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Localismo en Brasil y el endurecimiento hacia Lula

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02/02/2020 13:17 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lula es un caso, al igual que Evo, los mismos errores mimeografiados y poniendo en peligro la revolución en el Sur, insesatos e ignorantes a pesar de sus protagonismos

Aventis

Uno de los hallazgos más interesantes de la literatura politológica sobre las causas del aumento de la polarización partidista en Estados Unidos es el del papel de la política local como freno de este proceso. En 2010, James Snyder y David Strömberg mostraron cómo los representantes elegidos en distritos que cuentan con un ecosistema mediático local se comportan en el Congreso de manera menos polarizada. Una explicación posible es que la existencia de medios preocupados por temas esencialmente locales hace que estos congresistas sean especialmente sensibles hacia estas cuestiones, lo que les permite mantener posiciones moderadas en un contexto nacional en que sus partidos empujan a sus miembros hacia posiciones cada vez más extremas. En otro trabajo, Amalie Jensen y sus coautores encuentran que la política local polariza menos que la nacional: en el ámbito municipal, los partidos son ideológicamente más plurales, y las diferencias ideológicas entre demócratas y republicanos son menores. Hace unos años, Luis Manrique y yo comparábamos la capacidad reformista de las presidencias de Brasil y de México en las últimas décadas, y defendíamos la tesis de que las más exitosas presidencias brasileñas habían tenido mucho que ver con un congreso dominado por intereses, a diferencia del Poder Legislativo mexicano, absorbido por paralizantes conflictos de naturaleza nacional.

Quizá deberíamos dejar de criticar la presencia de cuestiones que despectivamente llamamos “localistas” en los debates políticos. En nuestras democracias complejas, pueden jugar un importante papel moderador. Que los ciudadanos tengan preocupaciones no fácilmente traducibles al conflicto entre izquierda y derecha abre nuevos espacios para acuerdos y permite que la política no se reduzca a la competición entre bloques irreconciliables. Cuidado pues con querer eliminar lo local del debate político nacional, porque igual nos cargamos uno de los diques más efectivos que tenemos para contener la polarización.

La política reciente también proporciona ejemplos virtuosos de localismo: entre las múltiples interpretaciones que hemos visto.

El bolsonarismo más exacerbado y autoritario, de extrema derecha, está levantando la cabeza. El presidente Bolsonaro ya no solo habla de disputar la reelección en 2022. Insinúa eternizarse en el cargo más allá de ocho años. Cuando parecía que su balón de popularidad había pinchado, llegando a índices insignificantes de consenso y superado hasta por su ministro de Justicia, Sergio Moro, parece haber levantado la cabeza nuevamente.

Los últimos sondeos le dan un crecimiento significativo del apoyo popular. Y él, envalentonado, ha dado señales claras de querer debilitar en su Gobierno la fuerza de Moro. Ha anunciado que podría retirar de su ministerio la lucha al crimen organizado, campo en el que el exjuez de la Lava Jato había recogido frutos considerables. De ahí a empujarlo fuera del Gobierno hay un paso.

Bolsonaro se ha permitido el lujo de ofrecer la Secretaría de la Cultura a la famosa actriz global Regina Duarte, algo que ha dejado perpleja a la extrema derecha. Su hijo, el extremista alcalde de Río de Janeiro, Carlos, ha llegado a acusar a su padre de haber elegido a una “comunista”.

Ahora, Bolsonaro, más libre, exhibe como su nuevo trofeo a la actriz que, en realidad, hubiese hecho un buen papel en cualquier gobierno democrático. ¿No fue Gilberto Gil ministro de Cultura de Lula? No es que Bolsonaro se haya convertido de repente a los valores democráticos. Es que se siente más fuerte y con ganas de provocar a los suyos.

No sabemos aún si esa elección para guiar la rica cultura brasileña acabará consolidándose, si la actriz se encontrará a gusto y con libertad de acción en ese Gobierno de extrema derecha y hasta cuándo la soportará el jefe si intenta abrir nuevos campos de democracia cultural. No cabe duda, sin embargo, que Bolsonaro se permite hasta jugar con dos barajas y se divierte con el nombramiento de Duarte.

Hay momentos en la historia de una familia o de un país en los que es necesario olvidarse de los intereses más personales para colocarse al servicio de la comunidad. Sobre todo si esta se halla en grave peligro. De ahí que Lula, con sus aciertos y errores, no deja de ser una figura fundamental en la democracia de este país. Haría mal en perderse en la defensa de su corral personal, olvidándose del bien general.

La fuerza popular existe mientras le das alimentos, ya no hay ideología

Mientras tanto, Lula sigue en silencio en este momento crucial en el que podría consolidarse un clima de autoritarismo y una caza de brujas iniciada con el intento de condenar al periodista norteamericano Glenn Greenwald, fundador de The Intercept. Esto desentrañó las vísceras más oscuras de la Lava Jato y se convirtió en un símbolo claro del desprecio por la libertad de expresión. 

Su papel se empequeñecería si su única preocupación fuera la de salvar de la quema a su partido, el PT. De nada serviría en este momento una confrontación directa con Bolsonaro, ya que solo serviría para fortificar al presidente y a sus huestes, quienes se sienten orgullosas de haber derrotado al lulismo.

Lo que Brasil necesita y para lo que Lula sí podría ser aún una pieza importante es la reunificación. El país, tras la explosión e involución bolsonarista, se encuentra en un momento histórico que vivieron países como España cuando acabó la dictadura franquista. Solo fue capaz de salir del túnel fúnebre de 40 años de oscurantismo, precedida de una sangrienta Guerra Civil, con la idea genial e inteligente de todos los partidos democráticos de dar vida al Pacto de la Moncloa, que sería más tarde imitado por otros países, a una primavera democrática capaz de recuperar todas las libertades.

También hoy las fuerzas democráticas en Brasil, desde la izquierda a la derecha, necesitan crear un pacto de acción ante el huracán extremista. Se deberán reunir fuerzas y olvidarse los intereses personales o de partido para crear un pacto democrático. 

Para ello deberán ser conscientes todas las fuerzas democráticas. Y lo deberá ser Lula. No será alimentando egos y defendiendo intereses partidarios que se recreará una sociedad pacificada, unida y feliz, donde todos tengan derecho de ciudadanía.

Y donde no sean relegadas al olvido, como ocurre hoy, esas caravanas de pobres y desasistidos. Caravanas de familias que consiguen mal sobrevivir. Esas familias de la periferia económica del país no son una minoría sufrida e insignificante. Hoy, tristemente, constituyen la gran mayoría de Brasil, uno de los países más grandes y ricos del mundo. Un país que, paradójicamente, aparece a la cola de los que menos combaten la corrupción. ¿Será verdad que no existe la corrupción en el Gobierno de Bolsonaro? Es de esperar que el ministro Moro, que era un lince para descubrir la corrupción debajo de las piedras cuando era juez de la Lava Jato, sea capaz de detectarla dentro de su propio Gobierno. ¿O no?

 

* Escrito por Emiro Vera Suárez, Profesor en Ciencias Políticas. Orientador Escolar y Filósofo. Especialista en Semántica del Lenguaje jurídico. Escritor. Miembro activo de la Asociación de Escritores del Estado Carabobo. AESCA. Trabajo en los diarios Espectador, Tribuna Popular de Puerto Cabello, y La Calle como coordinador de cultura. ex columnista del Aragüeño

 

 

 

 

 

 

 

 


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Emiro Vera Suárez (1412 noticias)
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