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El Brexit y el Brexit

18/07/2018 13:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Golpe de realidad. Choque con la realidad. Capitulación ante la realidad. Estas han sido las frases más leídas tras la cadena de dimisiones de tres ministros británicos, incluido el mediático Boris Johnson, en respuesta al borrador del acuerdo que Theresa May planea presentar a la UE en unas semanas. Pero la decisión de Johnson es anecdótica. No es más que una repetición en tono de farsa de su táctica anterior al referéndum: dimitir gesticulando un gran desacuerdo con la esperanza de convertirse en primer ministro en alas de los tabloides y los segmentos euroescépticos de la población y su partido. Como bien saben los jugadores de casino y los brókeres de bolsa, esto se llama "la estrategia de la martingala", que consiste en jugárselo todo al doble o nada con la esperanza de recuperar lo perdido. Ya les avanzo el resultado: No suele funcionar.

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La salida de Johnson y del ministro para el Brexit David Davis es una señal de que el Gobierno británico comienza a definirse

En su despedida, con casi total seguridad su último momento de brillo mediático, el ya exministro de exteriores, el inglés que osó citar en público a Kipling ?ese amigo de las razas inferiores? en un templo de Myanmar ?esa excolonia?, el político de patrimonio privilegiado que visitó las zonas arrasadas por el huracán Irma como quien se va de vacaciones pagadas en la miseria de los demás, que dirían los Sex Pistols, ese cráneo previlegiado, que diría Valle-Inclán, dejó dicho a modo de testamento: "El sueño del Brexit está muriendo". Toque de diana. Fin de la fantasía porque la verdadera importancia de la salida de Johnson y del ministro para el Brexit David Davis ?la versión brit-glam de Ramon Tremosa, y si no se lo creen comparen esto con esto? es que es una señal de que el Gobierno británico comienza ¡por fin! a definirse. Total, no ha tardado nada. Solo 15 meses desde que activó el artículo 50. Un suspiro. Y así hemos pasado del Esperando a Godot al Final de partida. Todo muy beckettiano. Beckett, por cierto, era irlandés, algo que tendrá su gracia, ya verán, cuatro párrafos más abajo.

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¿Pero cuál es esa realidad con la que el Reino Unido va a chocarse? ¿Cuál es esa realidad que hará capitular a los partidarios del Brexit? Para responder a esto me veo obligado a hacer otra pregunta. Allá voy: ¿qué es la realidad?

En los 90, vivíamos el Fin de la Historia (Fukuyama, dixit) entre chistes de Chiquito de la Calzada y capítulos de Friends; un sopor de tranquilidad y complacencia ?y por tanto irreal? solo roto por los puñetazos de Jesús Gil a Caneda. Ahora sabemos, claro, que aquello era un cuento japonés y que las fuerzas históricas seguían su curso. Llegó el 11S y Lo Real nos explotó en la cara. Fue el tiempo del Fin de la ironía (Roger Rosenblatt, dixit) y del "Bienvenidos al desierto de lo real" (Morpheus, dixit). Ahora había caos, guerra, sufrimiento, torturas gubernamentales. Con la crisis económica llegaron, los desahucios, el desempleo, la pobreza. Más realidad. Mucha realidad. Ya no dábamos abasto para tanta realidad como había. Y queríamos más. Como nuevos amantes que descubren el cuerpo del otro. Más economía real, más democracia real (ya).

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Luego resultó que el viejo zorro de Lacan dio en el clavo cuando, al responder a unos estudiantes que le preguntaron qué era Lo Real, contestó "¡Y yo que sé!". Descubrimos que la realidad no era unívoca. Nadie lo articuló mejor que China Miéville en La ciudad y la ciudad, una de las obras maestras de la ciencia ficción reciente, cuya acción transcurría en dos ciudades que resultaban ser la misma, dos ciudades que convivían en el mismo espacio físico pero cuyos habitantes permanecían ajenos a que la mitad de sus vecinos creían vivir en otra. De repente, la realidad era construible y múltiple (Foucault se reía de nosotros desde su tumba). De repente era posible que en un territorio convivieran personas que son/hacen república y otras felices de vivir en una autonomía demediada; personas que creen que separar a los hijos de sus madres es hacer América más grande de nuevo mientras otras se horrorizan; personas que creen que dejar a la deriva un barco de refugiados fortalece a su país mientras otras creen lo contrario.

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Existía otro Brexit, el de las lentas y dolorosas negociaciones con Bruselas, el de las concesiones constantes y las peticiones de prórrogas

El Reino Unido ha vivido en esas dos realidades paralelas durante meses. Se hablaba del "Brexit de Schrodinger" pero es más apto hablar de El Brexit y El Brexit. Existía uno, el de los tabloides y las declaraciones de los políticos tories, en el que solo se cosechaban éxitos; una sucesión de días históricos, de líneas rojas y posturas de fuerza según los cuales la inmigración se pararía en seco, el Tribunal Europeo de Justicia ya no tendría poder en suelo británico, no habría frontera entre las dos Irlandas y el Reino Unido sería ¡por fin! libre para comerciar con quien quisiera. En ese Brexit incluso, ejem, Inglaterra iba a ganar la Copa del Mundo. Luego existía otro Brexit, el de las lentas y dolorosas negociaciones con Bruselas, el de las concesiones constantes y las peticiones de prórrogas que dejaban clara la poca preparación y previsión de sus principales impulsores. Una realidad en la que quedaba claro que para evitar la frontera "dura" en Irlanda, el Reino Unido tendría que permitir a Irlanda del Norte regirse por las leyes europeas partiendo así su soberanía; como los habitantes de La ciudad y la ciudad, los norirlandeses ya no sabrían si estaban fuera de la UE o dentro.

A este periodo de confusión contribuyó que no sucediera nada. No se producía la catástrofe que los partidarios de permanecer en la UE habían anunciado. La economía no crecía a un ritmo bueno, pero eso podía explicarse por el duro invierno que había paralizado al país durante días. La inflación se elevaba a cifras insólitas (la cara que pusimos en casa cuando nos actualizaron el alquiler según el IPC fue la del cuadro de Munch) pero los salarios subían a un ritmo nunca visto y el desempleo descendía a mínimos históricos. Los partidarios del Brexit atribuyeron estos resultados tan positivos a la fuerte caída en la inmigración ?en especial desde la UE?, mientras los demás señalábamos el problema que suponía para el país una reducción en la llegada de maestros, obreros, enfermeros... Pero eso tampoco era una dificultad, al contrario; como dijo un diputado tory, a los jóvenes británicos les podía sentar muy bien una temporadita ganándose un sueldo recolectando la fruta que los europeos del Este ya no vendrían a recoger.

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Es muy poco probable que el Brexit duro termine consumándose

Es cierto que ahora estas dos realidades paralelas están convergiendo. Pero tampoco significa que terminen coincidiendo. Es muy poco probable que el Brexit duro termine consumándose. La revocación del artículo 50 o un nuevo referéndum, aunque con algo más de recorrido, parecen también muy lejanas. Lo que sucederá dependerá de la recepción en Bruselas del libro blanco que el Gobierno británico anda elaborando. En principio, a juzgar por las tres páginas de resumen que se han publicado, la propuesta de Gran Bretaña no debería ser aceptada por la UE. Todavía contiene demasiadas excepciones (libre circulación de bienes, pero no de servicios; jurisdicción selectiva del Tribunal de Justicia Europeo), demasiadas imprecisiones con respecto a la libertad de movimientos y una propuesta para la frontera de Irlanda del Norte que es irreal. Pero la UE bien podría dar su brazo a torcer. A los 26 puede no gustarles el Brexit y lo que supone para la Unión. Puede que, junto con sus dinámicas domésticas, eso les haga optar por una línea dura. Pero tampoco quieren que May se estrelle y entregarle el gobierno en bandeja a Jeremy Corbyn. Por un lado, les entiendo. Corbyn es impredecible (a veces parece estar inaugurando un nuevo tipo de liderazgo horizontal, a veces parece un simple pazguato) y negociar con él podría resultar frustrante. Por otro lado, el historial de la UE a la hora de influir en los procesos electorales de sus miembros es bien conocido: si no que se lo digan a Tsipras, a Berlusconi (para eso Juncker le estrechó la mano durante la campaña electoral) o a Rajoy (para eso levantaron las sanciones millonarias a España por incumplimiento del objetivo del déficit). Así que todo es posible.

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Al final, lo más probable es que esos dos Brexits se superpongan. Dos realidades coexistiendo en un mismo territorio. De forma legal o de facto el Reino Unido permanecerá en la Unión Europea. Los habitantes de un Brexit se aferrarán a la realidad construida por los medios y el gobierno según la cual se habrá cumplido la voluntat d'un poble (Artur Mas, dixit). Los habitantes del otro Brexit se seguirán sintiendo miembros de la UE y viajarán y trabajarán sin problemas bajo sus leyes. Sin voz ni voto en los asuntos europeos, el resultado de esta superposición de estados será una economía herida y la consumación de un proceso de cien años que ha llevado al Reino Unido de superpotencia a poder subalterno.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Tipo:
Reportaje
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