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Obama, el Premio Nobel de la Paz que descubrió el drone como máquina perfecta para matar

30/04/2015 05:10 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Tras los primeros éxitos, la CIA señaló que los drones eran “el arma más precisa jamás inventada“, tan perfecta, que los civiles nunca más serían víctimas colaterales de la guerra. Pero la realidad ha sido superior a los cálculos

En la operación contra un campamento de Al Qaeda en la frontera entre Pakistán y Afganistán, los drones de Obama cometieron un error. Ese «error» consistió en la muerte por un ataque de un avión a control remoto controlado por la CIA, de dos cooperantes occidentales, el norteamericano Warren Weinstein (73 años), y el italiano Giovanni Lo Porto (39 años). El presidente de EE.UU. Asumió “toda la responsabilidad“ y subrayó que como padre y marido entiende perfectamente el dolor de las familias de los dos hombres.

Las muertes se produjeron al atacar un campamento de Al Qaeda, en el que falleció además un miembro norteamericano de la organización yihadista, Ahmed Farouq. Como informaron los corresponsales en Washington, el presidente de Estados Unidos “tuvo“ que comparecer, obligado por una información de “The Wall Street“ sobre este hecho publicada el pasado enero. Ahora, Obama se ha comprometido a desvelar a las familias de las víctimas todos los detalles de la operación, hasta ahora clasificados, tras excusarse diciendo que los responsables de la misma desconocían que en el campamento había rehenes de Al Qaeda.

Así las cosas, las muertes de los cooperantes ha puesto la cuestión de nuevo en el centro del debate. “The New York Times“ abría la edición digital de hace días con un análisis acerca de la incómoda realidad de los drones: “Estados Unidos a veces no puede asegurar a quien va a matar en una operación“. El autor recuerda un discurso de Obama sobre los drones de 2013, en el que aseguraba que no se disparará a menos que se tenga la certeza absoluta de que ningún civil pueda salir herido. Además, Obama añadió que las muertes de civiles a manos de norteamericanos le perseguirán toda su vida.

En este "error" reconocido por Obama no entran los cientos de víctimas civiles, hasta 1063, según estimaciones del “Bureau of Investigative Journalism“, después de operaciones como esta. Para algunas ONG contrarias al uso de drones para la guerra, estos muertos sin nombre están considerados como condenados por  Obama a pena de muerte sin juicio previo.

Pocos días después del 11-S, y tras años de investigación y desarrollo, la CIA realizó su primer objetivo mediante un avión no tripulado, o drone. Desde entonces, los ataques con estos dispositivos han jugado un importante papel en la “guerra contra el terror“ de Estados Unidos en países como Afganistán, Pakistán, Yemen o Somalia

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Todo empezó en Yemen. Durante la administración Bush, según se incluye en la revista “A Fondo“, la CIA dirigió en este país, actualmente en guerra, un drone RQ-1 Predator contra un vehículo en movimiento. Los disparos con misiles Hellfire acabaron con seis personas que iban en el vehículo, acusadas de estar vinculadas a Al Qaeda, entre ellas, un alto dirigente de la organización, Abu Ali al-Harithi.

Las víctimas colaterales de la guerra, según recoge el analista Chris Wood en su libro “Justicia súbita: la guerra secreta de los drones de Estados Unidos“,   superan con mucho a las víctimas causadas por el presidente George W. Bush en sus peores días.

Sin embargo y a pesar de la intensa actividad de Al Qaeda, Estados Unidos no volvió a realizar “asesinatos selectivos“ desde 2002 hasta 2009, el año de la llegada al poder de Barack Obama.

Tras un ataque con drones norteamericanos en la ciudad pakistaní de Khashamir, en septiembre de 2013, que además de matar a dos terroristas de Al Qaeda costó también la vida de un clérigo y un policía ajenos al grupo yihadista. Todos los habitantes de las localidad, hombres, mujeres y niños vieron las fotos de los restos del ataque, según recogió la organización Human Rigths Watch en un informe titulado “Entre un dron y Al Qaeda“, en 2013. Todos ellos vieron los cuerpos de las víctimas  desmembrados. Ahora, cuenta un familiar de las víctimas a HRW, “cuando los del pueblo ven esas fotos, piensan en Estados Unidos“.

Sin que mueran soldados era la idea que la Casa Blanca se hacía de las futuras guerras del ejército norteamericano, con robots, aviones no pilotados y nanotecnología. La realidad al resultado lo contrario

A Obama le gustaba la idea de retomar las operaciones de asesinatos selectivos con drones: podía acabar con terroristas peligrosos en poco tiempo y sin poner en juego la vida de soldados. Cada muerto es una pesadilla de relaciones públicas, especialmente para un Gobierno como el de Obama, que llegó al poder hablando de salir de Irak y que en cambio ha acabado metido en el fango hasta la cintura en otras guerras sucias, mientras que la muerte de civiles en Pakistán, siempre susceptibles de ser catalogados como terroristas o afines a grupos terroristas, no lo es.

En Pakistán, Yemen y Somalia, la administración de Obama ordenó más de 400 ataques con drones, ocho veces más que los ordenados durante la presidencia de George Bush, según señala el TBIJ.

Y no sólo pakistaníes, afganos, yemeníes o somalíes (países donde EE.UU. también despliega de forma oficial sus drones). Lo peor para Washington, por tener un coste político incalculable, serían las víctimas norteamericanas. Hasta ahora lo habían sido siempre “sospechosos”, de una forma u otra, por terrorismo -aunque solo uno, Anwar al-Awlaki, imán acusado de servir a Al Qaeda, era un objetivo de la inteligencia-. Pero con la muerte de Warren Weinstein (ya son ocho los norteamericanos muertos) por un drone, este hecho se convierte de inmediato en carne de cañón para los críticos del que supuestamente era un método infalible con el que cumplir objetivos sin daños colaterales.

El Estados Unidos de Obama  dispone ahora de una flota de unos 7.500 drones (algunos los cifran en 18.000, y su Fuerza Aérea no pilotada entrena a más operadores de estos aviones teledirigidos que a pilotos de cazas y bombarderos de la Fuerza Aérea de su país.

La ejecución extrajudicial es legal en Estados Unidos porque el presidente lo quiere lo cual lo era antes de que lo pusiera en videncia el discurso televisado del Fiscal General de los Estados Unidos Eric Holder. No sabemos lo que pasará ahora, tras la muerte de  los dos cooperantes.

¿Dará marcha atrás el presidente Obama en el empleo de drones? Hay una razón táctica para que lo haga y es que él mismo ha dado a los yihadistas un argumento infalible contra esos asesinos sin ojos. De aquí en adelante los terroristas de Al Qaeda y del Estado Islámico lo que indefectiblemente harán es poner a los rehenes como acompañantes en todas sus patrullas y operaciones y Obama no se atreverá a atacarlos por miedo de matar civiles. O todavía peor esos terroristas pueden poner incluso niños como  acompañantes. Así es como el presidente tendrá que reducir a los drones al papel de aviones de reconocimiento, no de asalto.

Lo peor es que DARPA (Defense La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada  de EE.UU.) había ido creando y desarrollando nuevas generaciones de nanovehículos aéreos no tripulados, para que Obama jugara a la guerra y a matar, siguiendo el con cara de niño bueno. Además ha facilitado el intercambio de ideas entre sus aliados-como Israel- en pro de estas técnicas. Los últimos aparatos sin piloto tienen alas muy alargadas como aquellos U-2 de la guerra fría.

Un sitio web proporcionaba la plataforma para que los aliados internacionales aprendieran la colaboración, el diseño y el desarrollo de esas técnicas. Pero desde ahora son secretos. Una empresa de fabricación  modificó la parte superior del dron para proporcionar mejor visión a los que los equipos que los manejan a distancia. Ahora nadie sabe que va a pasar después del error de Obama. Había muchas especificaciones técnicas y proyectos para que los drones de Obama pudieran cumplir sus numerosas misiones diarias, incluido el Yemen. El objetivo de los "juguetes" en proyecto consistía en lograr un sistema de drone que pueda caber en una mochila de un solo soldado, de despegue vertical y, que volara a la zona de destino, evitando obstáculos naturales y dispositivos enemigos, para llegar al combate y transmitir video por varias horas, volar de espalda, superar cualquier comunicación de fuera (evitar posibles hackers que le cambien de rumbo metiéndose en la misma frecuencia), seguir su objetivo en movimiento en tiempo real y regresar y aterrizar en casa con seguridad.

La nanotecnología prometía a Obama antes de dejar el poder en manos de Hillary Clinton (ese es el objetivo) armas nano del tamaño de una mosca más destructivas que las nucleares, químicas y biológicas actuales: un bolígrafo que podría destruir toda una ciudad. Cualquier país o grupo  podrá disponer de ellas porque los materiales necesarios para su fabricación estarán por todas partes debido a los múltiples usos y proliferación de las nanotecnologías. Aunque mejorarán las capacidades defensivas de los países pioneros, las nanoarmas cambiarán las reglas de la disuasión y los actuales esquemas de poder mundial, según predica o predicaba el presidente a sus íntimos.

Parece que a Obama con su cara de niño grande, no le importa demasiado el futuro pero podría llevarse una sorpresa si le declaran criminal de guerra

A más largo plazo, la nanotecnología servirá para desarrollar armas biológicas inteligentes, capaces de buscar y no dañar a humanos indefensos. En una sola maleta podrían caber muchas armas de este tipo, cargadas de capacidad destructora.

Materiales capaces de reconfigurarse también estaban siendo diseñados por DARPA a disposición de los militares en pocos años. Gracias a la nanotecnología, estos materiales inteligentes cambiarán de forma  como los músculos humanos.

El Congreso de Estados Unidos iba a aprobar el Presupuesto 2016 del Pentágono,   tras un compromiso entre demócratas y republicanos, con gastos  casi billonarios incluida una nueva subida de sueldos no detallada a los que cumplen misiones  en operaciones fuera del territorio de EE.UU., de los cuales la mayor parte se concentrará en Afganistán  en Pakistán, Yemen y en países en que los yihadistas son fuertes.

La kill list y las ejecuciones extrajudicales con aviones pilotados a distanciaen cinco países

Así como tuvieron que pasar años, hasta 2005, para descubrirse el programa secreto de secuestros de la CIA que se había iniciado en realidad cuatro años antes, en 2013 el mundo se enteraría también que las ejecuciones extrajudiciales con drones nacieron también en aquella época. Pero junto a ese dato se supo también que si hubo 48 ataques de ese tipo en los ocho años que Bush estuvo en el poder, al cumplir cinco años como inquilino de la Casa Blanca ya llevaba Obama contabilizaba 390 ataques realizados en Pakistán, Irak, Afganistán, Yemen o Somalia, que provocaron la muerte de entre 4.000 y 5.000 personas, buena parte de ellas civiles.

Obama adoptó los asesinatos con drones como su método favorito, como el arma ideal, y  solo tres días después de entrar en la Casa Blanca, el 23 de enero de 2009, cuando aún seguían escuchándose en todo el mundo los elogios a Obama por acabar con la cruzada de Bush, el flamante presidente ordenaba su primer ataque con drones. Sucedió en Pakistán, murieron entre 7 y 15 personas, la mayoría de ellas civiles, simples daños colaterales para la CIA. Meses después, en diciembre de ese año, el presidente ordenaba su primer ataque en Yemen, contra lo que, según la CIA, era un campamento de Al Qaeda al sudeste de la localidad de Al-Majala. Fue un ataque combinado con misiles disparados por un drone y bombas de racimo. Luego se conocería que habían muerto 14 mujeres y 21 niños.

Y, cuando poco después, solo 11 meses después de llegar al poder Obama fue a Oslo a recoger su Premio Nobel de la Paz 2009, ya habían muerto por los ataques de drones más personas que durante los ocho años de mandato de Bush.

Obama creyó encontrar en los drones la fórmula ideal para dar continuidad a la guerra contra el terror de Bush, y a su vez evitar el rechazo nacional cada vez mayor que provocaba en EEUU la muerte de los miles de jóvenes soldados caídos en las guerras de Irak y Afganistán. El mediático presidente se había dado cuenta que la guerra protagonizada por drones dirigidos por control remoto desde miles de kilómetros de distancia,   permitía a Washington evitar el rechazo de la comunidad internacional ante el cúmulo de atropellos a la población civil que siempre van vinculados con las intervenciones de sus tropas en conflictos en el extranjero.

Él, el hombre que reivindica a Luther King, el hombre defensor de los derechos humanos, el presidente a quien pocos meses después de asumir el poder se le otorgó el Premio Nobel de la Paz no por sus hechos sino simplemente por sus promesas, es el que no ha tenido ningún reparo moral a la hora de ordenar personalmente ejecuciones sumarias en lejanos países, con o sin el consentimiento siquiera de sus propios gobiernos y sin que medie en ningún caso una declaración de guerra.

Todos los martes por la mañana el presidente mantiene una reunión con el gabinete antiterrorista constituido por Jack Brennan, exconsejero jefe en materia antiterrorista de Obama y actual director de la CIA; Thomas E. Donilon, consejero nacional de Seguridad, y otras dos decenas de altos cargos de otras agencias de Inteligencia y de las fuerzas armadas.

Obama instauró estas reuniones en la Situation Room de la Casa Blanca para controlar de forma personal la kill list que le ofrecen sus asesores semanalmente. Son ellos los que eligen los candidatos, generalmente sospechosos de pertenecer a algunas de las organizaciones que forman parte de Al Qaeda o que tienen algún acuerdo con ella. El presidente analiza el dossier de cada candidato, los cargos existentes contra él, la importancia de su responsabilidad en la escala terrorista, examina fotos, vídeos, se le proporcionan datos sobre su localización, sobre su situación familiar, sobre las posibilidades de alcanzarlo con un misil disparado desde un drone, los riesgos de daños colaterales (léase, muerte de civiles) y los previsibles efectos que pueda producir su ejecución extrajudicial.

Con esos datos en la mano, el presidente evalúa los pros y los contras de esas operaciones clandestinas, valora sus consecuencias políticas, y decide matar o no matar al candidato, como los antiguos reyes absolutistas, o como el César hace tantos siglos, cuando, tras una contienda entre gladiadores en el circo romano, indicaba con su pulgar, con un gesto hacia abajo o hacia arriba, si el gladiador vencido en la arena del circo debía morir o no.

Obama parece copiar la metodología practicada desde hace años por Israel, donde un equipo compuesto por representantes de las fuerzas armadas, del Mossad, y asesores antiterroristas, ofrece al primer ministro periódicamente la carta con los distintos candidatos a morir víctimas de un misil lanzado por un drone; o por medio de los disparos de fuerzas especiales (francotiradores) que actuan camufladas en territorio palestino ocupado, o por agentes del Mossad llevando a cabo asesinatos selectivos en el exterior

En no pocas ocasiones, los ataques realizados con drones no tienen ni siquiera como objetivo a combatientes terroristas, sino a civiles «peligrosos»

Fue este el caso del imán norteamericano Anwar al-Awlaqui, asesinado en Yemen en septiembre de 2011, no por empuñar un arma contra objetivos de EEUU sino por sus llamamientos a la yihad. Su hijo adolescente sería asesinado también "por error" dos semanas más tarde.

La polémica de los asesinatos selectivos se desató en EEUU fundamentalmente a partir de esa ejecución. Era la primera vez que el propio gobierno de washington ordenaba matar a sangre fría en el extranjero a un ciudadano norteamericano. Se exigió transparencia sobre ese programa letal ejecutado a través de drones; se preguntó sobre la legislación que lo amparaba.

El director de la CIA, que es desde 2009 el principal supervisor de las ejecuciones con drones que tiene Obama, sintetizó la postura del gobierno con estas palabras: «Debemos optimizar la transparencia en estos asuntos, estoy de acuerdo, pero, al mismo tiempo, debemos optimizar el secretismo y la protección de la seguridad nacional».

En esas operaciones clandestinas realizadas en cualquier región del planeta, en esas ejecuciones, siempre mueren civiles, ciudadanos que no aparecen en ninguna lista. Y es que para la CIA y el Pentágono todo varón "en edad de combatir", se contabiliza automáticamente en la lista de los "combatientes enemigos" a abatir. Y si en el lugar del inminente atentado contra él con misiles mueren bebés, niños, mujeres o ancianos, en el mejor de los casos, entran en la categoría de daños colaterales y hasta puede que  sus familiares o su clan reciban alguna indemnización, si hay escándalo en la prensa.

Y los drones de Obama son solo una punta del iceberg, una pequeña muestra del mundo bélico que viene, un adelanto de la guerra robótica, de la futura guerra entre drones, aviones y helicópteros, de los camiones militares sin conductor, la guerra entre soldados-robot, de los videojuegos convertidos en realidad, donde el control de la alta tecnología jugará un papel fundamental, donde quien la controle, quien tenga el control de esas Play Station letales tendrá el poder, y el que no la tenga seguirá poniendo los muertos.

Los drones, al igual que toda una amplia variedad de artefactos mortíferos preparados para la guerra robótica y todos los que están en vías de experimentación, multiplican aún más la superioridad militar de EEUU y cuestiona totalmente el sistema defensivo de cualquier país, e inicia una nueva era en la historia del imperialismo estadounidense aún más peligrosa para el mundo.

 

 

 

 


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