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Fragilidad del imperio chino

17/04/2019 20:23 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

China quiere ser la próxima superpotencia mundial pero no lo va a lograr

 Por: James Gorrie

La Gran Época, Estados Unidos

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Policías paramilitares en la Plaza de Tiananmen, afuera de la Ciudad Prohibida, que fue la residencia imperial durante las dinastías Ming y Qing. (Foto: Feng Li / Getty Images)

China debería ser llamada por lo que es: no una “república democrática” o un país normal, sino más bien un “imperio”.

Es cierto que es un imperio regional, pero todavía controla a personas de diferentes nacionalidades y grupos étnicos, que hablan diferentes idiomas. Esto sin tener en cuenta las tensiones que existen en regiones como el Tíbet o Xinjiang, donde la población se opone a la dominación de la etnia china Han.

El gran plan de Xi Jinping

Seguramente China tiene la intención de convertirse en un imperio mundial. Para ello, en primer lugar, debe sustituir a los Estados Unidos, algo que ha estado intentando  desde hace algún tiempo. Pero a pesar de los acuerdos monetarios bilaterales, las alianzas globales con grandes multinacionales y el enorme mercado interno, el líder chino Xi Jinping y el Partido Comunista Chino (PCCh) pueden haberse dado cuenta de que crear un imperio económico mundial es más complicado de lo que imaginaban.

Hay muchas razones detrás de ello. Por un lado, a pocas personas les gustaría vivir en un mundo en el que China tenga la última palabra, mucho menos al ciudadano chino promedio. Puede que Rusia sea la excepción, pero no sería un apoyo importante. China imagina un imperio construido sobre la base de la conquista económica, no en conquistas militares, tampoco en la cooperación y las relaciones mutuamente beneficiosas. Para estar seguros, simplemente pregúnteles a los socios comerciales regionales de China, o vea cómo trata el PCCh a su propia gente.

Por el contrario, el ‘Imperio Americano’ generalmente no se construyó sobre la base de la represión o la conquista. Más bien, en principio, es un sistema en el que los socios comerciales se benefician económicamente y en seguridad por su relación con los Estados Unidos. Por supuesto que hay excepciones, pero en general el sistema mundial dominado por los EE.UU. es diferente de todos los imperios del pasado.

Por supuesto, no todo el mundo ama el escenario actual, pero ¿a quién le gustaría sustituirlo por uno en el que el PCCh domine?

El Imperio del Mal 2.0

En “casa” el PCCh ya ha construido un imperio maligno.

Creado siguiendo el modelo de la Unión Soviética, el régimen chino, con la ayuda de Occidente, ha pasado de ser un brutal estado comunista totalitario a convertirse en un brutal estado fascista totalitario controlado por el Partido Comunista. Las empresas comerciales están fuertemente controladas y a menudo son de propiedad estatal, aunque la propiedad privada está al menos parcialmente “garantizada” por las leyes del país. Toda la prensa está controlada, los ciudadanos son vigilados, la disidencia reprimida con violencia, el encarcelamiento y la tortura, mientras que la libertad de expresión sólo existe en las formas aprobadas por el PCCh.

En la provincia occidental de Xinjiang, por ejemplo, unos 2 millones de musulmanes uigures están actualmente detenidos, han sido separados de sus familias, torturados, privados de su libertad religiosa y sometidos al llamado proceso de “reeducación”, además de ser utilizados como conejillos de indias para experimentación humana. Ser uigur es literalmente un crimen contra el Estado. Pero esto no termina ahí: todos los que practican la disciplina espiritual llamada Falun Gong y los que profesan cualquier forma de cristianismo o budismo no aprobado por el Partido también son perseguidos.

Por supuesto, esto no significa que la gente que vive en China sea intrínsecamente mala, o que no sean lo suficientemente inteligentes para construir un imperio global. De hecho, China es el líder mundial en los campos de la inteligencia artificial, la aeronáutica hipersónica y la bioingeniería, por nombrar sólo algunos. La antigua cultura china tiene mucho que ofrecer al mundo, pero décadas de gobierno del PCCh han erosionado la sensibilidad de los chinos: la sabiduría milenaria del confucianismo ha sido barrida por la Revolución Cultural. Dicho esto, la imagen del joven valientemente de pie frente a una columna de tanques, tomada en 1989 cerca de la plaza de Tiananmen, debería recordarnos a toda la buena gente que vive en China.

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La famosa foto del hombre del tanque de la Plaza de Tiananmen. Imagen icónica de la oposición pacífica al brutal régimen comunista chino (Foto: Jeff Widener, Associated Press).

La represión aumenta: ¿es un signo de fuerza o de miedo?

Como resultado de la brutalidad antes mencionada, el primer obstáculo que Xi Jinping y el Partido Comunista Chino tienen que enfrentar para transformar a China en la principal superpotencia mundial es la creciente insatisfacción con el PCCh por parte de la propia población china. Insatisfacción que se manifiesta de diferentes maneras.

Por ejemplo, la reacción de Xi ante los aranceles estadounidenses ha sido reforzar el control sobre la economía nacional, lo que ha convertido a muchas empresas privadas sanas en empresas estatales corruptas e ineficientes que están condenadas al fracaso. Con esta medida, Xi ha fortalecido su liderazgo dentro del Partido, pero también ha dañado el sector empresarial y la productividad.

En términos sencillos, una recesión económica privaría al PCCh de cualquier legitimidad. De hecho, el crecimiento económico es el principal medio que da legitimidad al gobierno del PCCh desde 1989. Sin embargo, con una economía en problemas debido a las políticas comerciales de Trump, así como por el enorme despilfarro público, la campaña anticorrupción y la crisis de la deuda, Xi Jinping está consciente de que corre el riesgo de ser repudiado por el pueblo chino y de enfrentarse al crecimiento de las presiones separatistas en diferentes regiones.

Una efímera estabilidad política

Aunque el objetivo principal de Xi es la estabilidad política, la apropiación de un gran número de empresas privadas productivas sin el correspondiente crecimiento económico sólo puede proporcionar un beneficio temporal. A medida que aumenta el “robo del Estado” y la economía se estanca o incluso se contrae, es de esperar que aumenten los problemas sociales.

Seguramente Xi es consciente de ello, lo que explicaría por qué está aumentando la represión y el castigo hacia los disidentes, está trasladando a muchos chinos a la provincia de Xinjiang y al Tíbet, y sigue aumentando el presupuesto para la seguridad interna.

La verdad es que el Partido Comunista Chino ha acumulado demasiadas fechorías, y ahora Xi es el hombre a cargo, aunque en realidad no es directamente responsable de décadas de brutalidad, contaminación y mala gestión económica.

Los insólitos grados de contaminación del aire, el agua y la tierra se encuentran en niveles críticos en toda China. Las decenas de millones de personas que han perdido sus puestos de trabajo se ven excluidos de los beneficios sociales, no existe un sistema adecuado de asistencia social para los trabajadores de más edad, y la corrupción endémica y el fracaso de las empresas estatales sólo pueden aumentar la insatisfacción política y la inestabilidad.

Si consideramos también los aranceles impuestos por Trump y la posibilidad de que China pierda muchas de sus relaciones comerciales con los Estados Unidos, Europa y Japón, es evidente que la situación podría deteriorarse rápidamente. Es posible que China se enfrente pronto a una grave crisis económica, la primera de su magnitud después de la década de 1970. Ese es probablemente uno de los objetivos detrás de la política económica de Trump.

Nueva ruta de la seda: un gran rompecabezas

Actualmente, el proyecto más importante de China para convertirse en un imperio global es la “Nueva Ruta de la Seda” (Obor). Un sistema intercontinental de infraestructura comercial que debería conectar a China, tanto física como financieramente, con muchas naciones de Asia, Europa, África y Oceanía. Sin embargo, los problemas también abundan. La enormidad del proyecto requiere gastos exorbitantes, y en muchos casos se espera un retorno de la inversión cero o negativo. De hecho, muchos de los países involucrados simplemente no tienen una economía lo suficientemente grande como para proporcionar a China los beneficios que espera obtener.

Sin embargo, independientemente de que se construya o no la “nueva ruta de la seda”, el PCCh no podrá mantener el desarrollo económico del que disfrutan los aproximadamente 300 millones de chinos que pertenecen a la clase media en los últimos años, así como los más de mil millones de chinos que siguen viviendo en la pobreza. De hecho, el crecimiento del PIB ya ha disminuido significativamente, en comparación con el crecimiento de dos dígitos de los últimos años. Y aunque la inversión nacional es una de las más altas del mundo, el rendimiento de la inversión es mucho menor que en los Estados Unidos y otros países desarrollados.

¿Cómo la URSS en los 80 o Japón en 1938?

La razón por la que Xi Jinping está trabajando para aumentar su control puede deberse a las llamadas “políticas de glasnost” que llevaron a la disolución de la Unión Soviética. En ese momento Gorbachov decidió suavizar las restricciones y conceder más derechos a los ciudadanos, pero como resultado el Partido se dirigió hacia la destrucción. Xi quiere evitar el mismo destino.

Pero China también se parece al imperio japonés antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Al igual que Japón, China es una potencia económica asiática en rápido crecimiento, rica en gente altamente educada y brillante. Ambas naciones asimilaron rápidamente los conocimientos tecnológicos, financieros y militares adquiridos por Occidente. Ambos tienen (o tenían) pocas materias primas a su disposición, y ambos cuentan con (o contaban con) un personaje carismático (el emperador Hirohito en Japón, y Xi Jinping en China) para impulsarlas. Finalmente, al igual que el Japón imperial en la década de 1930, China se ha dedicado ahora al colonialismo y al comercio “conflictivo”.

Todo el mundo sabe lo que pasó con la URSS y Japón cuando trataron de construir un imperio, y no parece que China vaya a ser una excepción.

James Gorrie es un escritor texano, autor del libro “The China Crisis”.

Las opiniones expresadas en este artículo pertenecen al autor y no reflejan necesariamente las opiniones del Epoch Times.

Artículo en inglés: The Fragile Chinese Empire

Traducción Lucía Aragón

 


Sobre esta noticia

Autor:
Lucia Aragón (1223 noticias)
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Reportaje
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