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Neuroscouting, cuando el béisbol conoció a la neurología

08/12/2016 17:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Después de haber elegido a Mookie Betts en la quinta ronda del draft del 2011, los periodistas le preguntaron a un Theo Epstein que agotaba sus días como general manager de los Red Sox qué veía en ese chaval.

Epstein soltó los tópicos habituales. "Es un gran atleta". "Un chico trabajador". "Bla bla bla". Pero al final dijo algo bastante más atípico. Las palabras literales fueron: "...also was pretty elite in [...] the way his mind worked...". Es decir, que también era increíble la forma en que le funcionaba la cabeza.

Los periodistas, sorprendidos, se interesaron por el asunto. ¿Qué quería decir exactamente Theo con eso de la cabeza? La respuesta resultó todavía más enigmática. "No puedo hablar de ello. Si lo hiciera os tendría que matar después".

En aquel momento no lo sabíamos, pero por primera vez eso que hemos acabado llamando neuroscouting se había cruzado en nuestro camino.

El origen del neuroscouting

Jason Sherwin y Jordan Muraskin se conocieron en la Universidad de Columbia, en concreto en el Laboratory for Intelligent Imaginng and Neural Computing (LIINC). Jason se había doctorado en Georgia Tech y acabó cursando un posdoctorado en la Universidad de Columbia. Allí investigaba cómo la percepción de las personas afecta a la toma de decisiones desde el punto de vista de la neurociencia. Por otro lado, Jordan trabajaba en las tomografías con resonancia magnética y buscaba su posible aplicación en el campo del Alzheimer y el envejecimiento.

Descubrieron que más allá de sus campos de investigación había una pasión que les unía: el béisbol. Una de las cosas que más les fascinaba era el papel del cerebro en el acto de batear. ¿Cuánto tarda un bateador en reconocer un lanzamiento? ¿Cuánto tarda el cerebro en decidir si batear o no? ¿Cómo de importante es esto? En sus estudios iniciales llegaron a la conclusión de que el elemento crítico es el tiempo que el cerebro tarda en reconocer el pitch. Cuanto antes se reconozca el lanzamiento más probabilidades de éxito.

Pensemos que una bola tarda unos 600 milisegundos en recorrer los 18.44 metros (60'6") que separan el montículo del plate. En ese tiempo el bateador debe: 1) identificar el lanzamiento (bola rápida, curva, slider...); 2) determinar si va dentro o fuera de la zona de strike; 3) decidir si lo batea o no; y 4) en caso de batear ajustar su swing al lanzamiento. Dejemos de lado cosas "menores" como conseguir hacer contacto, que este sea sólido o dirigir la bola a la zona del campo que se quiere. Ya lo dijo Ted Williams, "la cosa más complicada en cualquier deporte es batear una bola de béisbol."

Convencidos de la utilidad de su descubrimiento Sherwin y Muraskin fundaron una empresa llamada Neuroscout (más tarde pasaría a llamarse deCervo). Allí desarrollaron una manera muy sencilla para evaluar el tiempo que alguien tarda en reconocer un lanzamiento. Basta con un portátil y un dispositivo que se "enchufa" a la cabeza.

El sujeto que se somete al test se planta frente a la pantalla del ordenador y ve como en un fondo blanco aparece un punto verde que se va "acercando". De este forma tan esquemática se simula un pitch desde el punto de vista del catcher. Cuando el sujeto identifica el lanzamiento entre bola rápida, curva o slider debe pulsar un botón. El dispositivo colocado en la cabeza mide distintos aspectos relacionados con la actividad cerebral.

El experimento

En octubre del 2014 Sherwin y Muraskin tuvieron la oportunidad de evaluar al equipo de béisbol de la Bradley University. Se desplazaron hasta Peoria, Illinois, y en apenas cinco minutos con cada jugador extrajeron toda la información que necesitaban. Cinco minutos en los que cada chico debía ponerse frente a la pantalla de un ordenador con ese extraño cacharro en la cabeza y apretar un botón.

Después de poner en orden los datos extraídos Sherwin y Muraskin se reunieron con los entrenadores. Estos, con mucha curiosidad, preguntaron por un jugador concreto. Se centraron en un chico que cuando fue reclutado apuntaba a súper estrella pero que no terminaba de funcionar. Era un atleta privilegiado, de eso no había duda, y su swing dejaba bocas abiertas en las prácticas de bateo, pero no rendía en los partidos de verdad. Los dos investigadores consultaron sus gráficos y tablas. El problema del chico era que reconocía tarde los pitchs y tardaba mucho en decidir si los bateaba o no. En el instituto esto no es un gran problema, pero a medida que el nivel de los pitchers aumenta puede ser un factor crítico.

"Pensemos en un Jugador A y en Jugador B", explicaba el propio Jason Shervin. "Ambos han bateado .800 en el instituto, una media espectacular. El Jugador A identifica los lanzamientos unos cinco pies después de que el pitcher suelte la bola. Por otro lado, el Jugador B lo hace a unos 20 o 30 pies. En el instituto esa diferencia no es gran cosa, pero cuando empiecen a subir las velocidades de los lanzamientos, cuando las bolas empiecen a romper de una manera más agresiva, cuando lleguen a las Mayores, esa diferencia de 25 pies entre el momento en que el Jugador A toma su decisión y el Jugador B toma la suya es brutal. Básicamente es la diferencia que los Mets vivieron con Darryl Strawberry y Billy Beane".

La investigaciones de Sherwin y Muraskin no han sido pioneras, guardan cierta relación con las llevadas a cabo por el neurólogo Harold Klawans a mediados de los noventa. En 1993 Klawans, al igual que medio mundo, quedó en estado de shock cuando Michal Jordan anunció el final de su carrera como jugador de baloncesto y su intención de jugar al béisbol. La sorpresa del neurólogo fue todavía mayor cuando vio como Jordan fracasaba estrepitosamente.

imageJohn Kruk

¿Cómo era posible que el mejor atleta que jamás hubiera existido fuera un inútil jugando al béisbol? Mientras que un físico privilegiado como Jordan era incapaz de batear una bola, un tío de menos de 1, 80 y de casi 100 kilos bateaba por encima del .300 y acumulaba varias participaciones en el All-Star de la MLB. Ese era John Kruk, que tenía pinta de muchas cosas pero no de deportista. Fumaba, bebía y estaba pasado de peso. La leyenda dice que una ocasión una señora le recriminó que sus prácticas no eran propias de una atleta. La respuesta de Kruk pasó a la historia: "Señora, yo no soy un atleta, soy un jugador de béisbol".

Las investigaciones llevadas a cabo por Klawans, reunidas en parte en un libro llamado Why Michael Jordan Couldn't Hit, le dieron la razón al bueno de Kruk. Batear una bola de béisbol es algo tan complicado que el cerebro debe aprender a hacerlo en edades tempranas, cuando aún se está desarrollando. Klawans nos dice que una vez el desarrollo cerebral ha terminado será mucho más difícil adquirir la habilidad de batear y prácticamente será imposible de dominar. Es una caso similar al del aprendizaje de un nuevo idioma, algo que se vuelve tremendamente complicado a medida que envejecemos. Al parecer la sinapsis entre las células nerviosas es algo que se fortalece si se usa en la juventud, pero que se atrofia y desaparece por la falta de uso.

De hecho Sherwin y Muraskin no solo han desarrollado una manera para medir "lo bien que funciona la cabeza de un prospect", sino que han creado una serie de ejercicios para mejorar su rendimiento, es decir para ayudar a fortalecer la sinapsis. A fuerza de practicar en el programa de identificación de pitches se han visto mejoras sustanciales en las prestaciones de los bateadores en el cajón.

Dan Vogelbach, drafteado y formado por los Cubs y a día de hoy en Seattle, ha reconocido que esos ejercicios le ayudaron mucho. Stephen Bruno, aún en los equipos de Ligas Menores de los "Cubbies", ha declarado lo importante que el programa ha sido para él a la hora de reconocer lanzamientos. "Solo tienes cuatro at-bats en un partido", dice Bruno. "Pero puedes tener hasta veinte en un día si le dedicas un poco de tiempo al neuroscouting". "La diferencia es enorme", matiza.

A día de hoy se sabe que tanto deCervo, la empresa de Sherwin y Muraskin, como otra compañía llamada NeuroScouting LLD trabajan con distintos equipos de las Mayores, pero el secretismo es absoluto. Más allá de los Red Sox, los Rays y los Cubs no se sabe a ciencia cierta que franquicias han incorporado el neuroscouting a su estructura.

Yogi Berra dijo hace ya unos años que "el béisbol es noventa por ciento mental y la otra mitad es físico". Siempre se tomó la frase como uno más de los simpáticos "yogimos" del catcher, pero la ciencia está demostrando que Berra tenía razón. Hay quien ya habla del neuroscouting como la nueva revolución "sabermétrica".


Sobre esta noticia

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Fuente:
sportsmadeinusa.com
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Reportaje
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