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¡Contrate a un cómico! La difícil relación entre cine y stand up en España

02/12/2020 11:34 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Para cualquier estadounidense en los ochenta, Richard Pryor era una constante en la cartelera. A lo largo de esos diez años, uno podía devorar palomitas mientras disfrutaba del cómico de Illinois en títulos tan diferentes como Superman III, Jo Jo Dancer o No me chilles que no te veo.

Pero Pryor no solo triunfaba como intérprete, sino que seguía rompiéndolo como monologuista: en 1982, su especial titulado Richard Pryor: Live on the Sunset Strip se estrenó en salas, recaudando casi cuarenta millones de dólares. Es el tercer espectáculo de stand up más taquillero de la historia, y ese año entró en el top 20 de la taquilla global del país.

Live on the Sunset Strip es un ejemplo de sincronía entre cinematografía y stand up. Además de su mencionado éxito al distribuirse en salas, su director de fotografía es Haskell Wexler, ganador del Oscar por su trabajo en ¿Quién teme a Virginia Woolf?

Con una oscuridad característica, interrumpida únicamente por ciertos elementos icónicos ? el foco redondo, el traje rojo de Pryor-, es la prueba de que en Estados Unidos el stand up lleva décadas manteniendo una relación estable con su amigo el celuloide, sin necesidad de mencionar la apabullante muestra de estrellas de Hollywood que comenzaron su carrera subidos a un escenario, contando chistes frente a un micrófono.

En esa misma época, los españoles reíamos con comedias como La vaquilla o ¿Qué he hecho yo para merecer esto?, pobladas por actores cómicos tremendamente populares, como Alfredo Landa o Carmen Maura, pero cuyas raíces se encontraban en el teatro, habitual punto de partida para los intérpretes de nuestro país. También contábamos con una buena promoción de humoristas televisivos, artistas curtidos en los escenarios que triunfarían en programas de variedades o especiales de Navidad.

Sería en los noventa cuando muchos de ellos, como Martes y Trece o Chiquito de la Calzada, darían el salto al cine como protagonistas de sus propias comedias. Pero tendríamos que esperar a finales de los noventa o principios de los dos miles, cuando Comedy Central (antigua Paramount Comedy) comienza a producir grabaciones stand up, para ver popularizada esta especialidad americana a través de su canal.

Desde entonces, aunque lejos de disfrutar de proyecciones como las de Pryor, sí hemos tenido contadas apariciones de monologuistas en comedias comerciales, como Dani Rovira, Julián López o Berto Romero. Ahora que parece que los cómicos se han asentado, ¿qué nos impide contar con más humoristas en taquilla?

JJ Vaquero está de enhorabuena. Ni de coña, la película dirigida por Fernando Ayllón que protagoniza junto a otros humoristas como Goyo Jiménez o Carolina Noriega, lleva semanas entre los primeros puestos de la taquilla.

Vaquero, habitual colaborador de El Hormiguero, ahora presentador de Últimos fichajes en Movistar + y de El roast de España en Comedy Central, es uno de los cómicos más conocidos de nuestro país. Su talento llena estadios por toda España y es habitual verle de gira con otros humoristas de primer nivel como Dani Mateo o Raúl Cimas. Su sueño, sin embargo, hacía tiempo que consistía en participar en un largometraje. ¿Cómo es posible que esta sea su primera aparición en el cine?

"Yo pensaba que Rovira lo iba a cambiar de un plumazo, que los directores de casting iban a empezar a contar con nosotros, pero no ha sido así", contesta por teléfono. "Yo sé que muchos de mis seguidores han ido a ver Ni de coña, porque me lo cuentan por redes sociales. Y no quiero ni imaginar los de Goyo, que es mucho más taquillero. Los cómicos de stand up tenemos una potentísima red de difusión de nuestros propios proyectos. Creo que el empuje que le puede dar a una película contar con un monologuista con numerosos seguidores es importante".

Si el Live on the Sunset Strip de Pryor es el tercer especial de comedia más taquillero de todos los tiempos, el Raw de Eddie Murphy sigue siendo el primero, con más de cincuenta millones de dólares de recaudación. Locos de Remate recaudó más de cien millones de dólares en 1980 y Superdetective en Hollywood, trescientos millones en 1984.

Tuviesen mayor o menor capacidad para dar vida a sus personajes, su tirón comercial fue suficiente para que grandes estudios les eligiesen como caras visibles de proyectos millonarios, igual que hacen ahora con otros discípulos directos como el rentabilísimo Kevin Hart. A la hora de contratar a un cómico para una ficción, incluso si el primer criterio de un productor no fuese el talento, la fidelidad de su público, capaz de llenar miles de butacas en pocos días, debería bastar para despertar interés. En nuestro país sigue sin serlo.

Carlos Librado 'Nene' es de los pocos intérpretes que triunfan combinando humor y drama. Conocido por sus papeles en la Trilogía del Batzan o Gigantes, esperando ahora el estreno de Operación Camarón en 2021, recuerda sus inicios con la misma inseguridad que Vaquero.

"En mis primeros castings jamás decía que hacía monólogos, porque no me tomaban en serio", explica Librado. "Más tarde apareció Luis San Narciso, director de casting de Globomedia, quien me llamó a raíz de mis monólogos en El club de la comedia, más o menos en la época en la que Rovira acababa de petarlo. Fue uno de los pocos que apostó por cómicos en su día".

Valeria Ros, además de reventarlo en La lengua moderna y Zapeando, ha pasado por series como Vergüenza o películas como Hacerse mayor y otros problemas. Su experiencia es parecida a la de sus compañeros.

"Yo creo que, además, tiene que ver con los productores. Con el miedo al riesgo. Los cómicos en España somos famosos en un nicho. Fuera de Dani Rovira o Leo Harlem, el resto no somos conocidos. Para que eso cambie, el humorista tiene o que esperar un pelotazo, o hacer televisión generalista. El stand up suele ser muy negro, así que un programa como Zapeando te permite lucirte en un registro que llegue a todos."

La especialización que aparece con las redes sociales crea el fenómeno de nicho del que habla Valeria. Hace veinte años, el artista que se consolidaba en el prime time era casi automáticamente conocido en todo el país. Hoy, con una oferta tan amplia de contenido, en la que los nombres propios se diluyen, los caminos son otros.

YouTube o Twitch permiten generar una comunidad fiel de seguidores sin sufrir las penurias de la televisión, pero ralentizan el proceso por el que se crean auténticos fenómenos para el entretenimiento. El modelo de negocio pasa por obtener el patrocinio de marcas o el apoyo económico de seguidores. Desear que algo tan hermético y hostil como el cine sea tu principal fuente de ingresos es un camino que suena completamente anacrónico. Los cómicos quizá sigan soñando con el cine, pero han dejado de desgastarse presentándose a audiciones.

Si la situación es, por defecto, adversa para el humorista, ¿qué ocurre con las cómicas? Más allá de Silvia Abril y alguna otra cara recurrente, ¿dónde está la nueva generación que vemos en los escenarios? "Faltan mujeres", asegura Valeria, "pero además las cómicas que están en activo tienen que mostrar su talento y moverse." Valeria, que ha dado a luz hace unos días y grabado un especial poco antes de parir -hecho al que le quita mérito-, resulta inspiradora cuando analiza la situación a la que se enfrenta el gremio.

"No puedes vivir esperando una oportunidad. Nos hemos quedado en el círculo vicioso de esperar a que te llamen de Movistar y no hacemos cosas independientes. Pero no un podcast, algo original. Si quieres cambiar el mundo, empieza por cambiar tú la situación. También ocurre que las oportunidades para mujeres en comedia son mucho más críticas. Su primera intervención suele ser de vida o muerte, se la juegan más. No se promueve un crecimiento por parte de la gente que te contrata. En el cine pasa igual, llegaremos cuando confíen en nosotras".

Mirada con perspectiva, la evolución de la presencia de humoristas en nuestras pantallas es positiva. Es cierto que, de vez en cuando, las comedias más taquilleras las protagonizan atractivos actores con unas gafas mal puestas. Pero en general, hay un porcentaje amplio de cómicos de éxito que han aterrizado en el cine. De hecho, los motivos por los que los monologuistas en España no han despegado en popularidad, no recaen únicamente en figuras externas.

De la misma manera que el público, los directores de casting o los productores aún están entendiendo el valor del stand up, es igualmente cierto que muchos cómicos españoles siguen sin alcanzar la creatividad, las técnicas de marketing, el grado de compromiso o la ética laboral de sus homónimos al otro lado del Atlántico. Además, la sensación de comunidad que transmiten equipos creativos en América, como los establecidos en Saturday Night Live o los confeccionados bajo el mando de Judd Apatow, Will Ferrell o Adam Sandler, rara vez es emulada.

"Los cómicos tenemos muy establecido cómo trabajar" confiesa JJ Vaquero, cargado con años de experiencia. "Cuando llegas a vender entradas, creas una dinámica concreta que te permite una seguridad relativa. Pongo un cartel, aquí viene gente a verme pagando diez euros, y ya está. Nadie me toca los huevos, solo tengo que aparecer limpio y no molestar. En el otro terreno, en el de la actuación, tienes que estar pendiente de un teléfono y compites de otra manera. Los monólogos, a la gente que venimos de ser camareros, nos dan una seguridad que el cine no".

Vaquero añade que una de las razones por las que él y muchísimos otros cómicos accedieron al casting de Ni de coña, fue gracias a que su directora era Carolina Noriega, cómica emblemática de nuestro país. Una sólida red de contactos siempre facilita el acceso a nuevos trabajos, igual que ocurre con figuras como Borja Cobeaga y Julián Lopez, acostumbradas a colaborar. Pero en una profesión tan individualista sigue siendo raro ponerse con el networking.

"Los cómicos somos muy vagos", sentencia Valeria Ros. "Estamos acostumbrados a ir a un micro abierto, tomarnos una caña y creer que hemos hecho algo. En Estados Unidos la impresión que recibimos es que están todo el día creando, incluso si no sale".

Por suerte, empiezan a aparecer perfiles como el suyo, hoy con un especial autoproducido a punto de ser publicado, o como el de Nene, ahora reconvertido en guionista de largometrajes: "llevo años dedicándome a escribir, pero ahora acabo de terminar el guion de mi primer largo junto a Iría Parada, Andreu Casanova y Ana Montes. Decidí hacer un máster de guion en la Universidad de Alcalá y profundizar en este aspecto de mi trabajo".

"Un cómico de stand up tiene que ser muy espabilado -que los hay- para escribir cine sin haber adquirido herramientas antes. Pero es cierto que, una vez adquiridas, llevar toda una vida escribiendo chistes es un valor inigualable. Además, el stand up va muy por delante del humor comercial. Chistes que hemos dejado de hacer hace años lo están petando ahora en comedias taquilleras".

Queda una razón más de peso, que probablemente sea decisiva en los próximos años, para entender la ausencia de cómicos de stand up en el cine español. Mientras que la ficción, en esta última década, vive una nueva vida y un periodo de esplendor gracias a la apuesta de plataformas como Netflix o HBO, el entretenimiento no ha sido igualmente bendecido.

Movistar + continúa con una línea de programación similar a la que conocíamos con Canal +. Orange acaba de aterrizar con Los felices veinte, su particular late night conducido por Nacho Vigalondo. Pero hasta que los gigantes no comiencen a pensar en producir entretenimiento, el paradigma no cambiará de manera drástica, el stand up no vivirá ese nuevo empujón que lo equipare con Estados Unidos.

La única luz al final del túnel es, de nuevo, la que muestra Dani Rovira. El cómico malagueño, tras romper hace años un muro con Ocho Apellidos Vascos, se encuentra actualmente centrado en la grabación de Odio, su especial para Netflix. Algo similar a lo que ya consiguió Joaquín Reyes en Una y no más, pero con material inédito y no recopilado. Sencillamente, huele bien. Como decía Richard Pryor cuando hablaba de la cocaína.


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