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La guerra de las aguas potables: La envasada derrota al grifo

28/04/2014 06:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El negocio de las aguas para beber envasadas en plástico o en cartón es un escándalo mundial. Aquí no hay control de si hay abuso en cuanto a las fuentes en desmedro de un mundo sediento de millones de personas. En este reportaje abundan las cifras

La sospechosa calidad del agua del grifo en España y en todo el mundo y no digamos en el Tercer Mundo, ha hecho que se generalizara el consumo del agua envasada o embotellada en plástico. Y eso se ha generalizado en quienes pueden permitírselo. Pero hablando primero del acceso universal al agua, los occidentales o los del primer mundo olvidamos cifras globales como éstas:

- Existen 1100 millones de personas sin acceso a agua potable segura.

- 2.600 millones (un 40 % de la población mundial) no tienen acceso a instalaciones sanitarias adecuadas.

- Del mínimo de 20 litros de agua al día para beber y asearse, esos 1.100 millones tienen acceso a solo 5 litros diarios y, a veces, contaminada.

- Un europeo gasta por día de 200 a 300 litros, y un norteamericano 575 litros.

- 1.800.000 niños mueren anualmente, en su mayor parte debido a la diarrea infantil."

- El 80% de todas las enfermedades de los países en desarrollo se origina a raíz del consumo de agua contaminada.

Hay que apostar por el agua del grifo como la opción más económica y más saludable para el medio ambiente, quizá se promocione el negocio de los filtros de agua, pero decididamente el coste medioambiental es mucho más reducido que el del agua embotellada.

Pero los consumidores de todo el mundo que pueden, se han pasado al agua envasada o embotellada. Y gastan colectivamente al año más de 100.000 millones de dólares en agua embotellada en la creencia – equivocada según los expertos - de que es mucho mejor. El consumo mundial de agua envasada creció a 155 mil millones de litros en 2004, 57 mil millones más que en 1999. El agua embotellada nos la presentan como un producto que protege nuestra salud y que es señal de calidad de vida, respetuosa con el medio ambiente y por supuesto, una forma de liberarnos del agua del grifo. No se cuestiona que el agua potable limpia y barata sea esencial para la salud de nuestra comunidad global – afirmó Arnold- pero el agua envasada no es la respuesta en el mundo desarrollado, ni es la solución a los problemas de miles de millones de personas que carecen de un abastecimiento de agua segura. Ampliando y mejorando el tratamiento de aguas y el saneamiento de los sistemas existentes sería más factible proporcionar fuentes seguras y sustentables de agua en el largo plazo.

Los países miembros de Naciones Unidas acordaron reducir a la mitad la proporción de gente que carece de acceso confiable y duradero al agua potable segura para el año 2015. Para alcanzar esta meta, habría que duplicar los 15.000 millones de dólares destinados cada año al abastecimiento y saneamiento del agua, a la que en 2014 estamos lejos de llegar. Pero si en sí esa cantidad puede parecer enorme, palidece en comparación a los 100 mil millones estimados como el gasto anual en agua envasada. Palidece mucho más si se lo compara con el astronómico gasto mundial en armamentos.

Recientemente un corresponsal de esta web,   contemplo en una conferencia sobre el medio ambiente algo insólito. De los 14 asistentes a ese foro europeo 13 tenían delante de ellos, un botellín de agua envasada. El representante ecologista tenía una taza humeante que luego se convirtió en te. Como un beduino en el desierto. Greenpeace denunció hace tiempo que en el mundo se utilizan casi cuatro millones de toneladas de plástico para envasar ese agua. Un portavoz de esa organización recordó el pasado verano que el plástico genera cientos de veces más CO2 que el agua que contiene. El agua embotellada nos dijo es peligrosa, por dos conceptos: por la propia botella de plástico y por el agua misma.

El agua potable nos llega a través de una infraestructura que gasta energía de manera económica, mientras que el agua envasada se transporta a distancias a menudo largas a través del territorio por barco, tren, camiones. Esto implica quemar cantidades masivas de combustibles fósiles con mucha menos justificación lógica que el transporte de alimentos.

El envasado de agua utiliza más combustibles fósiles. La mayoría de las botellas de agua se fabrican con tereftalato de polietileno, un plástico derivado del petróleo crudo. Una vez vaciada, la botella debe ser desechada. Según el Instituto de Reciclaje de Envases, el 86% de las botellas plásticas de agua usadas en EE.UU. se convierten en basura o relleno ose tiran simplemente al mar generando otro problema. La incineración de las botellas usadas genera subproductos tóxicos tales como el gas clorado. Las botellas enterradas pueden tardar hasta 1.000 años en biodegradarse. Por otro lado las toxinas que se encuentran en los plásticos pueden persistir largo tiempo en el medio ambiente porque los polímeros plásticos no llegan a biodegradarse por completo, respecto al  ciclo de uso, al final  sólo una de cada cinco botellas de plástico se reciclan.

Las cifras del negocio del agua hablan por si solas. En la década de 1970, el volumen anual de agua embotellada en todo el mundo rondaba los 1.000 millones de litros. En la siguiente década se dobló el consumo, sin embargo fue a partir del 2000 cuando el crecimiento ya fue exponencial.

El consumo global de agua embotellada alcanzaba los 154.000 millones de litros, y eso suponía un aumento del consumo del 57% respecto al del año 2001. En el año 2006, subió un 5´6 %. Esto representaba un gasto de unos 100.000 millones de dólares. El precio medio de un litro de agua embotellada estaba en los 0, 65 dólares, según un estudio publicado por Earth Policy Institute en los Estados Unidos en 2006.

La moda del agua embotellada es aún mayor en Europa. Alemania consume 10.300 millones de litros, Francia 8.500 millones de litros y España unos 5.500 millones de litros. En España el litro de agua del grifo costaba, en el año 2004, 0, 00096 euros. Como se puede comprobar el negocio es fabuloso.

Los italianos tienen una media de consumo, de 183, 6 litros por persona/ año, los mexicanos 169 litros, los franceses y belgas 145 y los españoles de 136, 7 litros anuales. Aunque cifras comparativas por cada habitante son imposibles de hacer por la demografía sí podemos decir que el consumo de agua embotellada ha triplicado en la India y doblado en China. En realidad se constata que el agua embotellada compite en precio con la gasolina...

En cuanto al gasto en agua, el año 2001, los norteamericanos se gastaron 6.880 millones de dólares, en el año 2006 ya eran unos 10.980 millones de dólares, con un consumo de 25.800 millones de litros de agua embotellada. Esto supone un crecimiento superior anual al 9%, según los datos aportados por Beverage Marketing Corporation y la Internacional Bottled Water Association. El consumo medio anual de agua embotellada de un norteamericano estaba en torno a los 91 litros por persona/año.

El consumo per cápita del agua embotellada en México (un país caluroso) alcanzó los 170.7 litros en el 2011, con lo cual se situó como  tercer consumidor mundial, superado por Estados Unidos y China, según cifras de la consultoría Euromonitor. Durante el 2013, los mexicanos consumieron 18.808 millones de litros de agua embotellada, 8.7% más frente al 2010.

Los proveedores principales de agua embotellada sin gas del mercado mexicano son Estados Unidos (50.75%), Francia (31.8%) y Fiji (8.27 por ciento). En relación con las aguas minerales y gasificadas, México importa el producto de Francia (49%), Estados Unidos (37.4%) e Italia (8.9 por ciento). Respecto a los gringos diremos que apareció en una en una web mexicana que es preferible que manden agua que armas para matar, pero lo malo es que EE.UU. sigue enviando ambas.

Otra cosa es el costo de producir agua envasada que es 10.000 veces más caro que el agua corriente.  Y el consumo mundial de agua embotellada se acerca a 200.000 millones de litros, que generan unos beneficios 61.000 millones de dólares.

Lo que se suele ignorar es que el 40 % del agua embotellada proviene del agua suministrada por  servicios públicos municipales, es decir,   agua del grifo. El 22 % del agua embotellada analizada contiene productos químicos contaminantes por encima de los niveles permitidos de salubridad.

Las fábricas embotelladoras famosas también  cogen frecuentemente el agua que embotellan, de la misma red de agua que llega al público. El desprestigiado grifo. En muchos casos, como -dicen que es práctica en Coca Cola, lo que hacen es agregarle un paquete de minerales, así la denominan ‘agua mineral’, consiguiendo aumentar de esta forma su precio, convirtiéndose en uno de los mayores negocios del mundo.

En Quebec no se bebe el vino en botellas de vidrio ni de plástico sino de cartón y de ahí a la confusión de quien cree ver en una botella verde Perrier. A ese respecto tanto los franceses como los canadienses han elevado sus protestas a la casa Nestlé, que es la que fabricaba y fabrica Perrier. Es uno de los más genuinos productos de Francia que no cambió ni con la ocupación alemana y se dice que la casa Nestle ha sufrido cuantiosas pérdidas. En España no ha ocurrido que sepamos nada semejante y la gente ha pasado al plástico, sin protestas.

El periódico británico ‘The Guardian’, resume el proceso que se sigue en muchos casos con el agua embotellada: ‘Tome agua del grifo de Londres, sométala a un proceso de depuración, denominándola ‘agua pura’ agregue un poco de cloruro de calcio que contenga bromuro, lo cual no es un problema, convirtiéndose en bromato que sí lo es. Envíe estas botellas de agua al comercio, conteniendo el doble del límite legal de bromato y el negocio es suculento’.

Sirva como ejemplo, que en marzo de 2004, Coca Cola reconoció en Reino Unido que el agua de su marca Dassain era agua común y corriente del grifo, que se vendía en botellas de medio litro. Se retiraron más de medio millón de botellas del mercado argumentando que habían detectado niveles de bromato que excedían las normas legales británicas.

Otro capítulo es el de las botellas vacías que van a la basura o al mar y no son biodegradables

Se está pagando en muchos casos hasta 10.000 veces más por cada litro de agua embotellada que la que se paga por el agua de grifo. Por el mismo precio de una botella de agua embotellada se podría abastecer con 3.000 litros de agua de grifo.

Estas industrias están contribuyendo a la destrucción de las fuentes de agua públicas con el objetivo de abastecer de ‘agua pura’ a la élite internacional, mientras el Tercer mundo muere de sed. Y no es solo una frase.

Estas empresas son depredadoras del agua, buscando continuamente nuevas fuentes hídricas para cubrir sus insaciables necesidades de negocio, comprando continuamente derechos de agua a los agricultores, una vez que los agotan los abandonan creando numerosos problemas ecológicos.

 

El agua pública tiene que pasar estrictos controles de calidad, mientras que el agua embotellada depende de las decisiones de la empresa que la produzca y de la cantidad de costos que  quiera ahorrar. Además, para generar una sola botella de agua embotellada se necesita la cantidad de agua corriente que cabe en tres botellas. Y por si fuera poco la producción de las botellas de agua es uno de los procesos más contaminantes que existen. Cada año se usan 17 millones de barriles de petróleo para producir todas las botellas de plástico que contendrán el agua embotellada que se venderán en tal periodo. Esa cantidad de petróleo es el mismo que usan un millón de coches en un año.

Desde 1990 y antes el sector del agua embotellada ha sido un boom en todo el mundo, y se ha convertido  uno de los negocio más rentables hoy, a pesar de la crisis, pero también  de los menos regulados, lo que da lugar a abusos auténticamente escandalosos.

En América del Sur, las multinacionales norteamericanas y europeas están comprando grandes zonas de naturaleza salvaje en la que se incluyen sistemas hidrográficos integrales. Estas empresas agotan no sólo los sistemas de su propio terreno sino las zonas circundantes. Esto es lo que sucedió en Tillicum Valley en la Columbia Británica, donde la empresa Canadian Beverage Corp. ha estado explotando el agua subterránea de la región de forma tan intensa que los habitantes y agricultores de la zona se quedaron sin ella. Y todavía peor: en un programa de una oficina de control de medio ambiente en un país americano, se analizaron 390 estaciones de medidas de aguas subterráneas, con prioridad en los sitios de captura del vital líquido en zonas agrícolas. Y un 40% de ellas revelaban la presencia de pesticidas, principalmente herbicidas. El 10% de ellas presentaban incluso concentraciones superiores a los microgramos tolerados por litro. Valores que sobrepasan las exigencias legales para la calidad de las aguas potables.

Esta industria embotelladora de agua repite que es respetuosa con el medio ambiente pero esto no es así, pues como vemos usa el agua de una forma poco considerada y además el 90 % de los envases que utiliza son de plástico. Todos los que van por el campo con los ojos abiertos puede ver en él infinidad de estos envases que son fuertemente contaminantes del medio ambiente... y eternos. Y no digamos los que navegan por cualquier mar. Esas empresas embotelladoras nos dirán que cumplen la ley escrupulosamente en este tema, pero aún siendo así, hacemos votos porque los envases de plástico desaparezcan con carácter urgente.

El derroche energético también es importante: sirva como ejemplo que para producir el agua embotellada que se consume en Estados Unidos se necesitan quemar 1, 5 millones de barriles de petróleo, cantidad suficiente para alimentar los motores de 100.000 coches durante un año. En España eso equivale a unos 330.000 barriles de petróleo lo que supone el gasto de unos 22.000 coches.

Actualmente este negocio empieza a ser cuestionado. La ciudad de Nueva York ha lanzado una campaña publicitaria animando a sus ciudadanos al consumo del agua de grifo, en medio de la protesta de las multinacionales del agua. Emily Lloyd, responsable del Departamento de Protección Ambiental de Nueva York dice: ‘El agua embotellada utiliza mucha más energía que la del grifo tanto en la producción como en el transporte y el agua del grifo sirve para algo más que para ducharse o lavar los platos’.

La ciudad de San Francisco ha prohibido la compra de agua embotellada por parte de las instituciones públicas y muchos restaurantes del Estado de California ya han dejado de servir agua mineral. Sería bueno que cundiera el ejemplo entre nosotros.

Sin embargo en las reuniones de ejecutivos, partidos políticos, convenciones, etc... Cada asistente se encuentra en la mesa al entrar una botella de agua o botellín, del cual no bebe ni la mitad. Como nos han dicho antes los de Greenpeace.

Es hora que se acabe este escandaloso negocio y que tenga una regulación mucho más exigente que la actual en el apartado económico, sanitario y medio ambiental. Se puedo entender que el negocio privado genere beneficio, pero no que éste alcance el nivel de abusivo del actual y eso si no analizamos otros posibles peligros.

Dos investigadores alemanes encuentran tasas de hormonas demasiado elevadas en el agua embotellada.

Los doctores Wagner y Ochhlam de la Universidad Goethe de Francfort han descubierto en las botellas de agua mineral perturbadores endocrinos no sólo en la botella misma sino en el mismo líquido. En pequeñas dosis podrían dañar la salud. Estos perturbadores observados sean hormonas femeninas o masculinas son sospechosos de modificar el desarrollo y las funciones sexuales reproductoras del hombre.

Martín Wagner y Jorge Oehlman habían seleccionado veinte envases de plástico de aguas embotelladas vendidas en Alemania. Todos tenían en común el contener el polietileno tereftalato (PET), un elemento químico igualmente presente en botellas de plástico de bebidas dulces, aceites de cocina, pero también en el aluminio interior de las paredes que guardan ciertas bebidas gaseosas. El PET asegura ‘la transparencia del plástico su resistencia a los choques, su poco peso y su impermeabilidad al agua, al gas y a los aromas’.

Los dos científicos han utilizado levaduras genéticamente modificadas y pequeños caracoles de agua dulce observando que las primeras cambiaban de color y se veía que los segundos se multiplicaban por la influencia de esas hormonas.

Después de dos meses pasados en el agua, el comportamiento de las dos cobayas no era en absoluto el mismo. Era peor. En doce de las veinte aguas de las botellas analizadas, la actividad hormonal era dos veces más elevada en las levaduras y los caracoles eran dos veces más numerosos a causa de las hormonas femeninas presentes.

El desmentido de los industriales del plástico que se usa para los alimentos fue inmediato ‘el agua mineral natural es uno de los productos más controlados en la industria alimenticia’ -dijeron.

Los dos científicos citados mencionaron una posible perturbación de la catálisis del plástico como causa de los fenómenos encontrados.

Los franceses han observado cosas quizás más peligrosas de inmediato: una botella de agua no puede beberse si ha permanecido sólo unas horas en el ambiente de un coche, sobre el asiento o sobre el maletero, y en el verano. El calor reacciona con los productos químicos del plástico de las botellas el cual libera dioxinas en el agua. La dioxina es una toxina encontrada en los tejidos del cáncer de mama.

Dependiendo del continente, el crecimiento del consumo de agua embotellada se incrementará de forma más acentuada, en el caso de Asia se calcula que la demanda aumente en un 16% en el presente año, es decir, más del doble de la tasa prevista de aumento global. Asia acapara actualmente un tercio del consumo mundial, resulta un mercado muy goloso para las compañías que se dedican al envasado y comercialización de agua, desde hace años existe una pugna entre las grandes multinacionales para asegurarse la materia prima y compran los manantiales de agua a precios muy elevados, de todo ello ya hablábamos en el post El agua es el negocio del siglo XXI.

A todo esto, hay que decir que en algunos países del continente asiático la ingesta per cápita se mantiene muy por debajo de la media internacional, estableciéndose el consumo en menos de 10 litros por año, lo que nos puede dar una idea de lo que va a crecer el mercado de las aguas envasadas en este continente. Hablando de China, los principales proveedores están ayudando a impulsar la expansión del mercado y aunque se barajan cifras de consumo muy elevadas que rondan los 7.000 millones de litros y colocan a China como una de las piedras angulares de este negocio, otros países como la India, con un volumen de población muy elevado, incrementan su consumo de una forma muy significativa, nada menos que un 20% anual.

Un estudio realizado por Canadean, empresa especializada en la investigación y análisis del mercado de los bienes de consumo, determina que el agua embotellada será líder de ventas en el año 2015 a nivel mundial.


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