento mismo en el que apareció sobre el escenario, con su túnica africana y su turbante rastafari. No quiero imaginarme el calor que debió pasar bajo los focos con aquellos ropajes. El teclista, el excesivo Brandon Coleman, aguantó todo el concierto con un gorro de montaña en solidaridad con el maestro. Washington vino con un grupo reducido: dos baterías (uno de ellos encerrado en una pecera), contrabajo, teclados, trombón y vocalista. Como invitado especial, el papá de Kamasi, que tocó el saxo soprano y la flauta y que recibió una larguísima ovación, supongo que por el mérito de haber concebido a la criatura que allí nos convocaba.

Cuando reúne al grupo al completo el resultado es mucho más brillante

No me andaré por las ramas: creo que Kamasi es mejor compositor y arreglista que instrumentista. Cuando reúne al grupo al completo, con más vientos de los que hubo en la Riviera, más el coro y las cuerdas, el resultado es mucho más brillante, según se aprecia claramente en los dos discos que ha publicado hasta el momento, Epic y Harmony of Difference. En sus condiciones ideales, la música de Washington es una mezcla muy lograda de fuego y aire. En cambio, cuando toca en vivo con su grupo reducido, tratando de calentar el ambiente, sólo queda un fuego demasiado abrasador. El misticismo cósmico se desvanece casi por completo.

Los solos de Kamasi siguen un mismo patrón: un comienzo tranquilo que va convirtiéndose en un frenesí rítmico y melódico, recorriendo las escalas hacia arriba hasta llegar al clímax absoluto en medio del fragor del grupo. Cuando esos clímax se combinan con sus arreglos para gran orquesta, el efecto sobre el oyente es tremendo.

El momento más memorable del concierto fue para mí la interpretación de Truth, el tema final del disco Harmony of Difference, y que en la versión de YouTube que enlazo cuenta con más de un millón de reproducciones, algo insólito en el mundo del jazz. Esa composición es una verdadera joya, un hito en la historia de la música negra, belleza en estado puro. Basándose en la técnica del contrapunto, se van superponiendo los elementos melódicos que se interpretan por separado en los cinco temas anteriores del disco (Desire, Humility, Knowledge, Perspective, e Integrity). Se trata, pues, de una síntesis final en la que se demuestra que las diferencias pueden integrarse armónicamente. Truth tiene una belleza contagiosa y pasajes de grandísima intensidad. Es un manifiesto musical en toda regla. A pesar de la ausencia del coro y las cuerdas, el tema sonó razonablemente bien y Kamasi hizo un solo enorme que enloqueció al respetable (y a quien esto firma).

En fin, si para enganchar a la gente a la religión del jazz es preciso que Kamasi Washington suba la temperatura a tope en la sala, bienvenido sea. Fue una experiencia excitante y divertida. Y, luego, los aficionados gafosos podremos seguir disfrutando de sus discos maravillosos y de esa mezcla de aire y fuego que promete renovar el jazz.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2152 noticias)
Fuente:
ctxt.es
Visitas:
641
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
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