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Juicio Gdeim Izik: Una perspectiva criminológica sobre los actos de violencia

16/02/2013 06:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Por encargo del medio especializado español www.iuxsed.com y para publicar en Globedia; el criminólogo español Julian Holguín Polo analiza, sin entrar en la culpabilidad o no de los procesados en e juicio, los extremos actos de violencia y asesinatos que se produjeron

Julián Holguin Polo es criminólogo. Master en Seguridad y especialistas en procesos de radicalización y reclutamiento.

Las imágenes expuestas el día 13 de febrero de 2013 en Rabat durante la vista oral del juicio contra los presuntos culpables de los hechos acaecidos en el campamento de Gdim Izik, durante s u desalojo y desmantelamiento y en la ciudad de Laâyoune en octubre de 2010, nos debe hacer reflexionar sobre cuáles pueden ser las emociones y distorsiones cognitivas que operan hasta el extremo de hacer que un ser humano se deshumanice de tal forma que le lleve a cometer tales atrocidades contra fuerzas del orden sin armas y personal de protección civil.

Parece evidente que poner en duda la autoridad del Gobierno de Marruecos y sembrar el miedo a través de la divulgación de imágenes de violencia extrema contra las personas , era el objetivo de estos hechos. Pero para ello hace falta una gran carga emocional de odio y grandes distorsiones cognitivas que hagan reaccionar con violencia extrema al agresor hasta dar muerte a un supuesto enemigo desarmado representado y simbolizado por un uniforme de las Fuerzas Armadas marroquíes.

Es conveniente diferenciar entre agresividad-agresión como un fenómeno distinto a la violencia. La agresividad hay que considerarla como una acción no premeditada de defensa, desencadenada por un estímulo amenazante y que sirve para salvaguardar al que la emite, mientras que en la violencia sí existe premeditación e intencionalidad por parte de quien la genera.

Actualmente, disponemos de evidencias empíricas suficientes como para considerar que la violencia es elegida por quien la genera como una estrategia de acción y, además, que es dirigida hacia un objetivo con el fin de conseguir algo para quien la ejerce. No es un producto innato o instintivo, sino que es una inevitable consecuencia de fuerzas sociales y psicológicas predeterminadas ( Tedeschi y Felson , 1994).

La agresión violenta se considera como una conducta aprendida. De forma que con la observación de un modelo violento se pueden aprender las consecuencias de su conducta, cómo lo hace, a quién debe ser dirigida, cuál es la justificación, qué necesidad satisface y cuándo es apropiada.

La pregunta que hay que plantearse es ¿quiénes fueron los adoctrinadores de quienes desplegaron actos de violencia tan exacerbada?

D esde la Teoría cognitiva , la comprensión de los elementos centrales de la agresión violenta deriva de un área de estudio llamada “cognición social”. La noción básica es que las personas se relacionan con su ambiente sobre la base de cómo lo perciben e interpretan. Las investigaciones en psicología básica indican que las percepciones ejercen un efecto claro sobre los niveles emocionales de agresividad y, así, sobre el acto violento como resultante comportamental de aquella, mediando en este proceso mecanismos de moldeamiento, modelado y de reglas verbales. Al parecer son dos las deficiencias de procesamiento cognitivo comunes en las personas que son altamente violentas: (1) no disponen en su repertorio cognitivo-conductual de habilidades ni mecanismos de afrontamiento para generar soluciones no violentas a los conflictos; y (2) sufren una hipersensibilidad perceptiva a las claves de hostilidad y agresivas presentes en su entorno, particularmente a las claves interpersonales (Dodge y Schwartz , 1997).

La construcción del otro como rival se hace en términos de sujetos colectivos y con referencias a categorías sociales, es decir, grupales. En la misma construcción social de la realidad ya está presente la idea de oponente o enemigo así como las estructuras simbólicas en las que se legítima la relación de enemistad y de oposición. Esto ocurre tanto desde el punto de vista del discurso social general como desde el punto de vista de las personas que interiorizan un universo simbólico y es previo a la existencia de ningún rival concreto; pero la rivalidad en concreto se define en grupos y, entre grupos, acentuando los estereotipos o los juicios previamente existentes y señalando de forma concreta al rival, con todas las connotaciones que hagan posible la decisión de actuar contra él violentamente. La explicación de las condiciones en que se produjeron los hechos, la interpretación de las necesidades que se tomaron en consideración a la hora de actuar, el establecimiento de la cuantía de los daños, etc., no se explican sin la intervención de líderes, ideologías o, simplemente, definiciones o construcciones de la realidad hechas por los grupos. En suma, la influencia de los factores grupales está presente en una secuencia histórica de los actos de agresión que va desde el preludio y los antecedentes hasta el momento en que se producen los daños y el período posterior en que se entienden, explican y justifican. (Fdez. Villanueva 1998:49).

La técnica de alimentar la disposición a la lucha y a la muerte consiste en separar al individuo de su yo de carne y hueso- no permitirle ser su yo real-. Esto se puede conseguir asimilando al individuo dentro de un cuerpo colectivo compacto; incorporándolo a un yo imaginario (ficticio); imponiéndole una actitud despectiva hacia el presente e impulsando su interés en las cosas que todavía no son; interponiendo una pantalla aparente entre él y la realidad (doctrina); impidiendo, mediante la implantación de pasiones, el sentimiento de un equilibrio estable entre el individuo y su yo (fanatismo). ( Hoffer , 1951:118).

Entre los factores de adoctrinamiento para realizar actos de violencia extrema se encuentran:

Primero, la deshumanización de la víctima ; definen a sus enemigos como indignos, negando sus cualidades humanas, de forma que los escrúpulos morales son bloqueados desde el principio (Wasmund ,1986 ). Segundo, la atribución de culpa al propio agredido ; es generalmente más aceptable dirigir la agresión a personas consideradas como opresoras o enemigos. Y, tercero, la justificación de la agresión bajo principios de orden moral superior una forma de eliminar barreras de autosanción es cambiar la interpretación o la evaluación emocional de los acontecimientos con el fin de justificar los actos.

Consecuentemente en los atentados de violencia extrema llevados a cabo en el campamento Gdim Izik y en la ciudad del Laâyoune podríamos confirmar que se han reunido una serie de determinantes detallados anteriormente. La pregunta es ¿Quién o quiénes son los adoctrinadores?

En los actos de violencia tan exacerbados se detecta deshumanización y un alto grado de adoctrinamiento por parte de los autores


Sobre esta noticia

Autor:
Chema Gil (195 noticias)
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