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Mi gran boda hipster

29/08/2018 14:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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El humor transgresor está de luto. Parece ser que a Rober Bodegas le ha caído un sonoro rapapolvo y ha sido incluso amenazado de muerte por hacer chistes de gitanos. Lo de las amenazas es preocupante: por más que en estos casos siempre planeen las acusaciones de exageración, o de inventárselas para dárselas de víctima, uno prefiere pecar de ingenuo y apoyar al presunto amenazado antes que contemporizar con sus posibles agresores. Nadie se merece morir por hacer un chiste. Ni por hacer cinco mil chistes. Otra cosa es que su derecho a la vida y a decir bobadas nos obligue a reírle todas las gracias, aunque no tengan gracia. Me concederán que entre un extremo y otro hay un abismo.

Los chistes de gitanos son un clásico del humor español y un blockbuster de las cenas de Nochebuena. Sirven para rebajar tensión entre tu cuñado el de Ciudadanos y tu cuñada la de Podemos: "Se abre el telón y aparecen muchos caballos. Aparece un gitano y desaparecen los caballos. ¿Cómo se llama la película? El hombre que SUS RUBABA los caballos". No se concibe momento ceremonial más armonioso y de clase media que el cenagal de carcajadas que se produce a continuación. Porque el chiste de gitanos lo tiene todo: te ríes del que habla castellano peor que tú, te ríes del navajero que te robaba las pelas del bocadillo cuando ibas al colegio, haces mofa del parásito social que no pasa la ITV y vive de ayudas y de piratear la corriente del alumbrado público, y si te vienes muy arriba puedes incluso creerte que estás contribuyendo a la liberación de las mujeres gitanas, sometidas a la humillación del pañuelo y de llamarse Séfora o Samara.

Los chistes de gitanos son en España transversales y cómodos, no como los de banqueros y multimillonarios que los humoristas trendycuentan todo el rato, jugándose con ello el empleo y la vida, ¿verdad? Por eso no se entiende muy bien por qué los cuenta Bodegas, que practica, según dicen, un humor transgresor. ¿Qué ha ocurrido para que un cómico supuestamente provocador se descuelgue con un repertorio que no ofendería a nadie en un mitin de Falange?

Ha ocurrido ni más ni menos que lo que el humorista pretendía, no en vano el monólogo empezaba con esta declaración: "Ya no se pueden hacer chistes de gitanos". Si usted se ha incorporado a este artículo recién aterrizado de Pakistán o del siglo XVI, sepa que la legislación española no prohíbe hacer chistes de nada salvo del rey y las víctimas de ETA. Ahora mismo no sabría decirle si esa prohibición la establece la ley o es cosa de fiscales y jueces faltos de cariño, pero desde luego lo que no está prohibido es hacer chistes de gitanos ni de maricas ni de gangosos, esto es, Arévalo podría seguir viviendo de la vergüenza ajena sin que la Audiencia Nacional le hiciera nada. De modo que cuando Bodegas empieza un monólogo diciendo que no se pueden hacer chistes de gitanos es otra cosa lo que está diciendo. Está diciendo que los chistes de gitanos son de mal gusto. Está diciendo que sabe que molestará a más de uno si los hace. Y de hecho va y los hace y, por consiguiente, molesta. Lo que ocurrió a continuación no debería sorprender a nadie, y menos a él.

Hay que estar muy confundido para pensar que hacer chistes de gitanos supone transgredir algo. El racismo contra los gitanos es, en España, el racismo por antonomasia, de modo que tendremos que aparcar lo de la transgresión hasta que aparezca un humorista gitano riéndose de los payos y de nuestra afición a comprar droga en barrios donde no querríamos vivir. No obstante, no conviene infravalorar a Rober Bodegas, y mucho menos a la legión de librepensadores que han salido de debajo de las piedras no se sabe muy bien si para defenderle de los ataques de los "ofendiditos" o para aprovechar el revuelo y hacerse los héroes: el objetivo del monólogo, su targetobjetivo, no eran los gitanos, ni tampoco los racistas, sino los indignados y, correlativamente, sus detractores, los supuestos defensores del humor libre y sin prejuicios. Eran estos quienes tenían que sentirse interpelados, y así se sintieron.

Lo sintomático del affaire Bodegas no ha sido la reacción indignada que ha suscitado sino más bien el cierre de filas que ha provocado entre todos los que dicen combatir la corrección política, Pablo Casado incluido. Y es curioso que en muchos casos se haya intentado defenderlo desde la buena intención, incluso desde la constatación de que el monólogo era técnicamente imperfecto y moralmente inasumible. Desde Mongolia se llegó a decir que la ficción humorística es diferente de lo que piense el humorista. Puede ser, pero yo diría que los que celebramos los chistes de Mongolia a costa del rey lo hacemos porque presuponemos que sus autores comparten con nosotros un punto de vista antimonárquico. A los toreros no suelen hacerles gracia los chistes antitaurinos, los musulmanes no ven con buenos ojos las bromas sobre Mahoma, parte de la gracia de unos y de otras está en anticipar esa reacción indignada de los que no piensan como uno. Por eso es factible que, si uno hace chistes racistas, se imagine que con ello va a ofender a una raza y, además, a todos aquellos a los que el racismo les repugna. Lo más ofensivo del monólogo de Bodegas es que pudo prever la reacción de estos últimos pero no valoró ni tuvo en cuenta la reacción de los gitanos. Dio por supuesto que no importaban. Tal vez creyó que no eran parte del negocio.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
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ctxt.es
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Reportaje
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