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Izquierda Demócrata ancla su ánfora en los afroamericanos para llega a la Casa Blanca

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23/10/2019 23:15 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Pre candidatos demócratas deben reflejar un programa sincero para favorecer al pueblo

El Reportero del Pueblo

Los precandidatos para la elección presidencial de 2020 en Estados Unidos están proponiendo una serie de políticas económicas a las que frecuentemente se describe como de libre mercado o como socialistas. Estos rótulos suelen confundir a la opinión pública estadounidense. En particular, es muy común (y erróneo) creer que el capitalismo es sinónimo de libre mercado. Pero en realidad, incluye todos los sistemas económicos donde haya propiedad privada, desde el libre mercado hasta la socialdemocracia.

Estas variadas formas de capitalismo demandan reglas básicas para el funcionamiento de los mercados, por ejemplo, la protección de la propiedad y el Estado de Derecho. En la mayor parte de las sociedades capitalistas también hay programas sociales para proteger a los más vulnerables. De modo que, en las economías capitalistas, los gobiernos tienen ante sí dos elecciones fundamentales. En primer lugar, pueden fijarle al mercado reglas conducentes al bien común, o delegar esa tarea a las grandes empresas bajo el disfraz de «libre mercado». En segundo lugar, pueden diseñar programas sociales universales para reducir la desigualdad y proteger el medioambiente, o achicarlos para minimizar el gasto público en estas áreas.

Lo que decidan los gobiernos tendrá gran influencia sobre los niveles de desigualdad, la emisión de gases de efecto invernadero y el bienestar general. De modo que, para evaluar adecuadamente las políticas económicas de los precandidatos demócratas, debemos comprender sus propuestas en lo relativo al modo de estructurar los mercados y a la creación o ampliación de programas sociales.

El presidente estadounidense Donald Trump desestima esas medidas calificándolas de «socialismo», y alaba en cambio el libre mercado, sin reconocer que los mercados necesitan reglas para funcionar. Pero en vez de que las fije el Estado, Trump prefiere dejar a las corporaciones multinacionales las decisiones sobre cómo operar sus propios mercados. Sin embargo, en el sector de las mega tecnológicas, y en muchos otros cada vez más concentrados, la desregulación no aumenta la competencia; por el contrario, permite a las grandes empresas manipular el sistema para que las favorezca.

Lamentablemente, las Corporaciones avaladas por los partidos progresistas del Continente Sureño avalaron estos consorcios económicos y quebrantaron la voluntad del pueblo, poniéndonos a pasar hambre y no tener medicinas. Una mala aplicación del libre mercado, aunado al apoyo del Fondo Monetario Internacional. De allí que el Sur se levanta en una sola llamarada de fuego.

La concentración de mercado permite a unas pocas grandes multinacionales controlar industrias enteras, lo que produce precios altos y remuneraciones excesivas para los ejecutivos. Las empresas establecidas aplastan a las recién llegadas para mantener el poder de mercado, y luego usan las ganancias excedentes para facilitar la elección de legisladores favorables y cabildear por políticas que perpetúan su dominio, debilitando por esta actitud opresora el orden económico y la acción de los movimientos populares.

. Hoy los directivos de las megacorporaciones deciden cuánto contaminar y a qué ritmo desarrollar la capacidad en energías renovables, mientras Estados Unidos sigue atado a su adicción a los combustibles fósiles. En la industria sanitaria, algunas de éstas corporaciones tienen filiales farmacéuticas y se encuentran en plena libertad de fijar los precios de los medicamentos y las aseguradoras se cargan la cuarta parte de estos ingresos.

Con diferencias de detalles, Warren y Sanders quieren que el Estado vuelva a hacerse cargo de estructurar los mercados para el bien común, lo cual incluye impuestos más altos para los ricos y las grandes empresas, y una fiscalización más estricta de las leyes ambientales y de defensa de la competencia. Ambos precandidatos también defienden la implementación de programas sociales estatales que apunten a la provisión de acceso universal a atención médica, cuidado infantil, educación superior, vivienda adecuada y empleos dignos, además de una red de seguridad social que funcione como protección en tiempos difíciles.

Otros aspirantes demócratas también han defendido algunas de estas medidas, pero los precandidatos más centristas dicen que esos programas serían demasiado caros o incluso que atentarían contra la libertad, con lo que repiten críticas habituales de la derecha

Ambos pre candidatos gozan de la simpatía de la izquierda.

 Los demócratas dirimirán su propia grieta interna: el ala progresista, que aparece más cerca de la "base" del partido, quiere una plataforma con propuestas más radicales; el ala centrista, vinculada al establishment, aboga por mantener una línea más tradicional, similar a la de Bill Clinton.

Joe Biden, exvicepresidente y mano derecha de Obama durante sus ocho años de gobierno, estuvo muy activo durante la última campaña, aunque todavía no confirmó si competirá. Biden, quien ya buscó la presidencia, por última vez, en 2008, cuando se convirtió en el vice de Obama, tiene buena llegada con los trabajadores, y muchos creen que podría robarle ese electorado a Trump.

Tres mujeres senadoras ya han ofrecido indicios de que van a competir, o al menos han reconocido que lo están pensando: la senadora por Massachussets, Elizabeth Warren; la legisladora por California, Kamala Harris, y la representante de Nueva York, Kirsten En la lista se perfilan también dos "outsiders": el exalcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quien tras ser republicano e independiente se registró para la última elección como demócrata, y parece claramente dispuesto a ir detrás de Trump, y el personaje más excéntrico de la lista: Michael Avenatty, el muy mediático y controvertido abogado de la actriz porno Stormy

Venezuela es un país estéril y necesitan que la arropen en libertad

Gillibrand, quien ocupó la banca que dejó, justamente, Hillary Clinton.

La plataforma demócrata (julio de 2016) ha sido llamada “la más progresista de las plataformas que haya tenido el partido Demócrata”. Si bien contiene algunos puntos que podrían considerarse socialmente progresistas, no plantea ningún cambio en las condiciones estructurales de injusticia social, desigualdad económica, dominio de las corporaciones en la política nacional e internacional, guerras imperiales sin fin, encarcelamiento masivo y racismo institucional. En política exterior se enfoca en amenazar a Irán, continuar los ataques en Irak, Libia y Siria, apoyar incondicionalmente a Israel e ignorar el sufrimiento palestino. Algunos puntos de la plataforma:

 

Irán: "es un Estado líder en apoyar el terrorismo internacional… ha dejado sus huellas en prácticamente todos los conflictos del Medio Oriente”. Con respecto al tratado nuclear: “no dudaremos en accionar militarmente contra Irán si no respeta el acuerdo”.

 

Asia y Medio Oriente: El partido Demócrata reafirma que Estados Unidos junto a sus aliados Israel, Pakistán e India tienen el derecho al monopolio de las armas nucleares en la región. Además, se atribuye "el derecho" de atacar militarmente a cualquier otro país que intente desarrollar armamento nuclear.

 

Palestina e Israel: Hillary Clinton se opuso a la inclusión de un llamado -propuesto por el sector progresista de Sanders- para terminar con la ocupación israelí de Palestina. En su lugar, propiciaron la inclusión del siguiente texto: “Estados Unidos debe proveerle a Israel una ventaja militar cualitativa... Celebramos la democracia, igualdad, tolerancia y pluralismo de Israel"?

 

Para los miles de refugiados y los palestinos que padecen la ocupación militar israelí los elogios a Israel equivalen a un insulto. Como es un insulto, con consecuencias criminales, la enorme ayuda militar de Estados Unidos a Israel. En estos momentos ambos países están negociando un nuevo acuerdo. Desde 2007, EE.UU. le transfiere tres mil cien millones de dólares a Israel por año -más que a ningún otro país en el mundo. Pero Israel no está conforme y demandaría entre cuatro y cinco mil millones para el nuevo acuerdo que regirá a partir de 2018, por 10 años. La enorme transferencia de dinero desde los contribuyentes estadounidenses hacia Israel que alcanzaría una nueva cifra récord, ocurre cuando Israel ha expandido los asentamientos ilegales en Cisjordania y reprime sangrientamente a civiles en Gaza. El plan de Netanyahu es seguir esperando hasta la elección de Hillary Clinton, sí resulta candidata y ganadora de la presidencia, quien les garantizaría un acuerdo aún más beneficioso. Pero ante la posibilidad de que gane Trump por segunda vez -quien ha mencionado la necesidad de “neutralidad estadounidense en el tema Israel/Palestina"- ha preferido no correr riesgos y esperar un negociado.

 

Los sucesivos gobiernos demócratas y republicanos han tenido una responsabilidad directa en el genocidio cotidiano de palestinos implementado por Israel a lo largo de décadas de ocupación. Un informe del Servicio de Recursos del Congreso reportó: “Prácticamente toda la ayuda de EE.UU. a Israel es asistencia militar. La ayuda estadounidense ha ayudado a transformar las fuerzas armadas israelíes en una de las fuerzas militares tecnológicamente más sofisticadas del mundo”. Hillary Clinton es un adalid de esta política, como lo prueban no solo los e-mails revelados por WikiLeaks sino sus propios discursos y documentos públicos en años pasados.

 

Biden también ha tenido un gesto a la comunidad hispana al anunciar su candidatura también en español. «Somos los Estados Unidos de América - y juntos no hay nada que no podamos hacer», ha subrayado junto a un vídeo promocional, también en español.

 

La tensión izquierdista-centrista se extiende a otras partes del debate: el control de la inmigración ilegal, la educación universitaria gratuita o los tratados comerciales internacionales. Los moderados acusaban a Sanders y Warren de hacer promesas imposibles que perjudicarán al partido a la hora de evitar la reelección de Trump. Delaney les acusó de prometer «cuentos de hadas»; Steve Bullock, gobernador de Montana, dijo que defienden una «economía de deseos» y John Hickenlooper, ex gobernador de Colorado, dijo que todas esas apuestas serán como «enviar por Correos a Donald Trump la reelección».

El único que trató de colocarse en un plano de unidad fue el candidato más joven, Pete Buttigieg. «Defendamos simplemente el mejor programa político», sugirió en uno de los cruces de acusaciones.

 

El socialismo, agotado y carente de imaginación en Europa, encuentra una nueva e inesperada juventud en Estados Unidos. ¿Es que no nos vamos a librar nunca de esta ideología? Y como todo lo que ocurre en Estados Unidos tarde o temprano termina llegando a Europa, debemos observar de cerca esta resurrección estadounidense. Una nueva generación, casi siempre mujeres jóvenes elegidas para el Congreso el pasado mes de noviembre, no duda en denominarse socialista, lo que en Estados Unidos es una aberración histórica, porque el socialismo nunca ha sido estadounidense. El único político contemporáneo conocido que apela al socialismo es Bernie Sanders, un candidato desafortunado en las elecciones presidenciales; popular, desde luego, por pintoresco, pero marginal. El relevo lo ha tomado.

Clinton ha estado reflexionando sobre las razones que causaron su inesperada derrota inesperada el pasado 8 de noviembre. Y, como reconoció en público, Clinton separó mentalmente esas explicaciones en dos categorías: las que se pudieron haber corregido y las que simplemente estaban fuera de su control.

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

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Emiro Vera Suárez (1213 noticias)
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