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La noche de las langostas

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16/08/2017 08:04 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Nadie es responsable, los ataques resultaron falseados por intereses políticos

Fuente Literaria, Relato de Ciencia Ficción. / fase 2/8

 

Nadie es responsable, los ataques resultaron falseados por intereses políticos, los acuerdos llegaron a lo inesperado, en el campamento cientos de muertes inútiles exigen justicia, primero es la justicia y el equilibrio de ley, pero, seguimos avanzando hacia la costa y ya la luna da su luz en una noche que resulta temprana. La nave nodriza empieza ser arreglada con los reactores nuevos. Esto llevará algún tiempo. Necesitamos avanzar hasta la primera hora de la madrugada. Las luciérnagas brillan en este atardecer nocturno.

Esperamos, la ayuda de los alienígenas, robaron los cables de transmisión comunicacional, los guardianes tienen otras motivaciones, sus funciones poco son ejecutadas, parecen parásitos en el cumplimiento de sus deberes. Trato de reponerme, luego de un viaje de trabajo a otra zona planetaria, años anteriores, tuve una dura campaña en Roma, (Italia), para obtener la amistad de los pueblos lusitanos y celtibéricos. Que, en repetidas ocasiones se sublevaron en una guerra de guerrillas en la ciudad de Numancia, donde los centuriones romanos la asediaron durante ocho meses y algunos residentes acabaron suicidándose para no rendirse, al igual que los Libertadores en Venezuela que fueron gaseados con tanquetas y perdigonazos en una dura campaña de dos meses y un saldo aproximado de ciento diez jóvenes muertos. Se reclutaron jóvenes presos y extranjeros para conformar un ejército que atacará a quienes amaban la libertad

La península fue duramente atacada y se construyeron una diversidad de calzadas

Algunos sectores económicos que poseían barcazas y piraguas, necesitan unir las áreas productivas con las consumidoras, por un lado, e Hispania con el resto del Imperio, (Galia e Italia), Los romanos abrieron así rutas por todo el país, poniendo en contacto zonas que habían estado aisladas hasta entonces.

Estos soldados, que viajaban por todos los dominios romanos y convivían con gentes de todas las partes del imperio, absorbían la cultura romana y a su regreso se convertían, a su vez, en difusores de dicha cultura.

El uso del latín como lengua común fue tradicional.

La Península pudo suministrar miles de mercenarios al ejército romano como ya lo había hecho antes con el ejército cartaginés.

 

Para poder alimentar a una población y a un ejército creciente necesita dominar las zonas productoras de cereales.

Si bien es cierto que los romanos mostraron una gran tolerancia, permitiendo la existencia de formas religiosas, sociales e incluso políticas (siempre y cuando éstas no se opusieran al domino romano), la difusión y adopción de la civilización, cultura, leyes y organización político-administrativa romanas va a transformar fundamentalmente la Península Ibérica en todos sus aspectos:

 

 Por 1a. vez en su historia, los distintos grupos que habitaban el territorio peninsular van a integrarse en un orden común cuando, tras la conquista, los romanos consiguen la unificación política de la Península que se convierte en una provincia del Imperio romano, llamada Hispania.

 

 El derecho romano es una de las mayores contribuciones de los romanos a la civilización occidental.  Frente al colectivismo que predominaba en las sociedades anteriores, el Derecho Romano reivindica los derechos del individuo (y personas jurídicas) y especialmente el derecho a la propiedad.

 

La sociedad urbana que, hasta entonces se había limitado a las colonias, se extiende.  La mayoría de las ciudades actuales fueron fundadas por los romanos.  Gracias a la paz romana se empiezan a construir urbes en zonas llanas. Estos núcleos urbanos (con su febril actividad económica, sus edificios lujosos, sus diversiones) se convierten en difusores de la cultura romana y en polos de atracción para la población indígena.

 

Consiguen también la unificación lingüística.  El latín, que en un principio era la lengua de la administración y del gobierno, acaba por imponerse, primero en las urbes y después en las zonas rurales.  Del latín vulgar derivarán todas las lenguas románicas.

Estos soldados, que viajaban por todos los dominios romanos y convivían

 

El cristianismo, otra de las bases de la civilización occidental, se difundió rápidamente por todo el Imperio romano, llegando también a la Península. Según la tradición popular al apóstol Santiago el Mayor sería el primer predicador en esta tierra, aunque ninguna fuente fidedigna parece confirmar tal hipótesis.

 

Durante los 3 primeros siglos de nuestra era los cristianos fueron perseguidos, originando en la Península muchos mártires y santos que, todavía hoy, forman parte de las tradiciones populares y religiosas del pueblo español.

Dentro de la pugna entre cartagineses y romanos por el control del Mediterráneo, la conquista de la Península Ibérica va a convertirse en un objetivo de vital importancia. En el año 218 a.n.E. los romanos desembarcan en Ampurias.

 

La conquista de la Península pasa de tener un interés puramente militar a tener un interés socio-económico ya que su dominio responde a una serie de necesidades romanas: Roma, que está viviendo momentos de gran expansión, sueña con reconstruir el imperio económico griego.

 

La Península es rica en metales que escasean en Italia (oro, plata, cobre y hierro). Roma necesita no sólo bases navales sino también materiales para la construcción naval: madera, esparto.

El comienzo de este proceso data del año 218 a.C., cuando las legiones romanas de Cneo Cornelio Escipión desembarcaron en Ampurias, en la costa catalana, para enfrentarse con sus enemigos cartagineses, ocupantes de las zonas costeras y de parte del interior. En una primera fase se procedió a la conquista militar —de la zona cartaginesa hasta el 206 a.C., de la zona interior durante el siglo II a.C. y del resto en el siglo I a.C.—, no exenta de dificultades debido al valor y ansia de independencia de los indígenas, con continuas rebeliones. En una segunda, iniciada cuando aún gran parte de lo que será Hispania no había sido conquistada, se procedió a una asimilación cultural del territorio. Esta no fue total en las últimas regiones sometidas (área cantábrica) ni siquiera en el siglo V cuando se debilitó la presencia romana presa de las invasiones bárbaras, a pesar de llevar 500 años de dominación —muchas veces más nominal que efectiva—, debido al escaso interés por controlar y poblar zonas deprimidas y marginales. Allí pervivieron estructuras gentilicias (clanes) e idiomas (por ejemplo, el euskera), así como el sentimiento de identidad que permitiría su supervivencia frente a los visigodos y el islam, posibilitando el nacimiento de los futuros reinos y condados cristianos. Una de las consecuencias del prestigio de Roma y de lo romano será la aspiración a la ciudadanía, conseguida a duras penas por los indígenas a base de dinero o en premio a su fidelidad. Ello, junto a la suavización de los términos en que se acordaron las distintas rendiciones a manos de las legiones y el tiempo transcurrido desde aquellas, fueron creando un clima propicio a la aceptación de lo romano. Punta de lanza de todo esto fue la llegada de inmigrantes de origen romano e itálico, que se fueron estableciendo en ciudades (municipia civium romanurum, coloniae civium romanorum), creando así focos tanto de difusión cultural como de control político y administrativo: Itálica (Sevilla), Corduba (Córdoba), Emerita (Mérida), Barcino (Barcelona), entre otros. La política colonizadora de Julio César y de Augusto en el siglo I a.C. fue el impulso definitivo a esta labor, iniciada tímidamente dos siglos atrás con la llegada de soldados y comerciantes, suponiendo ahora no sólo el asentamiento de veteranos de las legiones —emparejados con las mujeres indígenas— sino también nuevas remesas desde la propia Italia, en busca de nuevas tierras y mejores condiciones de vida. El clima de paz y la lejanía de los frentes bélicos contribuyó decisivamente a la mejora de la economía y, con ello, a la aceptación definitiva de Roma.

 

Un hito en el proceso romanizador fue la concesión por el emperador Vespasiano (69-79) del ius latii o derecho de ciudadanía latina, para todos los hispanos libres de origen indígena. Tal medida fue ampliada en el 212 por el emperador Caracalla al convertir a todos los habitantes libres del Imperio en ciudadanos romanos mediante la Constitutio Antoniniana. En Hispania, para esas fechas, casi por unanimidad, la población se `sentía' romana.

 

Reflejo de esa uniformidad cultural creciente fue la adopción de la lengua latina en todos los ámbitos de la vida, al principio en igualdad con las lenguas prerromanas y luego, salvo excepciones en el norte peninsular, con exclusividad, si bien es verdad que se mantuvieron variantes dialectales —al igual que costumbres y tradiciones culturales—, pero que no alteraron la unidad alcanzada. A este respecto es de destacar la capacidad romana de adoptar creencias y costumbres de los pueblos conquistados, asumiéndolas como propias e integrándolas en un todo común.

 

 

La romanización se mostró también en la penetración de la religión romana y, sobre todo, de las religiones orientales importadas por Roma —culto de Cibeles, Mitra, cristianismo— en el uso de vestimentas y ajuares; en los tipos constructivos, ya en obras públicas, ya en vivienda privada; en el uso de los nombres romanos con su praenomen, nomen y cognomen; en el uso de la moneda y métrica romanas; en la aceptación del Derecho Romano frente a las costumbres tribales; en las prácticas comerciales y asociacionistas (collegia); en la llegada de hispanos a Roma como emperadores, magistrados o literatos; o en la presencia de hispanos como legionarios desde Britania a Mesopotamia. La inserción de la Península en el mundo romano supuso una mayor apertura a los intercambios comerciales y culturales con el Mediterráneo y más allá, en una identificación con los habitantes también romanizados de Asia, África y resto de Europa. Todavía en torno al año 500 el sur peninsular se resistirá a la penetración germánica y mantendrá lazos de unión con el Imperio romano de Oriente, que posibilitarán la reconquista bizantina de la zona y su mantenimiento hasta el siglo VII, como una consecuencia de ocho siglos de historia y tradición en torno a la idea y al nombre de Roma.

De sorpresa, llego un emisario en una mula para avisarnos de la llegada de langostas para unirse al batallón y compartir nuestra defensa en la gran batalla.

 

 

 

 

 

 

 

La península fue duramente atacada y se construyeron una diversidad de calzadas

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (76 noticias)
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