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Luis Cayo Pérez: "Son las propias personas con discapacidad las que han dicho 'yo valgo, yo quiero trabajar'"

25/11/2020 00:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Luis Cayo Pérez es presidente del Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (CERMI), entidad que existe para velar por el interés y los derechos este amplísimo y diverso colectivo desde hace 21 años; casi el mismo tiempo que 20minutos lleva informando.

Vinculado profesionalmente a la discapacidad desde hace 25 años, Luis Cayo es también es presidente de la Fundación Derecho y Discapacidad y de la Fundación Bequal, vicepresidente de la Plataforma del Tercer Sector y patrono de la Fundación ONCE.

Se trata, por tanto, de una voz más que acreditada para repasar los cambios que se han producido a lo largo de estas dos décadas y reflexionar sobre los que se producirán de ahora en adelante.

Hace poco se ha aprobado acabar con la esterilización forzosa, enhorabuena por la parte que les toca

Era una agresión enorme a derechos fundamentales básicos y que fundamentalmente afectaba a las mujeres. Fue una demanda que no vino de un gobierno o un partido, sino de la sociedad civil, de Cermi Mujeres, que hemos conseguido vehicular a través de los grupos parlamentarios obteniendo la adhesión de todos, desde Vox hasta Bildu. Entendemos que las cuestiones de derechos humanos y de discapacidad pueden ser un elemento cohesivo, que repare un poco la fractura política y de consenso del país, que cada vez está más agudizada. La vanguardia y el motor de los avances de las personas con discapacidad está en ellas mismas, en no resignarse. Nuestro avance no está en esperar pasivamente que un gobierno nos vaya a emancipar, sino en nosotros mismos.

¿Ha notado a lo largo de estos años que la discapacidad va estando más presente en la agenda política, que hay un cambio de sensibilidad entre las personas que nos gobiernan en este sentido?

Sí. Partiendo de lo mucho que queda, porque el déficit es enorme, estos 20 años han sido positivos. Cuesta ponernos en una posición equiparable a personas que no tienen estas causas de exclusión, estamos muy por detrás. Pero estos 20 años no han sido en vano; han sido años de mayor presencia, mayor visibilidad, y de una incorporación de la discapacidad como asunto público muy superior.

¿También se ha producido ese cambio en la sociedad?

Sí que podemos decir que hemos mejorado, pese a las dificultades que aún persisten. Comienza a haber crecimientos importantes en el acceso a la universidad, en el empleo, en la visibilidad pública, en el ocio. De los índices de empleo que teníamos hace veinte años a ahora ha habido una mejora sustantiva, pero solo tenemos a un 38% de personas activas cuando en el resto de la población son 40 puntos más. No se producen con la velocidad que nos gustaría.

¿A qué cree que responden estos avances?

Creo que hay una cuestión cualitativa previa que es la propia toma de conciencia de las personas con discapacidad, de sus familias, de su movimiento asociativo, que no se resigna a estar en una posición periférica, de exclusión, que no se limitan a estar, como históricamente, recluidas en sus casas o en residencias, segregadas. El cambio es primero interno, una especie de reconversión de todo lo que has recibido, a veces implícito, de que vales menos, de que para qué vas a estudiar, cómo vas a pensar en mantener una familia... Son las propias personas con discapacidad las que han dicho "no, yo valgo, yo quiero trabajar, ejercer mi sexualidad, o ir a una discoteca". Ha sido a costa de un trabajo de afirmación personal y grupal permanente.

¿Cuáles serían esas dificultades?

Tenemos que vencer, no solo prejuicios y sesgos mentales, porque sigue habiendo gente que piensa que las personas con discapacidad valemos menos; sino también cuestiones objetivas que otros movimientos sociales no tienen que superar. Nosotros podríamos salir más si las ciudades fueran más accesibles; si los transportes no siguieran presentando barreras; si las casas tuvieran ascensor o los pueblos rampas; si los medios de comunicación tuvieran lengua de signos, subtitulados, accesibilidad cognitiva, etc.

¿Legislativamente, si miramos estas dos décadas, cuál diría que han sido los grandes logros obtenidos?

Ha habido un trabajo sostenido de mejora legislativa en todos los frentes, pero quizá como gran hito sería el de 2018, que ya se puso en práctica en 2019, de que todas las personas con discapacidad pudieran votar. Era otro ataque absoluto a la igualdad, pero que se mantenía sin ninguna duda, sin ningún escrúpulo. Ni a la derecha ni a la izquierda se habían planteado que eso era un agravio y una vulneración de derechos inasumible. Lo mismo que pasó con la esterilización forzosa, lo movimos desde la sociedad civil y terminó aprobándose por mayoría y 100.000 personas que estaban privadas de derecho de voto, han podido votar el año pasado. Yo creo que es el más simbólico.

Sigue habiendo muchas personas, incluso progresistas, que ponen en duda su capacidad para participar en unas elecciones. Es algo contra lo que habrán tenido que argumentar con frecuencia.

Pues sí, y no es algo ideológico, es algo casi sociológico. Son los mismos argumentos que se emplearon con el voto de las mujeres. En 1931 se decía de las mujeres lo que se nos dice ahora: "Sois influenciables, os falta madurez, formación..". Pues no, no es así. Además, en un país democrático es una cuestión objetiva: vota el que es mayor de 18 años y no pides ninguna formación, no hay un examen previo. ¿Por qué entonces las personas con discapacidad tenían que ir ante un juez a contestar qué es la Constitución?. Si se hiciera un examen a todo el mundo solo podrían votar los catedráticos, y eso no es una democracia.

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Además de este gran avance, ha habido y hay otros en proceso, como el de la modificación de la Constitución. ¿Cuáles más destacaría?

Hay un hecho internacional, que es la Convención de los Derechos de las personas con discapacidad de las Naciones Unidas de 2006 que España hizo suya en 2008, y que es lo más revolucionario que ha ocurrido en la Historia respecto a la discapacidad. Pasa de verse como una cuestión de atender una necesidad desde un punto de vista totalmente paternalista, prestacional, de acompañamiento, a una visión de derechos, de que el valor de las personas con discapacidad es el mismo que las demás. Esa Convención nos da fuerza, no solo moral y ética, sino también política y jurídica.

Luego está la reforma de la Constitución. Esperemos tener noticias próximamente de que el Gobierno permite el proyecto de reforma; sería la primera reforma especial de la Constitución en cuarenta años, y que empiece por la discapacidad es algo que nos enorgullece y nos indica que estos 20 años no han sido en vano.

Y ahora mismo también está en el Congreso la mayor reforma de Código Civil de la democracia para dotar del igual capacidad jurídica y mismo reconocimiento legal a las personas con discapacidad; en los negocios, en los testamentos, en la compraventa... Es otra gran revolución. Las personas que están incapacitadas necesitan apoyos para tomar decisiones, pero no que las aparten y hablen otros por ellas.

¿Cuándo lo veremos?

El Código Civil está ya en proyecto de ley en el Congreso, en octubre empezaron las comparecencias de expertos. Yo creo que en primavera del año que viene estará. Y respecto a la Constitución, el Gobierno tiene el compromiso de que entre en el mes de diciembre, y si todo va bien pues el año que viene se aprobaría.

Así que 2021 va a ser un buen año.

Sí, al menos en logros y consecuciones jurídicas.

Acaban también de admitir a trámite el recurso contra el uso de personas con discapacidad en espectáculos taurinos. ¿En estos 20 años la gente ha dejado de usar la discapacidad como objeto de burla?

Recuerdo también chistes sobre mujeres que ahora serían impensables y cuando había solo una cadena de televisión se emitían en Navidad y se reían 20 millones de personas. Es verdad que hemos avanzado y que hoy día hay cosas que la gente se contiene de decir, aunque tal vez las piense. Pesa la corrección política. Pero que disimulemos ya es de momento una base; mucha gente va convenciéndose de que no puede herir o agredir de ese modo a las personas que son distintas.

Mirando más allá, ¿qué tendríamos que conseguir, porqué van a seguir batallando en el futuro?

Aspectos ya más sectoriales, por ejemplo, todo nuestro marco legal de empleo está ya superado. Viene de los primeros años 80 y el mercado de trabajo y la sociología de la discapacidad han cambiado enormemente. Ya no sirve, necesitamos uno nuevo. También todo el tema de las nuevas accesibilidades, como la accesibilidad cognitiva, que también está en las Cortes. La accesibilidad física, la de las calles, la de los transportes, sigue ahí; pero hay también una accesibilidad intelectual difícil de ver que se traduce en que mucha gente no tiene autonomía porque el entorno no está pensado para ellos. Y luego estarían los temas de mujer. Se requieren políticas mucho más intensas, porque están en peor posición objetiva. Y el feminismo tiene también que entender que las reivindicaciones de las mujeres con discapacidad no son solo una cuestión del ámbito de la discapacidad. Ya está en ciernes, pero en los próximos años va a ser el núcleo duro de la actuación.

El universo de la discapacidad tiene el reto enorme de que hay muchas manifestaciones y necesidades distintas.

Pues sí, por eso hay dos líneas de actuación. La más particular, la más segmentada por tipo de discapacidad, está en manos de las asociaciones miembros; y luego hay una dimensión común, porque más allá de la pluralidad inherente a la discapacidad hay cosas que son transversales. de la que se ocupa Cermi. Hay que armonizar lo genérico y lo específico. Estos 20 años también han sido de aprendizaje para las propias organizaciones de la discapacidad. Por ejemplo, la esterilización forzosa no era aplicable a las personas con discapacidad física, pero ¿lo vivimos como solo un avance de la discapacidad intelectual? Pues no, es un avance para todas.

¿Igual que las mujeres tienen una problemática especial hay tal vez algún colectivo de discapacidad que lo tiene peor que otros?

Sí lo hay. Hay formas muy consolidadas de discapacidad. Todas existen desde que el hombre pisa la tierra, pero las hay que tienen más tradición: las personas ciegas, las personas sordas, las personas con dificultades motóricas... con más estructuras, asociaciones en algunos casos con más de un siglo de existencia; y por tanto tienen un mayor grado de cobertura y visibilidad. Las normas se han hecho más teniéndolas en cuenta. Y luego hay discapacidades emergentes, que están variando la situación. La discapacidad ha cambiado el rostro en estos 20 años. Antes solía venir con el nacimiento y era más raro que adquirirlas, ahora el 60% son mayores de 65 años. Y los niños que nacen con discapacidad son menos, pero necesitan más apoyos. En ese nuevo rostro de la discapacidad sobrevenida está la salud mental, que es ya el más amplio y va a crecer en el futuro. También las enfermedades raras, que hay pocos afectados en cada una pero son muchísimos en total y tienen una realidad muy difícil de abordar incluso desde el diagnóstico. Y la discapacidad que se cruza con otros factores de exclusión: el medio rural, inmigración, minorías étnicas... Son otros rostros de la discapacidad que van a estar mucho más presentes los próximos años.


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