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Eduard Shevardnadze, último ministro de Exteriores de la URSS, muere a los 86 años

07/07/2014 11:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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El último ministro de Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, Eduard Shevardnadze, figura clave en el fin de la Guerra Fría, falleció este lunes a los 86 años, retirado de la política desde su renuncia a la presidencia de Georgia en 2003.

Shevardnadze "falleció hoy a mediodía", indicó a la AFP su asistente Marina Davitashvil. "Llevaba mucho tiempo enfermo" añadió.

Shevardnadze tuvo un papel esencial en la Perestroika, 'reestructuración' lanzada a finales de los años 80 por el líder soviético Mijail Gorbachov con la intención de reformar el anquilosado sistema soviético y que concluyó en 1991 con el desmembramiento de la URSS. Como ministro de Asuntos Exteriores soviético, negoció tratados de desarme nuclear con EEUU y facilitó los procesos de democratización de los países comunistas de Europa del Este, que condujeron a la caída del Muro de Berlín en 1989 y la posterior reunificación de Alemania.

"No creo que la Guerra Fría hubiera podido acabar de forma pacífica sin él [...] Este hombre es un héroe", dijo en el año 2000 James Baker, exsecretario de Estado de EEUU, que pasó largas horas negociando con Shevardnadze.

Su final político fue menos glorioso: tras ser elegido presidente de la Georgia independiente en 1995, tuvo que dimitir en 2003, en plena 'Revolución de las rosas', dejando al país caucásico sumido en la pobreza y al borde del caos.

"Era un hombre muy capaz, de talento, muy abierto para trabajar con todas las capas sociales", declaró Gorbachov a la radio Eco de Moscú.

El presidente ruso, Vladimir Putin, presentó sus "sinceras condolencias a la familia y a su entorno, así como al pueblo de Georgia", tras conocerse la noticia de su fallecimiento.

- Un comunista ejemplar -

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Shevardnadze nació el 25 de enero de 1928 en Mamati, una aldea de Georgia, exrepública soviética de donde también procedía el dictador soviético Josef Stalin.

Se afilió al Partido Comunista a los 20 años y tuvo un ascenso fulgurante. En 1968, fue nombrado ministro del Interior de Georgia y, cuatro años más tarde, primer secretario del PC de esa pequeña República Soviética. Durante ese periodo, condujo tanto una osada campaña contra la corrupción como una implacable represión de la disidencia.

En 1978, llega a Moscú como miembro del Buró Político del PC soviético, al que un año más tarde se sumaría Gorbachov, el integrante más joven de esa todopoderosa instancia. Ambos dirigentes comparten la convicción de que la URSS necesitaba reformas urgentes. Y, cuando en 1985 Gorbachov es elegido secretario general del Partido, confía a Shevardnadze las riendas de la diplomacia soviética.

Su acción reflejó la política de ruptura. Shevardnadze tuvo un papel preponderante en el avance de las negociaciones de desarme nuclear y resistió a las peticiones de intervención soviética para respaldar a los dirigentes de Europa del este ante los movimientos prodemocráticos que acabaron por derribarlos.

En el plano interno, se enfrentó a los ortodoxos que buscaban poner fin a la Perestroika. Renunció a su cargo un año antes de la caída de la URSS, pero volvió a ocuparlo durante un corto periodo en los últimos meses del régimen.

- Un zorro ya no tan hábil -

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Su Georgia natal, entre tanto, se hundía en el caos. Su primer presidente de la era postsoviética, Zviad Gamsajurdia, fue rápidamente derrocado por un golpe de Estado. La guerra civil parecía inevitable y Shevardnadze fue nombrado al frente del Consejo de Estado para tratar precisamente de evitarla.

Su éxito fue parcial: Georgia perdió los territorios prorrusos de Abjasia y Osetia del Sur, pero el resto del país logró mantener su unidad, algo que no entraba en muchas de las previsiones.

En 1995, fue elegido presidente, y sus primeros pasos alimentaron las esperanzas. El país se dotó de una Constitución de estilo occidental y consiguió el respaldo de EEUU y la Unión Europea.

Las tensiones persistían, pero Shevardnadze lograba sortearlas -sorteando incluso dos tentativas de asesinato en 1995 y 1998-, lo cual le valió el apodo de 'viejo zorro'.

En 2000 fue reelegido, pero sus recursos -y las ilusiones que generó su llegada- se agotaban. Sus críticos le acusaron de pactar con clanes mafiosos. La criminalidad y la corrupción tuvieron un veloz ascenso y el Estado, incapaz de asegurar ingresos fiscales, quedó al borde de la bancarrota. El nivel de vida y los servicios públicos se desmoronaron.

En 2003, los fraudes en las elecciones legislativas acabaron con la paciencia de los georgianos, que salieron en masa a la calle para reclamar nuevos comicios. En un primer momento, Shevardnadze se negó a ceder, y concentró tropas cerca de Tiflis. Finalmente aceptó las reivindicaciones y renunció al cargo, en un gesto que le valió algún reconocimiento por haber evitado nuevamente, y esta vez en su país, un baño de sangre.

En sus últimos años, vivía de una pequeña pensión, en una residencia oficial en Tiflis, donde escribió sus memorias. Estaba rodeado de fotos enmarcadas de sus viejos amigos durante sus años de gloria, cuando había contribuido a forjar el destino de Europa.


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Autor:
Redacción Política (31941 noticias)
Fuente:
AFP
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