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El narcisismo entre los políticos

14/06/2015 06:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

image El narcisismo es un trastorno psicológico, muy generalizado actualmente, y que está causando verdaderos estragos entre la clase política. Y los políticos narcisistas son especialmente peligrosos porque consideran que están muy por encima de los demás. Y precisamente por esto, están incapacitados para reflexionar y madurar sus decisiones. Y esto les impide descubrir y asumir a tiempo muchos de sus errores. Los políticos que padecen esa anormal inflación del ego, están siempre a la defensiva, y reaccionan invariablemente con una agresividad excesiva cuando se cuestionan sus posiciones o se ponen en evidencia sus equivocaciones.

Según nos cuenta el poeta romano Ovidio en su obra de Las Metamorfosis, el primer caso narcisista de la historia lo protagonizó un apuesto joven, llamado Narciso, que se distinguía precisamente por su extraordinaria belleza. Este personaje mitológico era hijo del dios rio Cefiso y de la ninfa acuática Liriope. A los 16 años, ya despertaba la admiración de hombres y mujeres y destrozaba el corazón de todas las doncellas que le conocían. Pero como era extremadamente vanidoso e insensible a los encantos de los demás, las rechazaba a todas.

Su primera víctima fue la ninfa Eco, que le seguía sigilosamente a través de los bosques cuando Narciso iba de caza. Hasta que un día, éste la descubre y, entonces, Eco sale de entre la maleza con los brazos abiertos y, completamente entregada, intentó abrazar a su amado. Pero Narciso la rechazó de manera altanera, y la pobre ninfa, hundida y desolada, se ocultó en una cueva solitaria, donde terminó consumiéndose de amor hasta que no quedó más que su voz. Además de la ninfa Eco, hubo otras muchas víctimas de tan presuntuoso y despiadado joven. Hasta que un día, una de esas despechadas ninfas, dirigiéndose a los cielos, pidió a Némesis, la diosa de la venganza, que castigara al engreído Narciso, haciendo que experimentara en sí mismo todo el dolor y el sufrimiento que produce el amor cuando no es debidamente correspondido.

La diosa Némesis escuchó esa plegaria. Y un buen día de verano, en plena jornada de caza, Narciso decide acercarse a una fuente para mitigar su sed. Y al inclinarse para beber, se ve a sí mismo reflejado sobre el agua pura y cristalina. Fascinado por la belleza de la imagen que le devuelve el agua, se enamora de ella y trata inútilmente de besarla y abrazarla. Se olvida de todo, menos de ese amor imposible y permanece allí inmóvil y absorto, contemplándose a sí mismo. Y cuando se da cuenta que ese amor es imposible, trata entonces de apartarse de su imagen, de dejar de amarse. Y al no lograrlo, se suicida y su cuerpo se convierte en una flor.

Aunque Narciso no es nada más que un personaje mitológico y literario, creado tal vez para aleccionar moralmente a los adolescentes griegos de aquella época, siempre ha habido narcisistas enamorados de sí mismos, que son muy meticulosos con su apariencia y se olvidan, cómo no, de sus propios sentimientos. El egoísmo les ciega y los incapacita sicológicamente para actuar con dignidad y con total rectitud. Y si son políticos, se envanecen aún más, teatralizan todas sus actuaciones y, aunque no venga a cuento, buscan continuamente la lisonja, la adulación y el halago.

Entre los políticos hay efectivamente muchos narcisistas que, encerrados en su mundo particular, sienten un hambre insaciable de reconocimiento y, por eso, tratan siempre de deslumbrar a quienes le rodean. Como viven exclusivamente para sí, ni se interesan por las demás personas, ni ven jamás en ellas valor humano alguno. Es tal el trauma psicológico que padecen que están totalmente incapacitados para reflexionar con serenidad y valorar el alcance de los hechos que se producen a su alrededor. Piensan, eso sí, que siempre tienen razón y, por lo que deben aceptarse todas sus afirmaciones sin rechistar.

Los políticos narcisistas, no escuchan a nadie, carecen de humanidad y, por lo tanto, viven continuamente de espaldas a la realidad. Son tan neuróticos y arrogantes como el Narciso de la leyenda mitológica. Y cuando adquieren ciertas cotas de poder, se vuelven triunfalistas y, para que nadie les haga sombra ni eclipse la supuesta grandiosidad de su imagen, se rodean de personas inferiores y, a ser posible, que sean dúctiles y proclives al servilismo y al agasajo. Son tan altaneros que, cuando pierden apoyos dentro del partido y nadie les hace caso, reaccionan casi siempre de la misma manera, marchando y fundando otro partido.

Es paradigmático el caso de la UCD (Unión de Centro Democrático), liderada por Adolfo Suarez. Y algunos de los barones más significados de este partido, que estaban claramente aquejados de narcisismo, trataban de imponerse y de obligar a que los demás asumieran sus ideas sin rechistar. El mismo Suarez se empeñaba en ejercer el mando en solitario, sin influjo alguno ni del partido, ni de sus barones más significados. Y como ninguno de estos quería renunciar a su correspondiente cuota de poder, mantenían todos ellos continuos y duros enfrentamientos con el cabeza visible de la formación política.

La UCD, es verdad, ganó las elecciones de marzo de 1979. Pero como se formó el Gobierno sin reparto alguno de poder, aumento aún más la animosidad contra el presidente Adolfo Suarez, que actuaba, según decían, como un "chusquero de la política". Pero las broncas y los incesables conflictos internos pusieron fin a la ya débil convivencia, provocando así la desbandada de líderes y el desmantelamiento inevitable del partido. El 29 de enero de 1981, es verdad, se produce la dimisión irrevocable de Suarez como presidente del Gobierno, pero ya no hay manera de detener la crisis que ha estallado en las filas de la UCD.

El primero en dar la espantada fue Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, y se integra en Alianza Popular en febrero de 1982, donde intentará llegar a la presidencia. Un mes más tarde, es Francisco Fernández Ordoñez el que, con otros diez diputados del sector socialdemócrata, abandona la nave y funda el Partido de Acción Democrática. Unos meses más tarde, el mismo Adolfo Suarez hace lo que el capitán Araña, abandona a su gente en la UCD, y crea otro nuevo partido, el Centro Democrático y Social (CDS), un partido que no tuvo nunca una gran significación política. Tampoco Antonio Garrigues Walker quiso ser menos y, juntando a antiguos miembros liberales de la UCD, funda el Partido Demócrata Liberal. Ejemplos tan llamativos y escandalosos como en la UCD, los encontramos, cómo no, en el PSOE y en el Partido Popular.

En el PSOE, es significativo el caso de Rosa Diez que, desde que se restauró la democracia, la encontrábamos siempre en cargos de relevancia política. Y en el año 2000, durante la celebración del 35º congreso del partido, compitió con José Luis Rodríguez Zapatero, José Bono y Matilde Fernández para hacerse con la Secretaría General del PSOE. Perdió por goleada y, como fue incapaz de digerir la derrota, terminó abandonando el PSOE, fundando, en colaboración con otros, el partido Unión, Progreso y Democracia (UPyD). En el PSOE, puede repetirse hoy día la misma o parecida historia con Beatriz Talegón. Ha tenido sus más y sus menos con la dirección actual, y ya ha lanzado la amenaza de abandonar el partido y apoyar seguidamente la creación de otra nueva formación política.

En el Partido Popular ocurrió algo parecido con Francisco Álvarez Cascos. Durante muchos años, Cascos fue un referente para los afiliados del partido, primero en Asturias y, después, a nivel nacional. Ocupó siempre cargos de enorme responsabilidad. Ejerció el cargo de secretario general "todopoderoso" desde el Congreso de la refundación de 1989, hasta el Congreso de enero de 1999. Las discrepancias serias con la dirección del partido, comenzaron en junio de 2008 en el famoso congreso de Valencia. El antiguo secretario general, que participaba como compromisario, presentó una enmienda a la ponencia política, defendiendo que el partido continuara inspirándose en los principios liberales y en el humanismo cristiano. Pero hubo una contraprogramación de su enmienda y terminaron dando al partido la consideración de "centro reformista".

La ruptura total del ex vicepresidente Álvarez Cascos con el partido se produjo el 30 de diciembre de 2010, cuando el Comité Electoral Nacional confirmó a Isabel Pérez Espinosa como número uno en la lista del Partido Popular para las elecciones autonómicas del 22 de mayo de 2011. Francisco Álvarez Cascos, que deseaba aterrizar en Asturias con ánimos de revancha, se había ofrecido para ocupar ese puesto. Y al verse excluido, monta en cólera, se da de baja en el partido y comienza inmediatamente a organizar Foro Asturias para poder concurrir a las elecciones de mayo y causar así el mayor daño posible al Partido Popular.

Y es justamente el narcisismo lo que ha llevado a los líderes mesiánicos de los dos partidos emergentes, Podemos y Ciudadanos, a presentarse, cada uno a su modo, como la única tabla de salvación que le queda a España. El "otro" Pablo Iglesias, el líder de Podemos, pertenece a la extrema izquierda y, pese a sus coqueteos con el régimen de los Ayatolás de Irán, pretende colonizarnos con el chavismo bolivariano más absurdo, que ha hundido en la miseria al pueblo venezolano. En cuanto a Albert Rivera, el líder de Ciudadanos, no es posible saber de qué lado está vuelto, ya que unas veces se presenta como consumado socialdemócrata y, cuando menos lo esperas, aparece como militante del centroderecha más clásico.

El discurso populista del preboste máximo de Podemos cambia constantemente, como las veletas en lo alto de las torres. Se desayuna con uno y lo rebate y adopta otro nuevo durante la comida que, como mucho, le dura hasta la hora de la cena. Exige encarecidamente, eso sí, que se le respete escrupulosamente, que es algo que no hace él con las personas que piensan de modo diferente, a las que, en el mejor de los casos tilda de "corruptas" y de ·gentuza. ·A veces trata de disimular su radicalismo bolivariano, pero es tan prosaico y le gusta tanto la pasta, que termina siempre confesando su filiación chavista.

A Albert Rivera le pierde su personalismo. Y es relativamente muy frecuente que lo que dice, diste mucho de lo que realmente hace y quiere estar siempre en la procesión y repicando las campanas. Se empeñó en que fuera su fotografía la que encabezaba en toda España la propaganda para las pasadas elecciones autonómicas y municipales, en vez de los candidatos de cada Comunidad o Municipio. Hasta la decisión más nimia de su partido tiene que llevar su visto bueno.

Sin que nadie se lo haya pedido, el propio Albert Rivera se constituyo en el justicia mayor del reino o en el guardián máximo de la ética y de la moral pública. Y piensa, faltaría más, que solamente puede confiarse la regeneración de la vida pública, a los que han nacido después de la restauración democrática. Su manifiesto narcisismo no le deja ver que, la juventud no implica, sin más, honestidad, ni la madurez corrupción.

Rivera se ha vuelto demasiado exigente con las demás formaciones políticas y fustiga despiadadamente a sus dirigentes hasta por la más mínima sombra de corrupción. Se olvida de Jordi Cañas, el que fuera secretario de comunicación de ciudadanos, que fue imputado por el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña por fraude fiscal. Jordi Cañas, es verdad, dejó su escaño en el Parlamento catalán. Pero Ciudadanos lo recoloca como asesor de su eurodiputado Juan Carlos Girauta, alegando que no está imputado por corrupción, sino por un tema meramente personal. La diferencia está, cómo no, en que Jordi Cañas no es del Partido Popular.

Barrillos de Las Arrimadas, 10 de junio de 2015

José Luis Valladares Fernández


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Autor:
Valla (105 noticias)
Fuente:
joseluisvalladares.blogspot.com
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