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Cuba, deuda impagable y enclaustrada en un socialismo ambivalente

22/12/2018 20:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Es la OTAN la que ambiciona convertirse en un gobierno mundial oculto

La Tecla Fértil

 

La trampa está tan fabulosamente escondida que la izquierda no la descubrió, ¿o es que no le importa? La jugada está en que las relaciones de poder no se expresan verticalmente entre las clases sociales, sino horizontalmente entre las mayorías sociales y no hay que ser muy inteligente para entender a quién le puede servir una teoría así. A lo mejor sea por esa razón que estas ideas ocupan un lugar hegemónico en los claustros universitarios, en donde se preparan los militantes de la nueva izquierda.

 

El detalle de que el Poder se manifieste de manera horizontal no es menor, ya que no deja lugar a la clásica división entre dominadores y dominados, en este caso el Poder se presenta en cada individuo, siendo este tanto receptáculo como vehículo de las relaciones de poder, todos seríamos, en teoría, agente y producto del poder. De esta manera, se entiende que el poder se encuentra en todas partes, que lo atraviese todo y sea accesible a todos.

 

Esta visión del Poder, además, no es singular, como podría ser el poder fáctico del Capital, sino que se expresa por medio de una multiplicidad infinita de relaciones que atraviesan la totalidad de la estructura social. Es más, no solo el Poder atraviesa a esas relaciones, sino que… ¡Las constituye! La existencia de esos micropoderes ejercidos en el plano individual del sujeto, actúa a través de pequeñas instancias personales diseminadas a lo ancho de la sociedad, procediendo a través de ésta capa por capa, pliegue por pliegue, según Foucault: “…cuando pienso en la mecánica del poder, pienso en su forma capilar de existencia, en el punto en el que el poder encuentra el núcleo mismo de los individuos, alcanza su cuerpo, se inserta en sus gestos, sus actitudes, sus discursos, su aprendizaje, su vida cotidiana.”

Se trata de la construcción de un relato, porque una vez desarrollado el discurso de la microfísica del poder, este filósofo pasa a una segunda fase en su obra “Vigilar y castigar”, en ella se habla de la sociedad directamente como un “archipiélago carcelario”. Los cuarteles, las fábricas, las escuelas, los supermercados, y todos los escenarios de la vida social, son entendidos como dispositivos de Poder y control. Una persona racional se preguntaría si podemos prescindir de esos escenarios de la vida pública, ya que al mismo tiempo uno se da cuenta que la crítica a quien ejerce el poder, va en dirección de criticar por el mero hecho de existir el poder.

 

Quienes regaron ríos de tinta sobre el fin del Estado deben ir ahora a preguntarle a Trump y a Vladimir Putin, de qué se trata. El retiro del Estado en el mundo neoliberal fue retiro de protección social, de políticas de bienestar. Nunca redujo los ejércitos, los aparatos represivos, los controles de frontera. El fin de los estados era parte de un gran relato que alimentaba un neoliberalismo global.

La globalización realmente existente dio creciente libertad a los flujos del capital financiero y al comercio internacional. Colocó barreras crecientes a los desplazamientos de personas. Nunca se globalizaban los derechos. Cuando unas fronteras se debilitaban (como las internas de Europa) otras se fortalecían (como las de Europa con el resto del mundo). Los desperdicios humanos de la fiesta de la globalización son condenados de la tierra, con condena a muerte en el mar mediterráneo. Lo políticamente correcto y la supuesta universalidad de los derechos humanos tambaleaban ante su evidente falta de concreción. La contradicción se resolvió en una dirección.

Por ahora, momentáneamente. Nada es para siempre. La globalización tal como la conocimos ya no volverá a existir. Viviremos en otro mundo, se vienen otras oscuridades. Habrá otras disputas. Las utopías de igualdad deberán tener la potencia de reinventarse, sin falsas promesas, sin tantas inconsistencias, sin esa inmensidad de desigualdades.

Un lector, llamado Boris Jiménez me escribió a mi correo electrónico y que dejase de escribir bobadas, tengo desde los trece años escribiendo incoherencias, según él. Tengo, todos mis trabajos recopilados en viejos albúmenes de fotos, recortaba y pegaba de una manera mecanizada, un viejo escritor contratado por la Editorial Grijalbo me enseño a subrayar mayúsculas y acentuar en una máquina de la Reuter, a su vez, colocar signos de puntuación.

Mis artículos en los distintos diarios que labore nunca fueron cuestionados, menos mis poesías y relatos. Pero, hoy, contamos con una población inoperante y solo llevan un ropaje de maniquíes, son utilizados por una gendarmería militar y civil, bajo el lema y falsedad de una izquierda. Porque el comunismo y el socialismo quedaron atrás, en esa fase histórica, la cual fue tomada por los paramilitares y narcotráfico para tener una sola oportunidad de sobrevivir, solo busco que tomemos conciencia de una realidad histórica.

La sociedad venezolana en común, dejo entrar a un espectro que nos daño de una manera muy vertical, pero, era el único camino y riesgo que habían tomado los militares para acceder al Poder y controlarlo, ahora nos gobiernan, cuando su lugar es el cuartel y las fronteras, para eso, estudiaron. Para ser custodios de la República y, nosotros ser Repúblicos.

Necesitamos interpretar el mundo para transformarlo. Precisamos entender y debatir la etapa histórica. Para El Club Bilderberg reúne cada año a los representantes del poderreal global. Unos 130 líderes de la más alta élite financiera, empresarial, política, académica y de los medios de comunicación del primer mundo, fundamentalmente de Estados Unidos y Europa. En Bilderberg se discuten y coordinan las políticas que se aplicarán a nivel global y se resuelven diferencias entre los distintos proyectos de dominación global en pugna.

CEO’s y dueños de los principales bancos y corporaciones como Goldman Sachs, Barclays, Lazard, JP Morgan Chase, Rothschild, HSBC, Google, Shell, Exxon, British Petroleum, Bayer, Nestlé, PRISA, Ericsson, Fiat Chrysler, Hewlett Packard, etc. coordinan acciones globales junto a representantes de la alta nobleza europea y los líderes militares de la OTAN y de servicios de inteligencia como la CIA.

 

El número de invitados es bastante representativo de la élite global, si consideramos que de acuerdo al trabajo titulado “Una economía para el 99%”,  solo 8 ultrarricos poseen el equivalente a la riqueza de más del 50% de la población mundial, 3800 millones de personas.  Y el 1% de los más ricos son propietarios de una riqueza mayor a la del 99% restante.

 

A las reuniones anuales del Club Bilderberg, que se realizan con casi nula cobertura periodística, a puertas cerradas, con debates y conclusiones secretas, y con gran contingente de seguridad, se puede asistir solo mediante invitación.

 

Es la OTAN la que ambiciona convertirse en un gobierno mundial oculto capaz de perpetuar el statu quo internacional

La globalización ha multiplicado los contactos entre los seres humanos de culturas diferentes. Pero ese puro contacto no permitió que aumente en nada el conocimiento acerca de esos “otros”. Y cuanto mayor desconocimiento hay sobre personas con las que interactuamos, mayor es temor que sentimos ante sus acciones y potenciales reacciones. Todo musulmán puede ser visto como terrorista, todo colombiano o mexicano como narcotraficante, todo “otro” como peligro. Receta explosiva: coloque varias alteridades, estigmatice, aumente la interacción, impida el conocimiento de esos otros y producirá temor.

Donald Trump y Vladimir Putin, Ya lo expresaron. Jamás serán socialistas o comunistas porque el ejemplo, es Cuba y Venezuela

Así, junto al contacto, el miedo se expandió por el planeta. En más de un caso se convirtió en pánico. Pánico al otro, a esas alteridades presentes e incomprensibles. La globalización no permitió ni permitirá ninguna comprensión. El mercado garantiza el contacto y más contactos. Pero no sabemos la lengua del otro, ni sus creencias ni sus ilusiones ni sus sufrimientos.

El otro está omnipresente y la ignorancia del otro es absoluta. Sólo políticas deliberadas, por parte del Estado y de organizaciones de la sociedad civil, podrían promover la comprensión. Ante la ausencia de esas políticas, o a su fragilidad, ahora ha triunfado la incomprensión. Y por goleada.

Las sociedades centrales están eligiendo para que los gobierne a dirigentes que prometen sacarlos de una excesiva integración, de un libre comercio que suponen perjudicial y de una creciente desigualdad acompañada de discursos llamados “políticamente correctos”. Una inequidad inédita acompañada de una supuesta tolerancia donde todos deberíamos ser iguales. Si vibraba un cosmopolismo con muros, bombardeos, terrorismo y racismo. ¿Por qué no probar sin el cosmopolitismo?

¿Y a qué viene tanta bronca? Las promesas no se han cumplido. Los beneficiarios de la globalización son unos sectores minoritarios a costa de sectores mayoritarios en muchos países. La desigualdad, en especial con la ínfima plutocracia, llegó a niveles exasperantes en estos 35 años del “fin de lo historia”. Una desigualdad que genera sensaciones múltiples. Y que resulta cautivante para amplios sectores. Los desencantados de la teoría del derrame también pueden querer ser gobernados por el dueño de la botella.

Todas las promesas fueron puestas a prueba en los 25 años de la revolución tecnológica que más ha transformado la vida cotidiana. Las redes, la televisión con las noticias del mundo, el turismo y las migraciones han multiplicado la conciencia de contemporaneidad, la conciencia de que convivimos, nos guste o no, con muchos otros en este planeta y en nuestra zona de residencia.

Es que la globalización realmente existente puede ser verificada en cualquier smartphone: con mil millones de usuarios de Facebook de decenas de lenguas diferentes, ¿cuántos de los “amigos” reales son del mismo país y hablan nuestra misma lengua? Las redes permiten una interconexión infinita. Pero no existen las condiciones sociales y culturales para que esa comunicación se lleve a cabo. Sólo estamos conectados “entre nosotros”, quizás con algún cosmopolitismo muy parcial.

Donald Trump y Vladimir Putin, Ya lo expresaron. Jamás serán socialistas o comunistas porque el ejemplo, es Cuba y Venezuela. Su deuda es impagable y es un país arruinado con más de treinta azucareras en desuso y plantaciones de bananas arruinadas por el propio Estado y, los pocos españoles, italianos y franceses que quieren colaborar con la industria del turismo, no encuentran como comenzar a generar estabilidad y riquezas moderadas a la familias cubanas.

 

Recordemos que la caída del Muro de Berlín no fue el primer síntoma de que podía derrumbarse la Unión Soviética. Hubo muchos hechos relevantes, antes y después. Del mismo modo, hay un amplio listado de casos que muestran, con distinto nivel de efectividad, que las naciones y los nacionalismos regresaron a la escena internacional. Muy cierto es que los primeros años del siglo XXI mostraron un resurgimiento de nacionalismo y de intervención del Estado en América del Sur. Pero cuando ese ciclo, conceptualizado por Perry Anderson como una “excepción global”, a veces llamado “populismo” o “nacionalismo” de “izquierda” está llegando a su fin, los nacionalismos pasan a dominar la escena política mundial. Había experiencias por izquierda que no lograban concretarse como el caso griego o el de Podemos en España. Más potente en cambio era el crecimiento de la xenofobia, el nacionalismo y la derecha política en países tan cruciales como Francia y Alemania. Pero el Brexit y Trump son disparos mortales a la globalización

 

Fín de todo.

 

El gran relato de que íbamos rumbo a un mundo cada vez más integrado, con bloques regionales sólidos, donde los estados nacionales irían desapareciendo y serían reemplazados por ciudadanías regionales fue el discurso dominante a fines de los noventa y persistente a inicios del siglo. Se fue apagando en los últimos años. Desde ahora, es un discurso directamente absurdo, sin sentido, desconectado por completo de los sucesos políticos. El mundo en el cual ese gran relato era audible ha dejado de existir.

El triunfo de Donald Trump puso fin al gran relato del mundo integrado. Los nacionalismos pasan a dominar la escena política global. Las sociedades centrales eligen gobernantes que prometen romper lazos y proteger las fronteras. Mientras el mercado y las redes sociales garantizan más contactos, desconocemos la lengua del otro, sus creencias y sus ilusiones. Le tememos. Las elecciones en Estados Unidos pusieron fin al mundo nacido tras la caída del Muro de Berlín, dice Alejandro Grimson.

La globalización llegó a su fin, al menos como la conocimos en los últimos 25 años. La promesa de fabricar la Muralla es apoyada por las masas en países centrales. Al triunfar en los Estados Unidos, ya nada será igual. El mundo que conocimos dejará paso a una nueva etapa histórica. ¿Alguien quería cambiar el mundo? Ahora cambió, para peor. No será peor porque hubiera algo maravilloso en la globalización realmente existente. Aunque parezca increíble, ahora vamos a constatar –como si hiciera falta- que todo siempre puede ser peor.

A partir la caída del Muro de Berlín surgió un gran relato. Uno que venía con la trampa de que se habían acabado los grandes relatos. Se anunció el Fin de la Historia, nada menos. Y también de otros “detalles” que habían expirado: las ideologías, las naciones, los estados, las fronteras. El listado era extenso y la afirmación abrumadora: 1989 no habría una nueva etapa de la historia, sino que dividía el tiempo en simplemente dos. Era una etapa histórica que se negaba a sí misma como tal, como una etapa más, con su inicio y su fin. Pero con el triunfo de Donald Trump sonó su fin. Terminó de una vez y para siempre el “fin de la historia”, el “fin de las naciones” y de las “fronteras”.

El militarismo, ocupa el escenario, nuestras bravuconadas dejaron ese rastro, por nuestras incongruencias. Es el momento de integrarnos en Comunas, despojándonos de las arbitrariedades políticas y económicas, es la última fase del mundo multipolar, ya esto, lo entienden los franceses y los chalecos amarillos. Lo entendió, Nicaragua y Venezuela en el pasado reciente.

Y los de abajo, los que de verdad están oprimidos porque crecen en el infierno que es la lucha de clases, cuando ven a un militante progre van a tener que aprender a reírse del chiste, pero será una risa con dolor, como canta Víctor Heredia en Sobreviviendo: “No quiero ver un día manifestando por la paz en el mundo a los animales, como me reiría ese loco día, ellos manifestándose por la vida y nosotros apenas sobreviviendo

 

Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en El Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, columnista del Aragüeño y coordinador cultural de los diarios La Calle y el Espectador- Valencia. Hora Cero

Todas las promesas fueron puestas a prueba en los 25 años de la revolución tecnológica


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Emiro Vera Suárez (1154 noticias)
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