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Erdogan, podrá salvar financieramente a EE. UU y Venezuela

05/01/2019 02:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Otra tendencia es la "flexibilidad" del Derecho en determinados ámbitos,

La Tecla Fertil

En el actual mundo sumamente complejo y cambiante en el que vivimos, un semejante fenómeno de impotencia parece abatirse sobre el Derecho Ciudadano, donde la ausencia de unos principios, parece generar una especie de miedo a lo desconocido, tanto en legisladores como en legislados, de perniciosos efectos prácticos. Vivimos en un mundo globalizado, donde hay una tendencia incansable a la proliferación de disposiciones de carácter comercial que traen obligaciones a las empresas y operadores económicos de fácil y muy difícil manejo, como cumplimiento, donde los regímenes de sanciones económicas lucen desproporcionadas y severísimas, pero, el pueblo no tiene entrada, porque el régimen militar controla todo el aparato productivo y, coordina 12 gobernaciones.

Una de las tendencias de la producción legal de hoy en día es una inacabable proliferación de disposiciones de un carácter, a su vez, sumamente prolijo y casuístico. Tal tendencia se pone de manifiesto, a título de ejemplo, en el llamado Reglamento General de Protección de Datos de la Unión Europea, en vigor desde 25 de mayo de este mismo año. Sobre la base del mundo globalizado y tecnológico en que vivimos, el referido Reglamento, en sus 99 artículos, que ocupan 88 páginas en su publicación en el Diario Oficial de la Unión Europea, intenta reglamentar hasta el mínimo detalle la referida materia, creando una extensa y compleja red de obligaciones para empresas y operadores económicos de muy difícil manejo y cumplimiento. Por si esto fuera poco, incluye, además, un régimen de sanciones económicas severísimo y a todas luces desproporcionado.

Otra tendencia es la "flexibilidad" del Derecho en determinados ámbitos, lo que hace referencia a la amplitud del precepto para albergar conductas variadas, para prescribir un imperativo no demasiado concreto, sino que admita cierta variación o diversas formas de cumplimiento, perfilando un contenido no rígido sino variable. Este fenómeno, que en principio podría decantarse en el sentido de conceder un mayor margen de autonomía, se concreta más bien, en nuestro país, en un alto grado de inseguridad jurídica e incertidumbre legal, especialmente cuando afecta a ámbitos normativos de marcado carácter tuitivo y punitivo. Uno de los ejemplos más acabados de esta tendencia en nuestra legislación es el de la Ley de comercio, auténtico catálogo de ambigüedades y conceptos jurídicos indeterminados en otro tiempo inadmisible en el ámbito de una norma eminentemente sancionadora. Es decir, cada comerciante, hace lo que bien le parece o da ganas de fomentar, como es el alza de precios y contribuir con la inflación.

En otro término, el soft law. El concepto de soft law, nacido en el ámbito del Derecho Internacional, se refiere a todos aquellos actos que carecen de eficacia normativa y que son dictados por organismos, ya tengan éstos poder normativo o no, como recomendaciones, guías, códigos, estándares de conducta o instrumentos similares. Algo parecido es también frecuente en nuestro Derecho interno, en la forma argumentativa, para las empresas cotizadas, criterios expresados en consultas vinculantes por la Dirección General de Tributos a los contribuyentes, etc. El carácter no expresamente normativo de este pseudo-Derecho o, emanado no obstante de organismos supervisores dotados de una gran autoridad, contribuye a generar no poca perplejidad y angustia en los agentes económicos.

En el ámbito empresarial, el resultado general de fenómenos y tendencias como los que tratamos en este artículo es lastrar el dinamismo y efectividad de las sociedades en la persecución de sus objetivos, así como propagar una sensación generalizada de inseguridad jurídica que, inútilmente, pretende resolverse con un cruce interminable de extensísimos y complejísimos contratos y acuerdos entre ellas, con los que tratan de salvar su responsabilidad y asegurar la de sus proveedores, asociados y clientes en interminables procesos de negociación y con una ciertamente dudosa efectividad práctica.

En Latinoamérica, nadie quiere comprender algunas cosas y más sí es eficien o no, todo se lo tiran an al presidente, Nicolás Maduro Moros. La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea se convertirá en un caos. Las tensiones comerciales aumentarán después de que el presidente Donald Trump dispare unos cuantos tweets nocturnos. Un par de cadenas de High Street irán a la quiebra, un banco italiano tendrá problemas y la UE multará a Facebook, Amazon o Apple con miles de millones de euros. Hay muchas cosas que ya sabemos que sucederán en 2019, y los inversores ya se las han tomado en serio.

Sumado a esto, el bloqueo económico a Venezuela. Pero, no es guerra, los militares tienen el sesenta (60%), de responsabilidad en la hiperinflación venezolana y las alcabalas son puntos de atracos a la sociedad venezolana de a pie y, cuyos buses son detenidos para quitarles los alimentos adquiridos en territorio nacional.

Pero, ¿cuáles son los verdaderos cisnes negros, los acontecimientos en los que nadie está pensando, pero que realmente van a sacudir los mercados en los próximos doce meses? Trump podría ceder el puesto a su vicepresidente, Daimler podría fusionarse con Volkswagen, Emmanuel Macron podría lanzar un franco paralelo, los gigantes de la tecnología podrían empezar a consolidarse y los Verdes podrían tomar el poder en Berlín. Cualquiera de estos acontecimientos supondría un cambio importante en las reglas del juego, y pillaría a casi todo el mundo con la guardia baja.

Cada año se producen al menos un par de curvas, hechos que no estaban en el radar de nadie, pero que tienen el poder de remodelar industrias o economías. Nadie esperaba que un movimiento de protesta de derecha/izquierda hiciera convulsionar a Francia, que Sainsbury's se fusionara con Asda, que las criptodivisas colapsaran en valor, o que Carlos Ghosn, el jefe de Renault-Nissan, fuera arrestado en Japón, lo que desencadenaría en la posible ruptura de la alianza más grande y poderosa de la industria automotriz. Entonces, ¿qué podría estar merodeando bajo la superficie para sorprendernos a todos en 2019?

Por supuesto, hay muchas otras cosas que podrían sorprendernos en 2019. Reino Unido podría decidir cancelar Brexit. El Congreso Nacional Africano podría perder poder en Sudáfrica. El nuevo presidente radical de Brasil, Jair Bolsonaro, podría finalmente ser capaz de desbloquear el potencial económico de ese vasto país, mientras que los inversores podrían descubrir finalmente a Polonia, el primer país en convertirse en un mercado desarrollado en una sola generación. De lo único que podemos estar seguros es de que sucederán muchas cosas, y muy pocas de ellas habrán sido previstas por nadie.

La contratación seriada o en masa es un fenómeno jurídico-económico que suele presentarse en las relaciones de los particulares con las grandes corporaciones, fuertemente vinculado al propio tránsito de la sociedad de las personas a la sociedad de las masas.

Su existencia descansa en la optimización de los recursos existentes a la hora de formalizar y atender la demanda, por parte de millones de usuarios, de ciertos bienes producidos a gran escala (como son el suministro de electricidad, los seguros o los servicios bancarios).

Una circunstancia que, como ya advirtió el filósofo italiano Luigi Ferri en su obra La autonomía privada, cristaliza en la estandarización de una gran parte de las transacciones económicas realizadas por el cada vez más atomizado individuo moderno, transformando su clásica posición de "contraparte" en la de mero "adherente", sometido al diktat de su par.

Debe aclararse que esta estructura contractual es ajustada a Derecho siempre que sea transparente. Precisamente por ello, es la falta de información precontractual en este tipo de relaciones lo que constituye una de sus sombras. Y es, en esta tesitura, donde nace la excesiva conflictividad que se ha planteado últimamente entre las empresas y los consumidores, conllevando la práctica universalización del carácter abusivo de cualquier cláusula alojada en este tipo de contratos, así como su posterior eliminación.

Ciertamente, es un asunto que suscita gran polémica, por lo que merece una reflexión racional, jurídica y justa, alejada de tentaciones maniqueas. Especialmente, en una situación como la actual, que propende, inexorablemente, hacia el revisionismo indiscriminado de las relaciones entre sujetos privados, obviándose la vocación de ley que las estipulaciones pactadas han de tener entre las partes. Una tendencia peligrosa, que amenaza con la quiebra del principio de seguridad jurídica, uno de los pilares sobre los que ha de asentarse el Estado de derecho.

Por ello, debe también recordarse, casi como un complemento sustantivo a lo expresado, la perentoria necesidad de que la población sea acreedora de una mayor cultura financiera y negociadora, amén de un espíritu más crítico en la acepción más proactiva de la palabra, superándose de este modo el tradicional ritual previo a la celebración de estos contratos, iniciado con el célebre "firme aquí y allí", que antecede, como preludio, a la inmediata suscripción de la rúbrica, operada por el interesado con cierto automatismo. Transparencia, sí. Un ideal al que todo ciudadano, tiene derecho. Pero también el deber de ejercitarlo.

Hay que revisar la entrega de bonos y el destino que se les da.

Las últimas semanas de Paulo Carreño al frente de ProMéxico -lo más parecido a un ICEX mexicano- deberían transcurrir con la tranquilidad que da el trabajo bien hecho: la captación de inversión durante el mandato del expresidente mexicano Peña Nieto batió récords. Sin embargo, prima la incertidumbre después de que Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el nuevo presidente, haya amenazado con suprimir esta institución.  Por allí, de manera irónica aparece su imagen en un video, burlándose del hambre de los venezolanos, al no responder, como corresponde a los periodistas internacionales.

La caída oscilante de la moneda turca y, el deterioro de las condiciones financieras dan crédito, al menos para algunas personas, a la idea de que "una crisis es algo que no se debe nunca desperdiciar". Sospecho que muchos responsables políticos occidentales, en particular, no están del todo descontentos con la difícil situación de Turquía.

Para veteranos observadores económicos, los problemas de Turquía son casi un caso de libro de texto de un fracaso de los mercados emergentes. Después de todo, estamos en enero, y ya en la década de 1990, apenas se podía pasar un solo año sin que se produjera algún tipo de crisis financiera en los días de verano.

Pero lo que es más importante, Turquía tiene un gran y persistente déficit por cuenta corriente, y un líder beligerante que no se da cuenta -o se niega a reconocer- que sus políticas económicas populistas son insostenibles, ahora quiere firmar pactos económicos con Venezuela.

El liderazgo del presidente turco Recep Tayyip Erdogan complicará las cosas

Además, Turquía depende cada vez más de los inversores extranjeros (y probablemente también de algunos inversores nacionales ricos).

El país debe endurecer drásticamente su política monetaria interna, reducir el endeudamiento externo y prepararse para la probabilidad de una verdadera recesión económica, durante la cual el ahorro interno tendrá que ser reconstruido lentamente

Dados estos factores de lenta gestación, los mercados han asumido durante mucho tiempo que Turquía se dirigía hacia una crisis monetaria. De hecho, esas preocupaciones eran generalizadas ya en el otoño de 2013, . En ese momento, los mercados empezaban a temer que la normalización de la política monetaria y el fin de la flexibilización cuantitativa en los Estados Unidos tendrían consecuencias nefastas a nivel mundial. La lira turca ha estado coqueteando con el desastre desde entonces.

Erdogan se ha ido apoderando de poderes constitucionales, reduciendo los del Parlamento y socavando la independencia de la política monetaria y fiscal. Y para colmo, parece estar deleitándose en una creciente disputa con la Administración del presidente estadounidense Donald Trump por el reciente encarcelamiento de un pastor estadounidense en Turquía y la compra de un sistema ruso de defensa con misiles S-400.

Este es un cóctel peligroso para el líder de una economía emergente, particularmente cuando los propios Estados Unidos se han embarcado en una expansión fiscal al estilo de Ronald Reagan que ha empujado a la Reserva Federal de los EEUU a subir los tipos de interés más rápido de lo que lo habría hecho de otro modo. Dada la improbabilidad de que surja alguna fuente externa de financiación, Erdogan tendrá que dar marcha atrás en algunas de sus políticas poco ortodoxas. Mi suposición es que veremos un retorno a una política monetaria más convencional, y posiblemente a un nuevo marco de política fiscal.

En cuanto a la influencia de Turquía en la crisis actual, vale la pena recordar que el país tiene una población grande y joven, y por lo tanto el potencial para crecer en una economía mucho más grande en el futuro. También goza de una posición geográfica privilegiada en la encrucijada de Europa, Oriente Medio y Asia Central, lo que significa que muchos de los principales actores tienen interés en garantizar su estabilidad. De hecho, muchos europeos todavía tienen la esperanza de que Turquía acepte el capitalismo al estilo occidental, a pesar del daño que Erdogan ha hecho a la candidatura de adhesión del país a la Unión Europea.

En cuanto a China, aunque no querrá desaprovechar la oportunidad de aumentar su influencia con respecto a Turquía, no es el estilo del país entrar en una situación tan volátil, y mucho menos asumir la responsabilidad de resolver el problema.

Entre las potencias regionales, a veces se menciona a Rusia como un salvador potencial para Turquía. No cabe duda de que al presidente ruso Vladimir Putin le encantaría aprovechar la crisis de Turquía para alejarla aún más de sus aliados de la OTAN. Pero Erdogan y sus asesores estarían profundamente equivocados al pensar que Rusia puede llenar el vacío financiero de Turquía. Una intervención del Kremlin haría poco por Turquía, y probablemente exacerbaría los propios retos financieros y económicos de Rusia.

Los otros dos posibles patrocinadores son Qatar y, por supuesto, China. Pero, aunque Qatar, uno de los aliados más cercanos de Turquía en el Golfo, ha anunciado esta semana inversiones, en última instancia no tiene los medios para sacar a Turquía de su crisis por sí sola.

En cuanto a China, aunque no querrá desaprovechar la oportunidad de aumentar su influencia con respecto a Turquía, no es el estilo del país entrar en una situación tan volátil, y mucho menos asumir la responsabilidad de resolver el problema. El resultado más probable -como estamos viendo en Grecia- es que China desencadenará a sus empresas para que busquen oportunidades de inversión después de que se asiente el conflicto.

Eso significa que la salvación económica de Turquía reside en sus aliados occidentales convencionales: Estados Unidos y la UE (especialmente Francia y Alemania). El 13 de agosto, un portavoz de la Casa Blanca confirmó que la Administración Trump está observando "muy de cerca" la respuesta del mercado financiero a la crisis de Turquía. Lo último que Trump quiere es una economía mundial que se desmorona y un repunte masivo del dólar, que podría descarrilar sus ambiciones económicas nacionales. Así que un clásico entendimiento característico de la escuela Trump está probablemente disponible para Erdogan, si él está dispuesto a venir a la mesa de negociaciones.

Asimismo, algunos de los bancos más grandes y frágiles de Europa tienen una exposición significativa a Turquía. Si se combina esto con la actual crisis política sobre la migración, se tiene el camino allanado hacia una mayor desestabilización dentro de la UE. Yo, por mi parte, no puedo imaginar que los líderes europeos se queden sentados sin hacer nada mientras Turquía implosiona en su frontera.

A pesar de su retórica creciente, Erdogan puede que pronto se dé cuenta de que no tiene más remedio que abandonar su política aislacionista y antagonista de los últimos años. Si lo hace, muchos inversores podrían mirar hacia atrás el año que viene y desear haber conseguido unas pocas liras cuando tuvieron la oportunidad.

Ahora, Venezuela luce como un gran aliado. Financiero y comercial, ojala, no tengamos una descapitalización, más severa.

Llevamos meses buscando explicaciones racionales a la corrección de los mercados desde el pasado agosto. Y parece que el consenso de economistas y estrategas han concluido que dicha corrección anticipa, fundamentalmente, una nueva desaceleración (o incluso recesión) de la economía mundial, al estilo del 2008-2009.

Como indicadores preferidos casi todo el mundo cita al petróleo, las incertidumbres sobre el cambio de modelo económico chino y el riesgo de que Estados Unidos entre en una nueva recesión. Con todo, las bolsas (y algunos mercados de materias primas) parece que están sobre reaccionando, traspasando la frontera tenue que delimita el pesimismo del pánico.

Y lo curioso es que siendo el petróleo el indicador menos adecuado para anticipar tales males (las crisis económicas suelen venir precedidas de fuertes repuntes en los precios del petróleo y de las materias primas, no lo contrario, acuérdense de 2007), creo que es la principal razón de las correcciones de las bolsas. Pero no por lo que nos transmiten gran parte de los economistas y "gurús" de la industria financiera.

Una vez más hay que buscar explicaciones fuera del consenso de mercado. Nuestra sensación es que las bolsas globales se están viendo presionadas por un anormal flujo de ventas, más allá de los factores de riesgo comentados. Hay elementos técnicos que tampoco ayudan (e incluso acrecientan la volatilidad, expresión que ya usan habitualmente hasta los empleados del taxi bursátil).

Lo que sí sabemos es que las bolsas entran en tendencia bajista desde verano pasado, pocas semanas después de que el petróleo tocara máximos de 2015. Lo que lleva a pensar que fue entonces cuando se inició este proceso tan simple de "hacer caja". Otro indicador de esta probable realidad es la no discriminación o sincronización entre mercados.

Normalmente, la bajada del petróleo tiene una correlación inversa con las bolsas de países muy consumidores, que no se ha producido esta vez. Y el remate a esta tesis es el sector bancario. El de peor comportamiento desde inicio de año y, curiosamente, donde más presencia tienen estos fondos soberanos (fueron los compradores de último recurso en los rescates de la banca, en 2009- 2017 y años sucesivos). Lo malo es la dificultad de determinar cuándo se detendrá este evidente flujo vendedor. Lo bueno es que, sin duda, los mercados están sobre reaccionando por motivos extraordinarios.

Con todo, si los presupuestos de este año están elaborados sobre la base de un petróleo en torno a los 40/60 dólares, parece que esta referencia puede ser muy válida. Por eso, si el petróleo iniciara una nueva corrección a la baja, nos temeríamos lo peor (mayores ventas). Probablemente, el pesimismo de los mercados acabaría trasladándose a la economía real. Y lo que hasta ahora no parece previsible, es decir, que entremos en un periodo de desaceleración o incluso recesión global, acabe llegando por puro contagio. No es nuestro escenario, ni mucho menos, pero convendrá estar atentos. Es el caso de la desaparición de la banca, como contrapartida en momentos de exageración de la bolsa, por simples motivos regulatorios. O el creciente uso de modelos de control de riesgos (semiautomáticos) que, buscando reducir el riesgo de los fondos de inversión, acaban acrecentando el problema. Lo que popularmente llamamos ir por detrás del mercado, o simple efecto bola de nieve. Pero creemos que el factor más disruptivo de la crisis bursátil es el masivo proceso de venta efectuado por los fondos soberanos de países productores de petróleo, desde el verano pasado.

El ordenamiento financiero, debe ser permeable a las nuevas demandas sociales es una evidencia constatable, pues es este uno de sus fundamentos. Por lo anterior, y en pro de prevenir futuros conflictos, quizá sea el momento de enfrentarse a este asunto con una mayor predisposición, dotando al ideal de transparencia de un estatuto revestido de una tutela cualificada, al menos en fenómenos como la contratación en masa, consiguiendo que el Derecho no se quede por detrás de los hechos. No pretenden ser estas líneas un tributo formalista a dicho principio.

El país debe endurecer drásticamente su política monetaria interna,


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Emiro Vera Suárez (1152 noticias)
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