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23-05-2013
Ghamm
Publicada el 15-07-2012 17:52 0 4

La leyenda del Diamante Hope

El labrado de la piedra era tosco, y para que aumentara su brillo, el rey, ordeno tallarla de nuevo dándole la forma de un corazón

El Diamante Hope tiene una leyenda bastante curiosa, se cuenta que a sus dueños les ha deparado muy mala fortuna. La historia empieza con Jean Baptiste Tavernier, quien era un joyero francés. De la India llevo a Europa, en 1668, varias joyas, en las que se incluía, supuestamente, lo que ahora es el Diamante Hope, con 44 diamantes grandes y 1.122 pequeños. Luis XIV, Rey de Francia, le dio por la colección un equivalente a 350 mil dólares. En esa época el diamante Hope tenia un peso de 112 ½ kilates y se le llamaba, en forma oficial, “El diamante azul de la corona”. El labrado de la piedra era tosco, y para que aumentara su brillo, el rey, ordeno tallarla de nuevo dándole la forma de un corazón de 67 1/8 kilates.

Al poco tiempo, Luis XIV, comenzó a ser visitado por la mala fortuna. El duque de Borgoña, su nieto, falleció misteriosamente. Las antiguas victorias, en la guerra, empezaron a ser muy escasas, después se casó con la señora de Maintenon, lo que constituyo un gravísimo error. Su esposa era una fanática religiosa que le hizo la vida imposible. Algún tiempo después se conoció la noticia que Tavernier había sido muerto y devorado por unos perros salvajes en Rusia.

El diamante lo heredo Luis XVI, y con él la Revolución Francesa. (Y también la guillotina, junto con su mujer, María Antonieta). En ese mismo periodo, en 1792, el Tesoro fue saqueado y el diamante desapareció hasta el año 1830. En ese tiempo Francisco de Goya hizo un retrato de la reina María Luisa de España, que mostraba una joya de similares características al diamante Hope. Se cree que algunos integrantes de la familia real francesa trasladaron el diamante entregándoselo a los españoles, o bien, los españoles se lo compraron a los que lo robaron.

Se dice que esta joya, tiempo después, fue a parar a las manos de Wilhelm Fals, diamantero holandés, quien le dio la forma que actualmente tiene, tal vez para que no fuera reconocido fácilmente, si es que los franceses lo reclamaban. El hijo de Fals, Hendrik le robo el diamante a su padre y se lo llevo a Londres, en donde, tiempo después termino suicidándose. Algunos años mas tarde, la joya fue vendida a Henry Philip Hope, quien le dio el nombre que tiene actualmente. Su sobrino, el banquero irlandés Henry Thomas Hope, lo heredo después, y lo exhibió en el Palacio de Cristal en el año 1851. A comienzos del siglo XX, el diamante, junto a otras joyas de la colección Hope, fueron vendidas en Londres en subasta a Jacques Celot, un comerciante parisino, quien al poco tiempo, en un ataque de locura se quito la vida. Lo compro luego un ruso de apellido Kanitovsky. Este ruso murió apuñalado.

Después fue el turno del comerciante Habib Bey. Murió ahogado junto a toda su familia frente a Gibraltar. Continuando con esta trágica leyenda, el diamante se vendió a Simon Montharides, que se lo vendió a Abdul Hamid II, el sultán de Turquía. Simon contaba los beneficios de la ganancia cuando, en un paseo en auto con su esposa e hijo, volcó y cayo a un precipicio, falleciendo toda la familia. Y el sultán Abdul salio al exilio derrocado por los “Jóvenes Turcos” en el año 1909. Otra vez en Paris, el diamante apareció en las manos del joyero Pierre Cartier, quien se lo vendió a Evelyn Walsh McLean de Washington, hija del acaudalado minero Thomas Walsh y mujer de Ned McLean, quien era hijo del editor del Washington Post, y también del Cincinnati Enquirer. Evelyn pagó la suma de 154.000 dólares para quedarse con el diamante.

En el año 1957 Winston celebro conversaciones con el Instituto Smithsoniano para que recibiera el diamante Hope

Después de comprar la joya, la familia McLean comenzó a sufrir graves pesares. Cuando estaban en las carreras de caballos del famoso Kentucky Derby, en 1918, el hijo de ambos, Vinson de ocho años, salio corriendo hacia una carretera y fue atropellado, muriendo en el lugar. Ned McLean se alcoholizó, perdió sus periódicos y después se volvió loco. Otra hija falleció después de haber tomado una sobredosis de píldoras para dormir. La nieta de Evelyn McLean, en diciembre de 1967, fue encontrada muerta en su casa de Texas, envenenada por una sobredosis de barbitúricos y alcohol.

En 1947, Harry Winston, joyero, compro toda la colección en aproximadamente un millón cien mil dólares, y después la vendió, excepto el Diamante Hope, por dos millones de dólares. El joyero Winston exhibió la joya, junto a otros diamantes, en un recorrido por el país. Durante nueve años, la piedra viajo 650.000 kilómetros, y fue admirada por cinco millones de personas. Lo que produjo más de un millón de dólares en ganancias, que fueron donados, para obras de caridad.

En el año 1957 Winston celebro conversaciones con el Instituto Smithsoniano para que recibiera el Diamante Hope, en donación, como la pieza mas importante de una colección de joyas similares a las de la corona inglesa. El 8 de noviembre de 1958, después de aceptarlo el Instituto, fue instalado en una caja especial forrada en gamuza y enviado a Washington.

Tal parece que el infortunio no toco a Harry Winston durante los nueve años en que fue el dueño del extraño Diamante Hope.

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