Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que mimesacojea.com escriba una noticia?

Por un nacionalismo lánguido

22/04/2014 15:20 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

imageFuente: Wikipedia

La política, como el porno y el genocidio, no es oficio para gente discreta. Uno tiene que tener el arrojo suficiente para subirse a un escenario y ponerse a soltar frases a veces inteligentes, generalmente estúpidas. Enfrente, mirándolo a uno, una manada de seres humanos armados con banderines de plástico, la dantesca contribución de la mercadotecnia a la ya de por sí lamentable historia de las banderas.

El político de raza, ése que aspira a salir en el telediario, se pega mucho al micro y acaba los párrafos en alto porque sabe, así lo tiene escrito, que APLAUSO. En ese preciso momento, los jubilados de abajo y el negro de detrás aplaudirán y armarán alboroto, exactamente igual que haría el público de El Hormiguero, con exactamente el mismo convencimiento.

De todas las tendencias políticas, la menos apta para los tímidos o blandos de carácter es el nacionalismo. Porque el nacionalismo es grandilocuente o no es. Da igual que sea español, vasco, catalán o escocés, siempre se fundamenta en estar, haber estado o estar a punto de estar en un Proceso Histórico. Con mayúsculas.

De ahí su necesidad de grandes hitos, presentes o pasados, que justifiquen tanta hipérbole. Hitos que no deben ser necesariamente reales, ni tan siquiera verosímiles. Basta con tomar un acontecimiento y deformarlo hasta que alcance la intensidad épica deseada. Porque la Historia la escribirán los vencedores, pero, a la hora de la verdad, lo que la gente compra es el de Belén Esteban.

España tiene su Imperio Matasudacas, a El Cid, que cabalgó después de muerto, y a Aznar, que hace diez mil flexiones a la hora. El pueblo vasco tiene un ADN diferencial que le conecta con el espíritu primigenio de Gaia y la lengua más antigua de Europa o quizás del planeta. Y Cataluña tiene su once de diciembre, su Macià y su Jaume Roures, de quien no se descarta que siga quebrando empresas después de muerto.

¿Pero sería posible un nacionalismo lánguido, liderado por un tipo indolente, cenizo y gris? Un hombre con dificultades de dicción y problemas cutáneos, con eczemas en media cara, con un ojo vago y el otro desviado. El tristísimo representante supremo de un nacionalismo descorazonado, anémico, flojo, sin proyecto o con uno indolente, que si sale, bien y, si no, también.

Un partido nacionalista que no celebrase mítines porque, total, para qué. Donde sus representantes diesen los discursos en voz tan baja que los técnicos de sonido tuviesen que doblarlos luego. Donde nadie dijese nunca ola imparable ni Proceso Histórico.

Sería un fenómeno completamente nuevo y, por ello, quizá exitoso. A lo mejor, de producirse en una pequeña región sin Estado, ésta conseguiría la independencia de pura dejadez. No lo celebrarían, por supuesto, porque el recuento se cerraría el lunes y dónde vas tú a celebrar algo un lunes.

-Oye, que ya somos un Estado.

-Calla, que tengo el Outlook que no me arranca, ¿tú sabes por qué puede ser?

Millones de personas unidas en la voluntad común de la total indiferencia hacia la Historia. Sin algaradas. Sin grandilocuencia. Un país con el objetivo común de tirar un poco más, no mucho, hasta mañana o ni eso. Y, si no, pues nada, oye. Tampoco vamos a hacer un drama por esto.


Sobre esta noticia

Autor:
mimesacojea.com (469 noticias)
Fuente:
mimesacojea.com
Visitas:
990
Tipo:
Reportaje
Licencia:
Creative Commons License
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.