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Antes de ser deportada, mexicana rememora 22 años de lucha

18/08/2014 18:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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"Quisiera que esto fuera una pesadilla. No me quiero ir", dice Silvia Ocampo, sin fuerzas para retener las lágrimas, al explicar que las autoridades estadounidenses la deportarán el próximo lunes a su México natal.

"Yo quería luchar para que no me echaran (...) pero ahora también quiero tener tranquilidad porque es difícil ir escondiéndose", cuenta a la AFP esta madre de cuatro hijos en su humilde casa de San Diego, ciudad costera del suroeste de Estados Unidos en la que ha vivido los últimos 22 años de forma irregular.

Ocampo cruzó a pie la playa que une la ciudad mexicana de Tijuana con San Diego en 1992, cuando todavía no existía el gigantesco muro fronterizo que se adentra en el Pacífico para contener el flujo de inmigrantes. Con ella iba su esposo, que cargaba en brazos a su primer hijo, un niño de un año y medio.

Como tantos millones de personas que llegan clandestinamente a Estados Unidos, ambos buscaban "una vida mejor" porque "la escasez de trabajo y la economía" de México tenían a su familia ahogada.

Compraron unos permisos de trabajo y obtuvieron un número de seguridad social, que les permitieron labrarse un futuro más próspero y alejado de la inseguridad de Acapulco, la ciudad en la que nacieron (estado de Guerrero, sur).

Sus otros tres hijos, que tienen la nacionalidad estadounidense, crecen a caballo entre las dos culturas.

- Delatada por un conocido -

La "pesadilla" comenzó hace casi seis años, cuando agentes de migración se presentaron en su casa porque un conocido había denunciado que Ocampo hacía papeles falsos para indocumentados, provocando que las autoridades revisaran su estatus legal en el país.

"Fue un compañero de trabajo, un hombre de mi misma colonia de Acapulco, que llevaba tiempo amenazándome para que dejara mi empleo" en un hotel, dice la mujer, sin querer dar más detalles sobre las diferencias con su compatriota.

"He lamentado mucho no haberlo hecho, porque cuando migración vino a mi casa a buscarme encontró a mi esposo y a mi hijo mayor", asegura desconsolada esta mujer de 47 años, cuyo rostro devela una vida difícil.

Los tres se vieron envueltos en un largo y costoso proceso -Ocampo estima que ha pagado más de 15.000 dólares en abogados-, que culminó en la deportación de su marido y su hijo hace tres años. Ella perdió su segunda y última apelación la semana pasada.

La reforma migratoria que el presidente Barack Obama prometió -y que está bloqueada en el Congreso- para abrir la vía a la regularización de los 12 millones de indocumentados en Estados Unidos es "una ilusión", afirma.

- Vuelta a los orígenes -

Ocampo tiene miedo de lo que se encontrará en México, un país que apenas conoce tras más de dos décadas sin pisarlo y donde no tiene casi parientes directos: sus dos hermanos también migraron a San Diego con sus familias hace años.

"Estoy asustada y me siento muy triste. No quisiera pensar en este cambio", explica acongojada.

"Nuestro estado (Guerrero) es el peor (debido a la violencia). Mi madrina me dice que mejor nos quedemos cerca del norte porque allá es difícil, aunque uno haya nacido allí", afirma.

El lunes 25, su marido la estará esperando en Tijuana, lugar en el que se quedó cuando fue deportado para estar cerca de sus tres hijos pequeños, que pueden cruzar legalmente la frontera.

"Lo que hemos pensado con mi esposo es quedarnos allí porque quizás nuestros hijos puedan seguir yendo a la escuela (en Estados Unidos). Me han comentado que hay muchos niños que vienen de Tijuana a estudiar", dice con esperanza.

Al menos, añade, la travesía mereció la pena porque pudo evitar que sus hijos "agarren un mal camino", al permanecer lejos de los grupos criminales que operan en gran parte del territorio mexicano.

"Lo malo es que estos niños se han acostumbrado (a la vida en Estados Unidos) y no quieren cambiar", señala. "(En México) el salario es muy barato, de entre 100 y 150 pesos al día (entre 7, 6 y 11, 5 dólares). Eso aquí lo ganamos en una hora".

Por eso planea llevarse todo lo que pueda a México, desde ropa hasta la nevera, así como el "guardadito" (ahorros) que ha podido acumular en los últimos meses.

"¡Cuánto quisiera yo que la vida fuera diferente!", se lamenta.


Sobre esta noticia

Autor:
Redacción Política (31941 noticias)
Fuente:
AFP
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