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Niehous, Salom Meza y Rodríguez, las claves del espectro político turbulento en Venezuela

26/02/2019 14:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

No debemos olvidar que los mesianismos políticos pueden transformarse fácilmente en abismos democráticos

El Reloj del Tiempo

¿Están en peligro nuestras democracias? Analizando la caída de varias democracias en Europa y Latinoamérica, los autores concluyen que sí. Las democracias, pueden no durar para siempre. Las democracias pueden morir, incluso a través de las elecciones de líderes que tras la victoria deciden atacar el sistema desde adentro.

No debemos olvidar que los mesianismos políticos pueden transformarse fácilmente en abismos democráticos. Cuando el único eje de discurso político que tiene una sociedad es basarse en la polarización para buscar la alternancia de poder estamos corriendo un riesgo enorme.

Mao Tse Tung, dio la clave para el éxito o fracaso de la derecha o izquierda latinoamericana, su tesis política es muy clara para avanzar en la cooptación de los liderazgos internos.

Por todas estas razones, el nuevo escenario político que abre Jair Bolsonaro en América Latina, más que conclusiones generan nuevas preguntas. Si esta nueva ola de gobiernos más conservadores no termina siendo la solución a la corrupción de muchos gobiernos de América Latina, ¿cuál será el siguiente paso? En su reciente libro Cómo mueren las democracias (Editorial Ariel, 2018), Steven Levitsky y Daniel Ziblatt de la Universidad de Harvard, nos alertan sobre una pregunta central en este contexto en que crece el populismo en diferentes partes del mundo:

América Latina es un gran tablero de ajedrez. Estados Unidos-Europa, con blancas; China-Rusia, con negras; buscan promover sus intereses geoestratégicos a lo largo de la partida. Y, de todas las casillas, la más perjudicada será Venezuela, porque bajo la presidencia del presidente Nicolás Maduro hemos estado bajo la injerencia del gobierno de La Habana y existe un estimado de cincuenta mil ciudadanos cubanos en nuestro país ejerciendo cargos de dirección y nuestra FANB se encuentra bajo su control. Sus gigantescas reservas de materias primas sacian las necesidades de empresas chinas y rusas, donde a la vez emana el petróleo que bombea las finanzas de los amigos de la revolución bolivariana en la región: Cuba, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y una galaxia de estados caribeños.

EEUU no sólo busca dar “jaque” a Maduro, sino que lanza un misil contra la denominada “troika de la tiranía”, triángulo formado por Venezuela, Cuba y Nicaragua al que así apodó recientemente John Bolton, el consejero de Seguridad Nacional de Trump. Con su ‘diplomacia petrolera’,  Caracas ha apoyado a los aliados del chavismo con una simple fórmula: ayuda financiera y crudo barato. Cuba y Nicaragua —entre otros— compraban petróleo a precios preferenciales, mientras que Ecuador (con Rafael Correa) o Bolivia cerraban multimillonarios acuerdos de inversión con Venezuela.

 

Pero, todo esto comenzó en las contradicciones del Partido Comunista de Venezuela con los partidarios de izquierda que, posteriormente apoyaron a Rafael Caldera Rodríguez en el llamado chiripero y que, en el tiempo, COPEI, se dividió en Primero Justicia y en Voluntad Popular, dando origen a un choque de trenes entre copeyanos e izquierdistas con un gran saldo negativo para nuestra juventud bolivariana y venezolana por sus muertes a temprana edad en manos de los manipuladores del poder.

 

Pero Venezuela también representa un desafío para el Partido Demócrata. ¿Puede encontrar su voz sobre Venezuela, y sobre política exterior en general? Hay signos preocupantes de que la nueva política exterior demócrata podría acabar siendo un aislacionismo reflexivo no tan diferente de los instintos del “América Primero” del presidente Trump.

 

Debe apoyar una transición política que no amenace tanto a la vieja guarda como para que luche hasta el final. Y Estados Unidos debe unirse a otras naciones para ayudar a un país que ha sido virtualmente destruido durante la última década. Todo esto requiere de diplomacia cauta, multilateralismo y presión tranquila, no de grandilocuencia.

El régimen de Chávez-Maduro ha destruido la que una vez fue la nación más rica de Latinoamérica, produciendo una tasa de inflación casi inimaginable

La congresista Tulsi Gabbard (demócrata por Hawái) ha dicho: “Estados Unidos necesita quedarse fuera de Venezuela. Dejen que el pueblo venezolano determine su futuro”. El congresista Ilhan Omar (demócrata por Minnessotta) ha dicho: “No podemos designar a dedo líderes para otros países en beneficio de intereses corporativos multinacionales”. El senador Bernie Sanders ha indicado: “Debemos aprender las lecciones del pasado y no meternos en el negocio del cambio de régimen o del apoyo a golpes de estado”. El héroe izquierdista Noam Chomsky y varias docenas de otros académicos y activistas han firmado una carta culpando en gran medida a las acciones estadounidenses de la crisis en Venezuela.

 

¿Realmente hay que explicar que los problemas de Venezuela han sido causados principalmente por su propio Gobierno ruin? ¿Que al pueblo de Venezuela no se le ha permitido determinar su propio futuro o elegir a sus propios líderes desde hace años, ya desde la época de gobierno de Hugo Chávez? El Gobierno actual se ha aferrado al poder amañando elecciones, aplastando a los partidos de oposición, silenciando a los medios y usando la fuerza letal contra los manifestantes. Durante una sola semana en enero, fuerzas pro-Maduro han matado presuntamente a al menos 30 personas y arrestado a no menos de 850, según Naciones Unidas.

 

El régimen de Chávez-Maduro ha destruido la que una vez fue la nación más rica de Latinoamérica, produciendo una tasa de inflación casi inimaginable de 1 millón por ciento (los precios se duplican aproximadamente cada 19 días). El indicador más simple y lúgubre de lo mal que están las cosas en Venezuela es que desde 2015, un número estimado de 3 millones de venezolanos han salido del país. Eso es más o menos un 10 por ciento del país, equivalente a un éxodo de 33 millones de estadounidenses. Pero más millones de venezolanos se han quedado y están luchando. Han salido en masa a votar contra su Gobierno, casi expulsando a Maduro en 2013 a pesar de unas elecciones injustas, y llevando al poder a una oposición parlamentaria en 2015.

 

Durante los últimos años, los venezolanos han organizado protestas masivas contra el régimen, haciendo frente al gas lacrimógeno, las detenciones y las muertes. Se han unido detrás de un líder opositor, Juan Guaidó, y están usando un proceso constitucional para trasladar el control del Gobierno desde el régimen hasta el parlamento electo.

 

Amigos, los pensamientos y las oraciones no nos llevarán demasiado lejos. Debemos hacer más. Este mes de trágicas muertes y violencia debe servir como una llamada de atención para los venezolanos. Mirémonos a fondo y reconozcamos nuestras faltas. ¿Hemos sido parte del problema? ¿Hemos sido meros espectadores? ¿Podemos ser parte de la solución?

En momentos como estos, los líderes suelen llamar a un “diálogo nacional”. Y aquí propongo una idea: empecemos con un diálogo individual. Hablemos el uno con el otro. Escuchémonos el uno al otro. Respetemos las diferencias y la diversidad de cada uno.

Las palabras importan. El carácter de nuestros líderes importa. Todo, tiene un origen y el pueblo lo decidió así, existir entre estas controversias., Recordemos las palabras de Salom Meza Espinoza, antes de ser detenido, es una gran reflexión, investiguemos, les dejo esta tarea.

Hay mucho que podemos hacer cada uno para sanar la herida racial y nuestras heridas nacionales. Nuestras acciones individuales, nuestras palabras, nuestra actitud y nuestro voto pueden marcar una diferencia.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1182 noticias)
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Opinión
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