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Poder y exilio interior

26/06/2010 23:33 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Trata este artículo de cómo el poder tiene poco o nada que comunicar, por lo que debe hacerse con intelectuales que le presten su lenguaje, los cuales crean productos culturales sin real significación que retornan al silencio

A mis queridos amigos Pablo y Gabriel

"La palabra movilizadora, provocativa, que pregunta y que interroga, está siendo suplantada en esas publicaciones por el aturdimiento."

JOSÉ SARAMAGO

EL PODER es pura mudez, plúmbeo silencio. Cuando habla, si habla, impone un pedestre discurso único (uniforme, monolítico, monocorde), mortalmente soporífero, clara representación del vacío y la estolidez que representa y que lo caracteriza: eslóganes, consignas, eufemismos, clichés, frases hechas, interjecciones y onomatopeyas, obviedades sin cuento que quieren pasar, sin lograrlo, por discurso lógico y coherente, amparándose (muchas veces) en el frío y deslumbrador reverberar de los tecnicismos, de los datos y las cifras, de los complejos cuadros estadísticos.

Es por ello que el Poder requiere para perpetuarse y persistir del esplendor y belleza, del prestigio y de la legitimación, en suma, de la ideología y de la cultura y de la palabra. Por lo que tradicionalmente capta a intelectuales y plumíferos con atractivos dádivas y regalías: nombramientos en posiciones públicas relevantes, publicación y difusión de sus obras, intervenciones en significativos actos institucionales, viajes al extranjero, homenajes y reconocimientos, otorgamiento de premios, etc., para que éstos actúen y trabajen de forma esforzada y entregada en la dirección que se les dicta y señala o por lo menos no mantengan una actitud frontalmente crítica ni beligerante contra el poder y sus representantes.

El Poder requiere para perpetuarse y persistir del esplendor y belleza, del prestigio y de la legitimación, en suma, de la ideología y de la cultura y de la palabra

Los intelectuales que no se avienen a las exigencias y requerimientos del Poder, literalmente no existen y viven como auténticos exiliados en sus propios países, reducidos sin más al más abyecto ostracismo, al más escandaloso silencio. ¿Cuántos de estos intelectuales desterrados, que viven en un auténtico exilio interior, tenemos en nuestras cálidas repúblicas que quieren mostrarse ante los ojos del mundo como modernos Estados democráticos en pleno avance hacia el pleno desarrollo y el total progreso? Penosamente quizá sean hoy en día bastante más de los que cada uno de nosotros estamos dispuestos a reconocer.

El asunto tiene además otra vertiente de alta positividad para el Poder, pues la productividad artística y bibliográfica artificialmente así incentivada ofrece al espectador no avezado la visión deslumbradora de todo un auténtico “Renacimiento” cultural de la Nación, cuando la realidad es que hay sí en efecto cantidad de actos y eventos y actividades culturales y publicaciones, pero dado que el único criterio para su selección y gestación efectiva es el entreguismo al Poder que las genera y propicia y las hace posibles, hay muy poca o ninguna calidad en todo ello. Nada en verdad garantiza en un tal estado de cosas la hondura y pertinencia de ningún accionar humano.

Y por esta vía de la falta de significación de los productos culturales retorna de nuevo el Poder al más cerrado y oscuro silencio.


Sobre esta noticia

Autor:
Carlos Enrique Cabrera (1 noticias)
Visitas:
106
Tipo:
Opinión
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