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Las sombras de mi maternidad: la pérdida del equilibrio

12/03/2015 10:30 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

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Será una fase, será un aire, pero últimamente veo más sombras que otra cosa en la maternidad. Será que abarco en exceso, que doy más de lo que tengo, pero no me siento motivada. Me paso por el forro de las narices la conciliación, la corresponsabilidad y todas esas patrañas de feministas que se empeñan en creer que las mujeres estamos en un gran momento. ¡Y una mierda!

Lo siento si leéis esto mujeres que estáis pensando en ser madres o que estáis a punto de serlo. Lo siento pero no es cuestión de un momento de ovulación o de baja autoestima. No, esto es algo que llevo pensando desde hace mucho tiempo.

Mi jornada diaria comienza a las 6:30 de la mañana, tengo sólo un hijo y no soy capaz ni de sentarme a tomar café en mi sillón después de comer. Mi día transcurre entre pantallas de ordenador, mi agenda laboral, planificación de comidas, carreras al colegio y extraescolares de mi hijo. Sin contar con los extras domésticos diarios. Y todo ello todo junto, mezclado, sin separación de jornadas... es una de las grandes ventajas de trabajar en casa.

He abandonado el yoga, el ejercicio y alguna cosa más. Renuncia y sacrificio es lo que ahora mismo define mi maternidad y estoy abrumada, cansada e incluso harta.

Y no vale eso de " pide ayuda ", " contrata a alguien ". Eso para quién pueda. Yo no puedo pedir ayuda, no sé a quién voy a pedirla. Y no, mi economía no me permite contratar a una persona. Eso de " es un esfuerzo que merece la pena " es realmente complicado para algunas personas.

El caso es que las sombras me acechan y me tienen casi presa. Lo peor, aunque intento evitarlo comparo continuamente mi día con el de mi pareja, o con el de otras personas, y me doy cuenta que es una auténtica porquería. No porque mis tareas sean superfluas o porque no me guste lo que hago. Sino porque soy incapaz de salir de ese bucle de rutinas que un día tras otro se repite. Donde esas rutinas se van comiendo esa pequeña parcela que había conquistado para mi y sólo para mi.

Es evidente que algo estoy haciendo mal. Pero ahora mismo estoy tan sumergida en el bucle que ignoro cómo salir del laberinto.

Una vez leí que la maternidad es ajena a las tareas domésticas o a otro tipo de obligaciones. Pero la realidad es que a quienes no disponemos de amplios recursos, ser madre nos aboca a realizar muchas cosas que acaban pesándonos como una losa.

¿Cómo llegas a todo? Me preguntan muchas veces. ¿Y quién dice que llego? Muchas cosas se hacen regular o se posponen. Y llego, en ocasiones, a costa de tiempo que casi me invento.

¿Y cuándo te cuidas? Eso me pregunto yo. Como os digo había sacado mi parcela privada, mis ratitos, no muchos ni muy extensos pero suficientes para relajarme, reconectarme y coger fuerzas. Pero ya no los tengo y no sé exactamente cuándo o por qué los perdí.

Es cierto que el gran logro ha sido que las mujeres podemos elegir. Elegimos cuándo ser madres pero que el resto se escapa de nuestras manos en muchas ocasiones. Yo ahora quisiera elegir poder cambiar muchas cosas de las que hago pero para elegir hacen falta alternativas y no dispongo de ellas.

Es un momento de sombras, me encuentro en un túnel y no alcanzo a ver la luz que me enseñará el camino de salida. Y eso repercute en mi ánimo, en mi humor, en mi relación de pareja, y se convierte en un agotamiento que me acompaña a pesar de que descanse.

¿Son estas las sombras de la maternidad? La maternidad tiene otras muchas consecuencias que van más allá de la crianza y el amor por tus hijos. Al menos así está resultando para mi. Y no, no soy persona conformista, no me gusta revolcarme en la mierda y siempre intento buscar soluciones cuando surgen problemas.

Pero es que por más vueltas que le doy, ¿cómo hago que todo esto mejore?, ¿cómo consigo un equilibrio que me permita sentirme mejor? Eso es precisamente lo que me falta: equilibrio. La vida es una balanza, donde vas cargando a un lado y al otro tus vivencias, circunstancias, pros, contras, sombras, motivaciones, felicidad. Y mi balanza se ha desequilibrado.

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¿Cómo conseguir que vuelva a un estado óptimo? He aquí la gran pregunta.


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Autor:
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mamasincomplejos.blogspot.com
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