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Eslinda Núñez: con dos que se quieren

07/01/2011 19:58 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Amaury Pérez Vidal es una persona con un carisma tan especial que hay que quererlo como sea. He leído está entrevista que le hizo en su programa de TV a la primerísima actriz cubana Eslinda Núñez y..

Amaury, Eslinda, Solís y Yamil (camarógrafo) en "Con 2 que se quieran". Foto: PetíAmaury Pérez Vidal es una persona con un carisma tan especial que hay que quererlo como sea. He leído está entrevista que le hizo en su programa de TV a la primerísima actriz cubana Eslinda Núñez y me gustaría que los amigos de Facebook, Twetter y Akerunoticias pasaran unos momentos tan placenteros como los que he disfrutado leyéndola. Aquí la tienen con fotos y todo –las fotos son de Petí, la compañera de Amaury- que tomé de CUBADEBATE, gracias a la colaboración del periodista Miguel Fernández.

Amaury. Muy buenas noches. Estamos en Con 2 que se quieran, aquí en el corazón de Centro Habana, en Prado y Trocadero, en el barrio de Lezama Lima, en los legendarios Estudios de Sonido del ICAIC.

Hoy nos acompaña una bellísima mujer, una excelsa actriz de cine, teatro y televisión y además ella ha sido otras cosas, ya nos irá contando. Mi querida y entrañable amiga, admirada, Eslinda Núñez.

Tú naciste en Santa Clara, ¿cómo es la Santa Clara de tu niñez?

Eslinda. Mira, Santa Clara es una ciudad que yo quiero mucho, una ciudad que mucha gente me dice: ¡ay, pero no tiene mar!, no tiene esto, pero tiene a su gente que son gentes maravillosas. Son gentes muy emprendedoras, personas que les gusta leer, trabajar, adornar, adornar la vida. Mi mamá es una mujer que es un ejemplo. Mi mamá murió, pero siempre fue un ejemplo de lo que era una villaclareña para mí.

Amaury. ¿Cómo era tu mamá? Cuéntame de ella.

Eslinda. Bueno, mira, mami era una mujer para mí extraordinaria. Una mujer que no tenía cultura, pero de una inteligencia natural fantástica. Me ayudó mucho en la vida, fue, quizás ella y mi padre, los dos, fueron muy exigentes conmigo, conmigo y con mi hermano. Pero yo hoy en día agradezco esa exigencia, aprendí a ser exigente también, por eso, con mi hijo, con mi familia, porque me parece que por un lado hay que acariciar y por el otro hay que apretar también la mano con los hijos.

Y entonces mi mamá era así, una mujer muy tierna, una mujer que todo lo sabía hacer. Era alegre. Cocinaba como una diosa.

Amaury. ¿Heredaste eso?

Eslinda. Sí, sí, me encanta la cocina. Era una mujer que aunque no tenía dinero, tú siempre veías que ella pintaba su casa todos los años, aunque fuera de cal, con aceites y tunas, no sé, pero siempre la casa estaba resplandeciente. Y además, era una mujer muy alegre, le gustaba mucho salir, ir a comer a la calle, ir al cine, al teatro.

Amaury. ¿Y tú, cómo eras de niña? Tienes que haber sido una niña muy bonita, porque eres una mujer muy bonita.

Eslinda. No, no, no.

Amaury. ¿Cómo es eso? ¿Cómo uno se pone bonito? Entonces tengo esperanzas. (risas)

Eslinda. Mira, yo era la vergüenza de mi madre, porque en aquella época todas las niñas debían ser gorditas, hermosas y yo era flaca, muy flaca, con unos ojos enormes y un pelo grandísimo. Entonces mi mamá decía que yo era ojo y pelo nada más.

Fui una niña bastante tranquila, creo yo, mi madre decía que no, pero yo creo haber sido bastante tranquila. Siempre fui más adulta de mi edad, tenía un yo bastante fuerte. Me gustaba mucho hacer lo que hacen los niños.

Amaury. ¿Y eras estudiosa, sacabas buenas notas?

Eslinda. Era normal, sacaba notas normales. Con la matemática siempre tuve problemas. Con español siempre 100.

Amaury. A los Capricornios les pasa eso con las matemáticas. La matemática no entra de ninguna forma. ¿Y tú conociste a Manolito Herrera en Santa Clara?

Eslinda. En Santa Clara. Manolo, bueno…

Amaury. Manolito Herrera su esposo, un gran director de cine. Ustedes lo conocen, es el esposo de Eslinda Núñez, el esposo de toda la vida.

Eslinda. Sí, de toda la vida. Lo conocí y me hice novia de él muy joven, muy joven, a los 14 años. Fue una experiencia muy bonita. Lo que sucede es que en un momento determinado me creó un terror, porque de buenas a primeras Manolo empieza a trabajar con Titón en la película aquella, La Batalla de Santa Clara, como un séptimo u octavo asistente de dirección. (risas)

Amaury. También muy jovencito Manolito en esa época.

Eslinda. Sí, claro, porque él tenía un Cine Club en el Pre, ahí fue donde nos conocimos.

Amaury. O sea, el cine los unió también de alguna manera.

Eslinda. De cierta forma.

Amaury. Ya tú no eras la muchacha, en esa época, que eras pelo y ojos nada más, porque Manolito también es un hombre guapo.

Eslinda Bueno, pues me hice novia de hasta los 16 años, en que ya él estaba trabajando en La Habana, porque le habían ofrecido, después de haber trabajado en La batalla de Santa Clara, le ofrecieron trabajar, y él, ni corto ni perezoso dijo que sí, pero no pensó en mí, entonces yo monté en cólera, aquello fue terrible y entonces le dije que si no nos casábamos en dos meses, aquello se acababa.

Amaury. O tú te suicidabas o una cosa así.

Eslinda. No, no, no.

Amaury. No llegó a tanto, ¿no?.

Eslinda. No, no, pero sí se me pareció que… era como Los paraguas de Cherburgo, cada semana que iba a Santa Clara a verme, nos despedíamos en el portal con unos llantos horribles. Entonces yo dije: ¡esto no puede seguir!

Amaury. Se casaron, vienen para La Habana, Manolito sigue en el ICAIC, eso le corresponderá contarlo a Manolito en su entrevista, cuando llegue el momento. Pero tú tienes una relación todavía muy entrañable con Santa Clara, vas todos los años a Festivales de Cine allí. ¿Y cuál es la relación que tú tienes con Sagua?

Eslinda. En Sagua viví los primeros años de mi vida, viví una etapa de primaria, por ejemplo, creo que de segundo a quinto grado, cuarto grado.

Amaury. ¿Y por qué? Si vivías en Santa Clara, ¿por qué?

Eslinda. Porque mi padre se trasladó a Sagua a trabajar y entonces nos mudamos todos con él.

Amaury. ¿Y la niña que pintaba y que después ya en la Habana llega hasta exponer en la Plaza de la Catedral? ¿Dónde quedó esa pintora?

Eslinda. Bueno, mira, es en Sagua justamente que yo comienzo a pintar, era como una especie de obsesión por la pintura. Yo a veces interactuaba con todas esas cosas que yo pintaba. Entonces iba creando como historias, y en vez de escribirlas, lo que hacía era pintarlas. Y pienso que ahí empecé a actuar.

Amaury. ¿Qué cosas pintabas?

Eslinda. Historias, como novelas.

Amaury. ¿Pero te hubiera gustado dedicarte a la pintura de manera profesional? ¿Alguna vez pensaste…?

Eslinda. …Pensaba, pensaba, sí, pensaba seriamente. Como mis padres no querían que yo fuera actriz, esa era una de las cosas que más me gustaba, pues entonces pensaba que podía ser pintora.

Amaury. Sí, hubiéramos, a lo mejor, ganado una gran pintora y hubiéramos perdido una gran actriz. ¿Quién sabe? Son decisiones que uno toma en la vida. Pero también escribes.

Eslinda. Bueno, escribía.

Amaury. ¿Ya no escribes?

Eslinda. Muy poco. Hace mucho tiempo estuve tratando de escribir una cosa para la televisión, una historia sobre la vida de varias mujeres en un momento muy importante y, nada, nunca lo he concretado, nunca lo he seguido.

Amaury. ¿Pero por falta de tiempo o por una real falta de vocación?

Eslinda. Eso no lo sé, Amaury, eso cualquier día lo descubro (risas). Cualquier día lo voy a descubrir, porque en cualquier momento me voy a poner a escribir, seguro.

Amaury. Es que hay gente que dice: yo no tengo vocación para esto o aquello… Y sí la tiene, lo que no tiene muchas veces es el tiempo o el esfuerzo para hacerlo, es lo que suele ocurrir. ¿Y cuándo es que tú llegas a la Academia de Teatro Estudio? ¿Qué cosa era la Academia?, porque yo conozco el Grupo Teatro Estudio, pero la Academia Teatro Estudio.

Eslinda. Mira, esta era una pequeña Academia que había en Neptuno y Campanario y ahí, bueno, estudiábamos un grupo de…, o sea, ahí yo fui presentada a Vicente Revuelta, me hizo una prueba, me aprobó para entrar a sus clases.

Amaury. ¿Quién te entusiasmó para que fueras a hacer la prueba?

Eslinda. Bueno, me entusiasmó Manolo, Humberto Solás, Nelson Rodríguez y otros amigos. Entonces me presenté a la prueba, Vicente me aprobó y comencé mis clases, que para mí fue descubrir un mundo extraordinario porque aquello era como una especie de iglesia, donde cuando entrábamos, sabíamos cuando entrábamos, pero no cuándo salíamos. Y era un lugar tan serio, tan hermoso, donde yo me sentía que podía ser plenamente yo de verdad porque quizás en mi vida personal era una muchacha muy tímida, sumamente tímida. Todo me daba miedo y sin embargo, cuando me subía a un escenario hacía las cosas más increíbles que nadie podía imaginar, lo que la gente no podía imaginar, yo lo hacía.

Y con una pasión y con una veracidad y con una organicidad que yo decía: pero es que esto lo he hecho yo toda mi vida, lo he estado pensando, lo he estado haciendo en mis actuaciones en la escuela y todas esas cosas, ¿no?. Lo que pasa es que no sabía que tenían un nombre, que era el método Stanislavski, yo, por supuesto, hacía todos los ejercicios, el ejercicio de la soledad, el “sí mágico”, todas las cosas de Stanislavski, pero para la gente era una cosa muy…

Algunos compañeros míos me decían que le resultaba un poco complejo, que no sabían qué hacer con las manos, las primeras clases, ¿tú sabes? y para mí, aquello era estar como en mi casa. El escenario era algo extraordinario, me soltaba y disfruté mucho toda aquella etapa.

Amaury. ¿Quiénes eran tus maestros allí?

Eslinda. Bueno, tuve la suerte de contar con Vicente Revuelta, Raquel Revuelta, Ernestina Linares.

Amaury. ¡Madre mía!

Eslinda. Después, de ahí pasé a un grupo que escogió Julio Matas, el profesor Julio Matas.

Amaury. ¿Eso fue en Casa de las Américas, no?

Eslinda. En la Casa de las Américas, pasamos a la Casa de las Américas, y nos presentamos al público en la sala Las Máscaras. Fue una cosa de júbilo, porque descubrí que aquello era lo mío, realmente.

Amaury. Después pasas al Teatro Musical de La Habana, ¿Qué cosa fue el Teatro Musical de La Habana?

Eslinda. Mira, ese fue un gran momento en el Teatro Cubano, porque Alfonso Arau, que era el director del Teatro Musical.

Amaury. Mexicano.

Eslinda. Un actor y director mexicano, quería hacer de nosotros actores integrales. Quería que bailáramos, que cantáramos, que tocáramos un instrumento. Que lo mismo bailáramos folclor que ballet y por eso tuvimos una Academia bien fuerte. Entrábamos ahí por la mañana, a las 7 y tanto de la mañana y salíamos por la noche.

Amaury. ¿Con qué músicos compartían allí?

Eslinda. Leo Brower, Tony Taño y bueno, el Conjunto Folclórico Nacional nos daba clases también. Zoila Gálvez nos daba canto.

(sigue leyendo…)

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Sobre esta noticia

Autor:
Raysa White (49 noticias)
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Tipo:
Entrevista
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