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Santiago, la celebración Aleph

01/08/2018 14:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Por supuesto, mil es un número simbólico. Los intentos de contar las fiestas que se celebran cada año en Galicia suelen desistir al llegar a las tres mil y pico. Las hay en la honra del patrón o patrona (como veremos en el siguiente capítulo). De exaltación ?y degustación como si no hubiese un mañana? de un vegetal o animal concreto, de su destilado o su preparación culinaria. De rememoración histórica, sea del asalto de los vikingos, del pasado judío, romano o celta, o de la rebelión contra los señores feudales (en las que se ha sustituido el fidedigno ajusticiamiento de los participantes por la comilona de hermandad. No es un país para veganos). También las hay temáticas: de homenaje al emigrante, al veraneante o a la tercera edad. Y por supuesto, como en todas partes, el macrofestival musical y las fiestas urbanas que invaden la ciudad con todo lo que se le ocurre al departamento municipal del ramo.

Las fiestas en Galicia son como los libros de biblioteca de Babel de Borges: no importa que se pierda una que ya se ha celebrado, porque seguramente hay otra similar por celebrar

A todas es conveniente llevar el oído en prevengan y el estómago alicatado de omeprazol. La mejor forma de disfrutarlas, dicen ?aunque hay quien conjuga el verbo soportar? es participar en ellas. Este agosto yo me encargo. Y si a estas ya no puede ir, porque ya han pasado, no se preocupe, porque las fiestas en Galicia son como los libros de biblioteca de Babel de Borges: no importa que se pierda una que ya se ha celebrado, porque seguramente hay otra similar por celebrar.

Dicho esto, y sin abandonar a Borges, existe una fiesta total, un Aleph que contiene todas las celebraciones: el 25 de julio en Compostela, festividad de Santiago el Mayor, el palestino que llegó, ya muerto, hasta aquí arriba a bordo de una patera de piedra. El 25 de julio (familiarmente, el 25X) es fiesta religiosa, local, autonómica y española (aunque no siempre festivo) porque, como le pasaba a Dolores de Cospedal, el hijo del Zebedeo es multicargo, y además de apóstol, también es Patrón de España desde 1630, en base a unos teóricos servicios militares prestados a la patria. Así que el 25X, además de El Apóstol (así, como si solo hubiese uno), es el Día de Galicia (el nombre más usado), el Día Nacional de Galicia (la denominación oficial) y el Día da Patria Galega (la versión nacionalista). Que el galleguismo acordase en 1919 designar el día del patrón de España como Día Nacional de Galicia, aparte de reforzar el carácter transversal de la fecha, es un misterio sin resolver. Hay quien lo atribuye a que Santiago es la ciudad que queda en el medio de Galicia, la festividad era de las más populosas y populares, y de todas formas, con celebración o sin ella, ya iban a ir y quedar, o sea que aprovecharon la sinergia.

Curiosamente, para ser el Día de Galicia-Día Nacional de Galicia, la Xunta no lo celebra. La víspera organiza un acto oficial en el que se entregan medallas los unos a los otros. A presidentes extranjeros y a todo el que tuvo cargo de importancia en el PP. Al masajista de Fraga y al grupo de rock Los Suaves. Años hubo, en la era fraguiana, en los que se llegaron a 34 de golpe. Incluso estaba en fase beta una aplicación informática que calculaba el momento en que el número de homenajeados igualaría al censo electoral. Este año se atemperó la medallorrea y los agraciados fueron los tres gallegos que presidieron el Tribunal Constitucional, Rodríguez Bereijo, María Emilia Casas, y el actual, González Rivas (que nació en Ávila de padres de Xunqueira de Espadañedo). Hay gente atravesada que ve en la elección un homenaje indirecto al TC en sí mismo. El acto que celebra al Patrón de España es todavía más esferolítico. Un delegado real (de la casa Real, que suele eso, delegar el encargo en alguien a quien le pille más cerca) hace el papelón de pedirle al Apóstol, presencial y públicamente, que arregle una serie de problemas cuya solución correspondería a la clase política peticionaria. No hay precedentes de respuesta positiva, ni tampoco que le se hayan dado las gracias en los casos en que pudo ser que sí (en el cese del terrorismo, por ejemplo, que era un must). Este año, el encargado fue el presidente del Parlamento gallego que pidió perdón por la corrupción, matizando que no pretendía que el perdón apostólico conllevase el perdón penal.

Así que los miles de personas que atestan Compostela ?especialmente? ese día son la suma del resto de los públicos. Los peregrinos de a pie, reconocibles por las mochilas y los bastones; los turistas, menos exhaustos físicamente y sin bastón; los manifestantes, identificables por las banderas o pegatinas, y los que vienen a los conciertos, tangentes a los dos grupos anteriores. Como Santiago es una ciudad pequeña, todos están revueltos. De hecho, pasado el mediodía, en la Plaza de A Quintana, una de las que rodea la Catedral, tradicional escenario del mitin nacionalista del 25X, los turistas/peregrinos que hacen cola para entrar por la Puerta Santa ven aparecer por el lado contrario a los primeros manifestantes (este año se celebra el 50 aniversario de la primera convocatoria, clandestina, después de la II República). La ósmosis es completa después, en las rúas aledañas, donde las tascas y tabernas están, aunque no las mismas, desde los tiempos primigenios de la invención jacobea (de hecho, la principal, la Rúa do Franco no es una referencia coloquial al dictador ferrolano, sino al peregrino de origen galo).

A la derecha, los peregrinos/turistas haciendo cola para entrar en la catedral, a la izquierda, separados por el servicio de orden, los primeros manifestantes que entran en A Quintana. Foto: V. Pereiras

Buceo en busca del ancestral fiestero compostelano, el campesinado que llegaba de toda Galicia ya desde la víspera para contemplar los fuegos artificiales del Apóstol en la fachada de la Catedral. El gen rural de edad provecta es fácilmente identificable por su resistencia a la uniformización de Zara, a sus pompas y a sus obras, pero los detectados que resultan ser indígenas (de Guitiriz, en concreto) vienen a la mani del BNG y los foráneos (de Palencia) vienen en una animada excursión parroquial a ver el botafumeiro. En busca de la tradición, me sumerjo en el Campus Sur.

Lo que fue en origen una manifestación del nacionalismo, ahora es además una gran "quedada"

Digresión sociopolítica: lo que fue en origen una manifestación del nacionalismo, ahora es además una gran "quedada", como en origen. Las escisiones, implosiones, coaliciones y depuraciones propias de la izquierda han centrifugado a lo largo de los años al BNG, la "casa común" del nacionalismo. Unas 15.000 personas suelen acudir a la convocatoria oficial (manifestación+mitin), y hay asistentes a otras convocatorias (las fuerzas integrantes de En Marea este año han hecho cuatro, para reforzar la unidad popular), pero sobre todos muchos otros quedan con los amigos, en la actualidad bajo otras siglas o bajo ninguna. Se organizaban banquetes allí donde el Campus Sur se convierte en bosque, así que, en 2002, dos organizaciones ligadas al Bloque, la organización juvenil Galiza Nova y la Fundación Galiza Sempre decidieron organizar el Festigal. Por una vez, le hicieron caso a Antonio Machado en aquello de que en política solo triunfa quien pone la vela donde sopla el aire, jamás quien pretende que sople el aire donde pone la vela.

Zona de comida en el Festigal. Foto: V. Pereiras

"Creemos en el Festigal como una herramienta para llegar a la gente joven que apuesta por productos musicales y artísticos hechos en Galicia. Aquí convergen trayectorias, dinámicas, efervescencia de la tradición y de la vanguardia de nuestra cultura, más allá de lo banal y del estereotipo", desgrana el concepto Tania Ameneiro, de la Fundación Galicia Sempre. En realidad, el Festigal es una mezcla de festival indie, Alderdi Eguna y fiesta del PCE; feria de artesanía, del libro y de productos ecológicos; universidad de verano y banquete de viñeta final de Asterix. Empieza la noche del 24, con conciertos de rock y folk, y sigue durante el 25. Este año hubo un centenar de actividades, con una asistencia de 11.000 personas, según la organización.

Para adaptarme a la celebración, después del trámite pulpo-churrasco-pimientos de Padrón bajo la carpa de una pulpería (la otra opción es llevar la comida de casa, en grupo familiar o tribal), adopto el papel de tipo-que-vende-revistas en el correspondiente tenderete. Para evitar las miradas suspicaces que nos cruzamos entre stands cuando los clientes parecen remisos a entrar en el "Espacio de Libros" ?es la hora de la siesta? interrogo a una pareja de jóvenes que se disponen a tumbarse a la sombra de un árbol. Jorge y Antía tienen 21 años, estudian en Santiago (ella Medicina, él Farmacia) y son de A Guarda. Han venido desde allí con un grupo de Galiza Nova, aunque no son militantes. "Venimos principalmente por las actuaciones musicales del Festigal", reconocen, aunque también han participado en la manifestación (Jorge repite, para Antía es la primera vez). "Había mucha gente", dice Antía, aunque tienen un currículo respetable de participación en concentraciones multitudinarias: "En la del 8M, la de enseñanza y la del Álvaro Cunqueiro" (contra la gestión privada del macrohospital de Vigo de ese nombre).

Relaciones públicas en stands. Foto: V. Pereiras

En realidad lo que se hace en el Festigal es saludar. A vecinos. A remotos compañeros de estudios. A gente que te pregunta por la familia y qué tal está tu madre

En el stand o fuera de él, en realidad lo que se hace en el Festigal es saludar. A vecinos. A remotos compañeros de estudios. A gente que te pregunta por la familia y qué tal está tu madre. A poetas, a narradoras y a músicos. A políticos. A gente que te conoce de algo o a la que conoces de algo. A tu primer editor ("Yo tenía que venir a colgar la pancarta mítica del primer 25X, hace 50 años, pero estaba en Francia y vino mi cuñado. Vengo casi todos los años, aunque ya no comulgo"). A un chaval que se parapeta detrás de una barba patriarcal y que resulta ser "el responsable de la fichas" (como suele pasar en estos casos, primero pagas unas fichas y con ellas te dan las consumiciones) y estar semiescaqueado. "Tengo turno desde las 12 hasta las 10 de la noche, y el año pasado no pude descansar ni quince minutos ni comer nada. Este año conseguí media hora", dice, esgrimiendo un bocadillo vegetal. Se llama Andrés Blanco y es "estudiante, profesor, músico y activista". Con él, trabajan en el Festigal 120 voluntarios de Galiza Nova. Una cantidad similar de voluntarios del BNG se han encargado de los aspectos logísticos previos. "Este año la recaudación por comidas y bebidas subió bastante", confiesa Andrés. La famosa recuperación económica (de hecho, en mi stand facturamos 320€). Seguro que el año que viene le cae una Medalla de Galicia a Mariano Rajoy.


Sobre esta noticia

Autor:
Criticic (2156 noticias)
Fuente:
ctxt.es
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Reportaje
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