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Desencuentros: cuestión de formas

17/09/2018 10:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

A veces somos como un volcán a punto de estallar, y las discusiones son inevitables, pero también necesarias si son constructivas. En la pareja ninguno gana y ninguno pierde con el conflicto

Muchas veces habremos oído decir a un amigo o a una amiga e incluso nos lo habremos planteado nosotros mismos, que algo no va bien en la relación; nos amamos, no hay duda, disfrutamos de nuestros momentos juntos, reímos y el tiempo se hace muy corto cuando hablamos o nos divertimos, pero ante el menor contratiempo, pasamos, sin transición alguna, del cielo al infierno. Y nos convencemos de que esto no puede seguir así, que tiene que cambiar, pero vuelve a suceder como un ciclo incesante e insistente.

Es evidente que el problema no estriba en que la relación esté realmente deteriorada. Porque está el sentirse bien aún el uno con el otro. Más bien, este malestar radica en el no saber manejarse bien en el conflicto en sí. Es decir, no sabemos discutir. Esto es muy desconcertante ya que parece que sólo funciona a ratos. Y podemos pasar de ser absolutamente felices a profundamente angustiados. Y no es por capricho, lógicamente. No se puede estar sereno sentado sobre un volcán del que no se sabe cuando estallará, por muy hermosas que sean las vistas.

Vivimos en una sociedad demasiado estricta y encorsetada; una sociedad mitificada respecto al origen de todos los desencuentros, y que nos empuja a creer y seguir ciegamente los preceptos aprendidos como correctos: las buenas parejas no discuten.

Y claro, surge la angustia, porque esto es un despropósito, nada hay más alejado de la realidad. Compartir vida y tomar decisiones junto a otra persona ya plantea conflictos cotidianos y diferencias de criterios. Lo contrario sería antinatural.

Así que si somos conscientes de que el conflicto en la convivencia es inevitable, estaremos en condiciones ya de aprender a maniobrar con prudencia ante este hecho innegable por naturaleza y evitar por tanto convertir discusiones triviales en peleas más serias. Pues, es verdad que si nos tomamos un momento para pensar en esto, nos daremos cuenta que lo que de verdad daña y deteriora la relación no es la situación conflictiva como tal, sino el mal uso que hacemos de ella.

La plenitud se encuentra en dar y recibir sin miedo

Por ejemplo, podemos observar que nos duele más cómo nos dicen una determinada cosa que la cosa en sí misma dicha. Las palabras pueden convertirse en un arma muy poderosa y destructiva que provoca una traslación espontánea desde el amor al rencor.

Pensamos siempre que todo consiste en ganar o perder, imponerse o ceder, cuando el criterio oportuno debería ser si la solución es más o menos decisiva.

Muchas personas piensan que ceder significa someterse, cuando en realidad, ceder ante la pareja no tiene porqué hacerse desde la sumisión, ni debe. Es más, tal vez sea un síntoma inequívoco de madurez e inteligencia ante una cuestión delicada.

En fin, tenemos que acostumbrarnos a pensar que si deseamos construir un vínculo sólido y sano, no debe haber ganadores ni perdedores, pues siempre, sin excepción alguna, la ganancia o la pérdida después de una discusión es para los dos.

La plenitud se encuentra en dar y recibir sin miedo.

Puedes ampliar la noticia pinchando este link: https://aicragdan.blogspot.com/2018/09/la-distancia-de-los-corazones.html

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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Aicrag (281 noticias)
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