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Olentzero, la historia del Noel vasco y sus avatares durante el franquismo

23/12/2016 06:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Olentzero, significa “tiempo de lo bueno”, está asociado con los festejos anteriores al cristianismo, al fin del periodo más oscuro del año. Es un personaje popular tradicional que existe en muchos pueblos europeos. En Euskal Herria en los últimos años los niños esperan a Olentzero

 

Olentzero joan zaigu

mendira lanera

intentzioarekin

ikatz egitera.

Aditu duenian

Jesus jaio dela

lasterka etorri da

berri ona ematera.

Horra! Horra! Gure Olentzero!

Pipa hortzetan duela

eserita dago

kapoiak ere baditu

arraultzatxuakin

bihar meriendatzeko

botila ardoakin.

Inolaz ezin dugu

Olentzero ase

bakarrik jan dizkigu

hamar txerri gazte.

Saiheski ta solomo

makina bat este

Jesus jaio da eta

alaitu zaitezte.

Horra! Horra!...

El personaje mitológico de origen navarro que reparte regalos el 24 de diciembre sobrevive con popularidad a su ancestral historia. Carbonero bebedor y bonachón, gigante mítico de las montañas, noticia de la llegada del niño Jesús, castigador temible o anunciador del solsticio de invierno. La ancestral historia de Olentzero es tan variada como las formas que ha adoptado a lo largo de ella, algunas incluso antagónicas.

La figura que a día de hoy desfila todos los 24 de diciembre por Euskadi y Navarra repartiendo regalos ha sobrevivido a lo largo de los siglos adaptándose a épocas y creencias.

Olentzero, que significa “tiempo de lo bueno”, está asociado con los festejos del solsticio de invierno anteriores al cristianismo como los Saturnales romanos, que celebraban el fin del periodo más oscuro del año. Los días comienzan a alargarse y la luz triunfa sobre las tinieblas. “Es un personaje que sigue una tradición que existe en muchos pueblos con bosques, como en Baviera o el Tirol”, explica Xabier Martínez Álava, miembro de la Asociación de Amigos del Olentzero de Pamplona.

La llegada del cristianismo a Navarra cambió su rol. Bajo la nueva fe, el personaje mitológico se convirtió en anunciador de la llegada de Jesucristo. También se asocia a la Iglesia su fisionomía obesa y la condición de borracho, en un intento de caricaturizarlo. En sus orígenes, los jóvenes del pueblo portaban un muñeco de paja que paseaban por las calles, recogiendo dinero y comida para luego hacer una merienda. “En ocasiones se quemaba, simbolizando el cierre de un ciclo, aunque no era práctica habitual”, indica Martínez Álava.

La figura de Olentzero, sin embargo, no ha estado asociada siempre al carácter festivo. A veces se ha convertido en un personaje de terror. En el siglo XVIII se avisaba a los niños de que bajaba por la chimenea con su hoz y, a aquellos que no estuviesen dormidos, les cortaba el cuello. El proceso de cristianización de la figura también tiene su reflejo en las amenazas a adultos, quienes en sus orígenes podían correr la misma suerte si no mantenían limpias sus chimeneas.

Esta norma se desvió hacia aquellos que no cumpliesen con el ayuno. San Nicolás y el tronco de Navidad “En muchos pueblos existe el tronco de navidad, que se quemaba y cuyas cenizas se guardaban durante todo el año como símbolo de purificación del pasado, una tradición relacionada también con Olentzero”, destaca Martínez Álava. Esa tradición abarcaba todos los Pirineos y consistía en encender un pesado tronco el día de Nochebuena, que debía permanecer vivo hasta Nochevieja o el día de Reyes.

Sus denominaciones son muy variadas: sukilero, la tronca, el tió, la toza o la rabasa son algunas de ellas. Según la leyenda, Olentzero bajaba de las montañas el 24 de diciembre a las doce en punto para calentarse junto al tronco encendido. La figura del carbonero mitológico se asocia también con la celebración de San Nicolás, un festejo de los niños europeos que tenía lugar el seis de diciembre y en la que se repartían regalos.

Los emigrantes europeos llevaron esta celebración a Estados Unidos donde en el siglo XX se fundirían las distintas imágenes dando lugar a Santa Claus. Olentzero, fiel a los designios humanos, se convirtió también en repartidor de regalos. Los cambios físicos y de personalidad de Olentzero son habituales en su larga tradición.

Ahora es más estilizado, luce barba gris y tiene mujer, Mari Domingi, que desfila junto a él. La pipa que siempre lo acompañaba también desapareció cuando se decidió que no fumara. Lo que sí es una constante es su presencia histórica, que ha sobrevivido durante siglos. “Este personaje de la mitología vasca nunca ha desaparecido de la zona de Lesaka (Navarra), su cuna; incluso en la época franquista, en la que se intentó borrar la cultura vasca, se celebraban concursos de Olentzero”.

La salida de Olentzero por las calles tanto de Pamplona como de Donostia a partir del 1956-1957-1958 dependía del humor de los gobernadores civiles o de las ordenes que estos recibían de Madrid. Estaba muy vigilado y se veían ‘secretas’ por los alrededores, y algunos aprovechaban para dar algún grito de ‘Gora!’. Con todo, la juventud esperaba con ganas el anuncio de que se podía sacar el traje típico –blusa, pantalón y abarcas- hasta la víspera del día mismo. Esto dependía mucho de que no hubiera habido algún juicio o detención por esos días. Por eso, en Gasteiz con el famoso juicio de Vitoria por una huelga de los años 50 Olentzero no apareció allí hasta bien entrados los 60.

Olentzero es algo más que una leyenda que se ha transformado en un personaje popular al que los niños esperan con ansiedad en Navidad

Uno de los protagonistas del desfile de Olentzero recuerda que “más de una vez hubo pelotazos y tener que correr, y eso que éramos unos críos”. “Mi amona de cría ya celebraba Olentzero; eso sí, los regalos que se daban eran nueces y castañas” “Para mí es una foto mítica, ante un mito en una época en la que mi imaginario se iba poblando de referencias mitológicas”.

Han pasado 60 años y cada Nochebuena reúne en las calles de Pamplona a miles de espectadores (unos 60.000 se estiman), agolpados en las aceras. Pero la tradición de Olentzero nació prohibida en Iruñea, de hecho el primer año no tuvo autorización del Gobernador Civil y sus promotores tuvieron que hacer el desfile por la calle San Fermín, en torno a los locales de la Escolanía de San Antonio. Porque los primeros impulsores del desfile, entonces sin carbonero, fueron los chavales de la AAAA de San Antonio (Juventud de San Antonio, después), un grupo formado en 1955 por exalumnos del colegio Capuchinos.

Andoni Santamaría, un incombustible pamplonés ya fallecido, era uno de ellos, con José Antonio Saldise y Francisco Javier Abril, entre otros, como recuerda su hija Irantzu. Andoni y el capuchino José Luis Ansorena Miranda (padre Isidro de Sebastián) fueron, de este modo, dos de los artífices de que esta tradición lesakarra recalara en Pamplona y Donostia.

De su éxito actual tienen mucho que ver los Amigos de Olentzero. “Aún cuando se proyectaba principios de diciembre sacar el día 24 de diciembre por las calles de Pamplona el Olentzero (...)en 1956 no pudo llevarse a cabo por haberlo prohibido la autoridad gubernativa”, recordaba una crónica en la revista Portavoz de la Asociación de Antiguos Alumnos de la Escolanía de San Antonio. Sí que el Ayuntamiento de Pamplona, según los archivos, había dado el visto bueno al desfile navideño.

Los promotores de la petición recordaban que “es una costumbre típica del País Vasco, que según la versión que nuestra asociación le dará, estará integrada de la siguiente manera: sobre un carro de bueyes está montado el Misterio de Belén, alrededor de esta carroza bailan dantzaris (los del Ayuntamiento) al son de txistus y acordeones”. Seguía el desfile “un muñeco grotesco llevado en hombros, rodeado por el coro de la asociación que canta villancicos en vasco”.

Todos los componentes de la comitiva “deben llevar indumentaria típica del país: blusa, pantalón de mahón azul, abarcas y boina negra”, concluía la petición.

Sin embargo, la prohibición del gobernador impidió en 1956 el desfile por la ciudad y los impulsores improvisaron una kalejira en los locales de la calle San Fermín. Sería en 1957 cuando el Gobierno Civil permitió por primera vez “la conocida caravana de tipo vasco Olentzero” el día de Nochebuena.

Se autorizaba la “parte que se puede denominar religiosa” (el Misterio de Belén, luego la Jaiotza), pero no hubo muñeco, y no lo habría hasta 1959. Y el Olentzero por una temporada se llamó la fiesta del Jaiotza.

Xabier Martínez de Álava es en la actualidad una de las caras visibles de la Asociación Amigos de Olentzero, en la que lleva 16 años, y uno de los artífices de que esta tradición navideña haya sobrevivido a pesar de las trabas, primero de la autoridad gubernamental y luego por integrantes del partido UPN en el Ayuntamiento de Pamplona, que eran requetes. Xabier recuerda aquel primer desfile de 1956: “Salimos tímidamente a la puerta del local, pero no pudimos desfilar por el recorrido previsto” y “la fiesta se celebró en el interior de los locales de San Antonio”.

Como mandaba la tradición, se llevaban cestas de cuestación para la cual se extendia una sábana en al que la gente iba arrojando calderilla y lo recaudado se donaba a las familias necesitadas, y era bastante.

En 1959 se introdujo la primera figura del carbonero traída de Lesaka. Los preparativos se realizaban en las cocheras del Irati, hasta 1965, en que se les permitió preparar el desfile en la trasera de la plaza de toros, con el conserje Vitorino. El aspecto de los regalos ha influido notablemente en su popularidad, que crece por todo el País Vasco y Navarra, expandiéndose por zonas alejadas de su hábital habitual, la montaña, como la Ribera navarra o zonas de Álava y Bizkaia. “Está siendo un personaje aglutinador -explica Martínez Álava-; también hay mucho de ese papel de Papá Noel vasco pero eso sí, sin ser una pelea entre personajes: Olentzero comienza la navidad y los Reyes Magos la terminan, y a un chaval pueden traerle regalos ambos”.


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