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Nervios

06/11/2014 11:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El estrés de la vida acelerada, esa que vivimos todos los días, nos pone enfermos. Dormimos a trozos, hacemos deficientemente la digestión y somatizamos en múltiples dolencias ese ritmo vital

NERVIOS

 

Publicado en Levante, 2 de octubre de 2014

 

La sociedad que nos toca vivir es compleja. Antaño, el padre de familia salía de casa para atender las tareas del campo o del taller artesanal, y regresaba a comer, con la familia, o como tarde a la caída del sol, que en invierno era pronto. Todo estaba previsto: todo era cíclico y repetitivo. En el pueblo que se nacía, se moría.

 

Hoy las cosas son muy diversas. Es necesaria una formación continua para no quedar rezagado profesionalmente (lo que implica una capacidad flexible de adquisición de nuevos conocimientos y de adaptación a nuevos ambientes). El mañana no sabemos en qué va a consistir. Los días comienzan y terminan a velocidad vertiginosa. El puesto de trabajo no está garantizado… y desde luego necesitamos de una legión de expertos para cualquier imprevisto: desde la atención sanitaria hasta electricistas, informáticos, mecánicos, etc. Todos dependemos de todos.

 

Este no saber con qué nos vamos a enfrentar el día de mañana supone vivir en vilo, sobre todo si, con harta frecuencia, nuestra imaginación desbocada nos lleva a situarnos en las ilimitadas variaciones de lo que puede suceder. Para volverse loco. Si a esto unimos la falta de agarraderas y de apoyos, la vida solitaria, la inseguridad, la situación puede ser insostenible, psicológicamente hablando.

Sólo los cadáveres no se ponen nerviosos

 

¿Qué hacer frente a este aluvión que cada mañana se nos viene encima? El estrés de la vida acelerada, esa que vivimos todos los días, nos pone enfermos. Dormimos a trozos, hacemos deficientemente la digestión y  somatizamos en múltiples dolencias ese ritmo vital. Sin embargo, no hay remedio: no podemos volver a la carreta tirada por mulas y a la hoz para segar. A la placidez de los días lentos. Sí, vivimos más, pero también más deprisa.

 

Tampoco podemos olvidar que vivir es ponerse nervioso. Sólo los cadáveres no se ponen nerviosos. Los vivos disponemos de sistemas de alarma, de adrenalina, del sistema nervioso simpático, que alertan y permiten acometer cada día las tareas que nos esperan. Alegrarnos y admirarnos; ponernos en marcha; pero también asustarnos con los líos del tráfico cotidiano o el vocerío circundante.

 

La cuestión es profunda. No podemos parar el mundo y aislarnos del mundanal ruido. Y si hemos de vivir en esas condiciones (ciertamente mejorables), hemos de disponer de las medidas necesarias para no caer enfermos de estrés. La solución no es fácil, pero, en mi opinión se llama confianza. Confianza en los demás, confianza en las personas que queremos y nos quieren, confianza, si se puede –a mi entender, es posible, en un Dios providente que es Padre. Pero hay que asumir que ponernos nerviosos, nos pondremos; y no pasa nada. Hay que desdramatizar.

 

Pedro López. Biólogo

Grupo de Estudios de Actualidad


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