Con estas contundentes declaraciones, el presidente Mariano Rajoy intentaba el jueves pasado ahuyentar el fantasma de una posible intervención de la economía española, después de que la presión de los mercados sobre el gobierno de Madrid se haya intensificado en las últimas semanas.
Pero pese a los mensajes de tranquilidad lanzados por Rajoy y los miembros de su gabinete, los inversores han continuado con su asedio a España, haciendo que el pasado viernes la prima de riesgo -que equivale al sobreprecio exigido a los bonos a españoles a 10 años frente a los alemanes- se mantuviera por encima de la cota psicológica de los 400 puntos.
Y este lunes, la apertura de las bolsas europeas trajo más malas noticias: la prima de riesgo de España tocó un nuevo techo con 440 puntos. El bono de la deuda pública española a diez años alcanzó una rentabilidad del 6, 1 %.

El viernes, la Bolsa de Madrid había cerrado su peor semana en lo que va de año, situándose en niveles de marzo de 2009, cuando el IBEX 35, su principal indicador, marcó su registro más bajo desde que estalló la crisis financiera.
En este contexto -con unos mercados de deuda que parecen estar perdiendo la confianza en Madrid, una economía en recesión, un desempleo desbocado y un sistema financiero que atraviesa una situación crítica- son muchos, dentro y fuera de España, los que se plantean si a Madrid no le quedará otra opción que pedir ser rescatado por sus socios europeos y el Fondo Monetario Internacional (FMI), como ya hicieron Grecia, Irlanda y Portugal.
"En lo que llevamos de crisis, que ya son varios años, muchas de las medidas que se han tomado no han hecho más que pasar el problema hacia adelante y ha faltado decisión para acabar con el problema de raíz", asegura María Guadalupe, profesora de economía de la escuela de negocios de la Universidad de Columbia, en EE.UU.