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Feliz aniversario

24/07/2019 18:46 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La infidelidad implica en gran parte de los casos un drama personal de gran trascendencia

Un viernes más de poker con los viejos amigos de siempre, cuatro cervezas sobre la mesa y unas cuantas chucherías para picar. Les gustaba ir a ese garito no por la partida en sí, a la que apenas prestaban atención. Les gustaba el antro por las chicas, por las minifaldas que lucían dejando ver sus jóvenes y largas piernas.

Era una manera de sentirse jóvenes ellos también, aunque fuera pagando por un amor de sólo una noche; un romance de sueño adolescente que ya no podrían tener de otra manera.

Mi marido era uno de ellos, ese barrigón por quien vestí de blanco y juré amor eterno frente al altar, a mis padres y a ese cura rechoncho y putero de don Mariano.

Cuando me acuerdo de ello, me parece divertido. Pero a un tiempo lo detesto; reniego de ese momento y de todos los que vinieron después.

Desperté temprano esa mañana, la de nuestro aniversario. Como todos los días, él salió muy temprano de casa para ir al trabajo. La idea de sorprenderlo en su oficina invadió mi mente, decidí regalarle un poco de amor oral, de ese que tanto pedía y yo nunca le daba.

Pero mis planes cambiaron pronto, supongo que cuando vi al fondo del pasillo una cara desconocida que mezclaba sus labios con los labios de él.

Era una pelirroja de piernas divinas, se despedía de mi esposo; un beso en la mejilla hubiera sido suficiente, pensé. Me avergüenza decir que la seguí, pero no pude evitarlo, cientos de preguntas sin respuesta revoloteaban ansiosas en mi cabeza.

Un apego ansioso define a las personas más temerosas al rechazo, perfiles con escaso control de los impulsos

¿Quién era ella? ¿Desde cuándo se veían? ¿Qué tenía en contra de los vestidos con escote discreto? ¿Por qué me estaba haciendo esto? Al llegar a su apartamento, no lo dudé y llamé a su puerta. Aún me sonrojo al recordarlo. 

Un millar de bofetadas en esa cara pecosa no iban a ser suficientes para aliviar este alma hecha pedazos que ella me había dejado.

Había arruinado mi vida, no lo dudé, la cosa no iba a quedar así. No recuerdo cuanto tiempo pasó, estaba sin aliento, con la imaginación vacía y cansada por las torturas creativas que había utilizado en ella. He de reconocer que era extraordinaria, tanto que, creo haberle escuchado reír mientras mis manos robaban su vida. Por cortesía yo también le sonreí.

Disfruté cada segundo viendo como su fuerza vital desaparecía, pero aun no me parecía suficiente. Mi locura se dilató y abrió nuevos modos de saciar mi venganza, y de pronto, la inyección de adrenalina desapareció de mi cuerpo. Salí de allí orgullosa de mi hazaña, me fui a casa y me cambié de ropa, me vestí para él. Después de todo era nuestro aniversario. Volví al apartamento de ella.

No habían sido los celos, tal vez sí la insatisfacción que sentía con mi vida. Fuera lo que fuese, la sangre que se amontonaba en sus ojos paralizados se reflejaba ahora en los míos. Me puse una copa de vino blanco seco y frío que ella había puesto en una cubitera, mi esposo estaba por llegar a la cita que rompía sus votos de fidelidad.

Me recosté sobre el sofá negro de cuero que estaba frente a la puerta de entrada, a esperar su llegada, mi corazón galopaba al paso de los segundos que las manecillas de un viejo reloj de carrillón marcaba, mis nervios se agotaban, ¿Y si me había precipitado? ¿Y si estaba equivocada? Ese podría haber sido un final feliz, cuando de pronto él se atrevió a cruzar esa puerta y sus ojos se toparon con los míos en lugar de los de su amante.

Irónicamente se atrevió a intentar la sonrisa más encantadora.

Yo sólo pude decirle: “¡Feliz aniversario, cariño!”, antes de descerrajarle un tiro.


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Aicrag (285 noticias)
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