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Las Supersticiones existen en todas las culturas y religiones, para explicar lo incomprensible

11/10/2014 11:50 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Lo que para pueblos enteros trae mala suerte, para otros es garantía de felicidad. Los mitos religiosos son la eterna lucha entre la vida y la muerte. Entre Dios y Satanás. Pero la propia ambiguedad de muchos eclesasticos al interpretar la Biblia, aumenta la confusión

“La conducta supersticiosa se asocia con actividades imprevisibles con resultado importante. Los trabajos peligrosos, los juegos de azar (incluidas las loterías), los exámenes o los acontecimientos deportivos imprevisibles. Estos además se convierten en una profecía autocumplida, que proporciona al individuo la ilusión del control. Esto vacuna hasta cierto punto al individuo contra el estrés que provoca la incertidumbre.”

 

Bruce Hood, psicólogo, autor del libro “Supersentido, trata de explicar por qué creemos en lo increíble”, en nuestro propio inconsciente

 

Napoleón temía a los gatos negros y Sócrates al mal de ojo. A Julio César le aterrorizaban los sueños. Enrique VIII aseguraba que la brujería le había inducido a casarse con Ana Bolena. Pedro el Grande experimentaba un terror patológico cuando tenía que cruzar puentes. Samuel Johnson siempre iniciaba la entrada o la salida de un edificio con el pie derecho.

 

Las supersticiones, como dice Hood, son la consecuencia de una especie de espíritu irracional, que duerme en nuestro razonamiento intuitivo. Y no hay que tomarlas como algo vanal, porque están en  el origen de muchas de nuestras costumbres (el lápiz de ojos, el salario, la tenencia de mascotas…) y provienen de muchas culturas.

 

A lo largo de la historia, la superstición de unos ha sustituido a menudo la religión de muchos. El hombre primitivo, al buscar explicaciones para fenómenos tales como el rayo, el trueno, los eclipses, el nacimiento y la muerte, y carente de conocimientos sobre las leyes que rigen de la naturaleza, desarrolló una herencia en los espíritus invisibles. Sólo trataba de explicar su mundo.

 

Por otra parte, el milagro de que un árbol creciera a partir de una semilla, o la aparición de una rana a partir de un renacuajo, le confirmaba una intervención ultraterrena llena de peligros, experiencias, y desventuras. El mundo estaba poblado de espíritus negativos que superaban en número a los benéficos. Por casi todas las creencias supersticiosas estaban destinadas a protegerse contra el mal, sin una explicación racional.

 

Las fuentes religiosas de la superstición están en la propia ambigüedad de algunos textos

 

En general, la humanidad ha vivido plagada de temores: temor a la muerte, a lo desconocido, al más allá, por nombrar solo algunos. Todo esto como consecuencia de haber aceptado la propuesta satánica del fruto del árbol de la ciencia del bien y el mal.

 

En su empeño por esclavizar a la gente, Satanás, el rebelde enemigo de Dios, ha alimentado dichos temores con mentiras maliciosas (Juan 8:44; Revelación [Apocalipsis] 12:9). Pero el diablo no está solo en sus intentos de apartar del Eterno Dios a la gente, pues la Biblia lo llama " el gobernante de los demonios " (Mateo 12:24-27). ¿Quiénes son los demonios? Son ángeles que en tiempo de Noé apoyaron a Satanás en su rebelión contra Dios. Desde entonces han procurado ejercer su influencia sobre la mente de los hombres sirviéndose de instrumentos como la superstición (Génesis 6:1, 2; Lucas 8:2, 30; Judas 6).

La base es la mentira satánica, a saber, la creencia de que un ente invisible sobrevive a la muerte del cuerpo y puede influir en los vivos. La Biblia por el contrario dice: "En cuanto a los muertos, ellos no tienen conciencia de nada en absoluto". Asimismo añade que después de la muerte "no hay trabajo ni formación de proyectos ni conocimiento ni sabiduría " (Eclesiastés 9:5, 10).

 

No son pocas las personas que a causa de lo ambigo de muchos eclesiásticos han optado por creer las mentiras de Satanás. Muchos siglos atrás, Dios dio estas  instrucciones al pueblo de Israel: " No debería hallar nadie que [...] emplee adivinación, practica de magia, ni nadie que busque agüeros ni hechicero, ni uno que ate a otros con maleficio, ni nadie que consulte a un médium espiritista o a un adivino profesional sobre determinados sucesos, ni nadie que interrogue a los muertos. Porque todo el que hace estas cosas es algo detestable a Yahvéh( Dios) " (Deuteronomio 18:10-12).

 

 

Desde hace siglos tocar madera, a poder ser de roble, es como entrar en la morada de los dioses

 

  Tocar madera es llamar a la buena suerte

Una costumbre que data de hace 4.000 años y que iniciaron los pobladores de Norteamérica. Históricamente el árbol que debía tocarse era un roble, como la morada de los dioses. Este árbol simboliza también la protección maternal y aleja el peligro por sus poderes mágicos.

 

 

Otra costumbre relacionada con la buena suerte es la relacionada con los niños que practican el juego consistente en tocar un árbol, donde quedan a salvo de sus perseguidores, repiten inconscientemente una costumbre que data de siglos y que practicaban no sólo los indios en América sino antes los griegos. Ambos pueblos, al observar que el roble era alcanzado frecuentemente por el rayo, pensaron que era la morada del dios de los cielos —según los indios— y del dios del rayo —según los antiguos griegos.

 

El árbol ideal para servir de refugio, ha sido históricamente el roble, venerado por su majestad, su considerable altura y sus poderes mágicos. En Europa, durante la Edad Media, los eruditos cristianos aseguraban que la superstición de tocar madera se originó en el siglo I, y procedía de que Cristo fue crucificado en una cruz de madera. Sin embargo, los eruditos modernos aseveran la veneración católica de las reliquias de la cruz, más bien modificó y reforzó una creencia pagana mucho más antigua.

 

Otras culturas reverenciaban diferentes tipos de árbol, a los que dirigían plegarias y tocaban. Para los egipcios el árbol sagrado era el sicomoro, y para las antiguas tribus germánicas el árbol predilecto era el fresno. Los holandeses se adhirieron a la superstición de tocar cualquier madera, pero lo que si importaba era que la madera estuviera sin barnizar, sin pintar y sin tallar, y que careciera de cualquier adorno.

 

El número 13 es un salto hacia lo desconocido: para algunos pueblos la suerte. Para otros el infotunio

 

 

.  La incertidumbre relacionada con el número 13 es la que hoy en día afecta a más gente. Los franceses, por ejemplo, nunca dan a la dirección de una casa el número 13. En Italia, la lotería nacional lo ignora. Las líneas aéreas internacionales saltan ese número en las filas de asientos de los aviones. En Estados Unidos, los modernos rascacielos, comunidades de propietarios y edificios de apartamentos dan al piso que sigue al 12 el número 14.

Y eso que se apartan en eso hasta cierto punto de todas las comunidades humanas.

 

Esta superstición se remonta a la mitología nórdica en la era precristiana. A un banquete en el Valhalla fueron invitados doce dioses. Loki, el espíritu de la pelea y del mal, se coló entre ellos, con lo que el número de los presentes llegó a trece. En la lucha que se produjo para expulsar a Loki, Balder, el favorito de los dioses, encontró la muerte.

 

Además. El nombre del viernes —Friday en inglés, Freitag en alemán— procede de Frigga, la liberal diosa del amor y la fertilidad. Cuando las tribus escandinavas y germánicas se convirtieron al cristianismo, Frigga fue execrada y desterrada a la cumbre de una montaña, considerada como bruja. Se decía que los viernes la diosa Frigga, rencorosa, celebraba una reunión con otras 11 brujas, más el demonio —con lo que eran 13 los asistentes—, y conspiraban para causar infortunios durante la semana siguiente.

 

Desde Escandinavia, la superstición se difundió a través de Europa, en dirección Sur. Y al iniciarse la era cristiana, esa superstición estaba ya bien establecida en los países mediterráneos. Entonces, aseguran los historiadores, la creencia se vio notablemente reforzada, tal vez para siempre, por la cena más famosa de la historia: la Última Cena.

 

Cristo y sus apóstoles eran trece. Y al día siguiente le crucificaron. Los mitólogos han considerado la leyenda nórdica como una prefiguración del banquete cristiano. Trazan paralelos entre el traidor Judas y Loki, el espíritu del enfrentamiento, y entre Balder, el dios favorito que resultó asesinado, y Cristo, que murió en la cruz.

 

Lo indiscutible es que, desde principios de la era cristiana, invitar a cenar a trece personas significa buscar un desastre.

 

Como ocurre con toda superstición, la gente busca, acontecimientos que encajen con el pronóstico. En 1798, por ejemplo, una revista británica titulada “Gentlemen’s Magazine”, dedicada a estadísticas de seguros de aquella época estimuló la superstición del número 13 al citar datos que revelaron que, como promedio, una de cada 13 personas reunidas en una habitación moriría antes de un año.

 

En Estados Unidos, el 13 en principio estaba considerado como un número afortunado. Formaba parte de muchos de los símbolos nacionales, ya que en el reverso de los billetes de banco hay una pirámide incompleta de trece escalones, el águila heráldica sostiene en una garra una rama de olivo con trece hojas y trece frutos, y en la otra, trece flechas. Hay, además, trece estrellas sobre la cabeza del águila. Todo esto, desde luego, nada tiene que ver con la superstición, sino que conmemora las trece colonias que se independizaron de la corona británica, y que fueron siempre un símbolo de buen auspicio.

 

Pero en según en que países, si el 13 cae en viernes la cosa se pone fea. Según la tradición, en un viernes día 13, Eva tentó a Adán con la manzana, el Arca de Noé inició su larga odisea durante el Diluvio, el Templo de Salomón fue destruido un viernes 13, y en este día Cristo murió en la cruz.

 

A veces varía e un país a otro el día de la semana: en España, México y Grecia se teme al martes y trece; y en los países anglosajones al viernes y trece, porque en viernes fue crucificado Jesús. Durante muchos siglos, en Escandinavia el viernes fue conocido como el «Sabbath de las brujas». Se desconoce cuál pueda ser el origen en España del dicho en «martes y trece, ni te cases ni te embarques», es absurdo que algunos evoquen que el nombre del día procede de Marte, el dios de la guerra.

 

.  El mal de ojo también se encuentra en todas las culturas. Una de las teorías más aceptadas por los historiadores se refiere al fenómeno del reflejo en la pupila. Al mirar a los ojos de una persona, nuestra propia imagen, minúscula, aparecerá en la parte oscura de la pupila, y, de hecho, nuestra palabra “pupila” procede de la palabra “pupilla”, que en latín significa “muñequita”.

 

El mal de ojo nació para los egipcios, el primer cosmético de la historia.El lápiz de ojos minimiza el reflejo de los ojos

 

 

 

Los egipcios tenían un curioso antídoto contra el mal de ojo: el kohl, el primer cosmético de la historia. El lápiz de ojos. Unos círculos de pintura oscura alrededor de los ojos absorben la luz solar y, por consiguiente, minimizan el reflejo en el ojo. Este fenómeno les es o era familiar a muchos futbolistas y jugadores de béisbol,   se aplican una grasa negra debajo de cada ojo antes del partido, aunque muchos ni saben el por qué. Los antiguos egipcios,   descubrieron por su cuenta este secreto, e idearon esta máscara, no con fines de embellecimiento, como se cree, sino con finalidades supersticiosas de tipo práctico.

 

.  Empezar el día con el pie izquierdo atrae a la mala suerte. Ya Petronio aludía en el "Satiricón" a la mala suerte de entrar en un lugar con el pie izquierdo. En España puede tener su origen en la tradición celta y en el movimiento solar, siempre hacia la derecha. El efecto negativo lo eliminan algunos cristianos santiguándose tres veces, al salir de casa..

 

.  Derramar la sal. La sal fue el primer condimento en la alimentación del hombre y alteró sus hábitos alimentarios, y no es de extrañar que el acto de derramar tan precioso ingrediente fuera un mal augurio. Tras un accidental derramamiento de sal, el gesto supersticioso anulador, era lanzar un pellizco de sal por encima del hombro izquierdo. Fue práctica común entre los sumerios, los egipcios, los asirios y, más tarde, los griegos.

 

Para los romanos, la sal era un elemento muy valioso tanto para condimentar las comidas como para curar heridas, y acuñaron muchas expresiones sobre la sal. El escritor romano Pretonio, en su Satyricón, creó la frase “no vale su sal” como despreciando a ciertos soldados romanos, a los que se les daban estipendios especiales para pagarles sus raciones de sal, llamados salarium --“dinero de sal”-- origen de nuestra palabra “salario”.

 

Según los arqueólogos que hace unos 8.600 años, en Europa se trabajaba en las que se cree fueron las primeras minas de sal recién descubiertas: los depósitos de Hallstein y Hallstatt en Austria. Hoy, estas grutas son atracciones turísticas, y la cercana ciudad de Salzburgo, significa “Ciudad de Sal”.

 

.  El día de la boda, llevar algo prestado, algo nuevo, algo azul y algo viejo trae buena suerte. No se sabe cuándo comenzó esa costumbre. Lo prestado representa el presente, algo viejo el pasado, algo nuevo el futuro y algo azul simboliza la pureza.

 

Que el novio vea a la novia antes de la ceremonia o que esta se mire al espejo también trae mala suerte. Antiguamente se consideraba que hacer cualquiera de estas dos cosas era sinónimo de estropear acontecimientos positivos que quedarían así "gafados", según un historiador latinoamericano. Otra explicación es provocar a los dioses para que pongan en duda su derecho a contraer matrimonio. En cambio: arrojar arroz al salir los novios de la iglesia es símbolo de felicidad y de fertilidad. Antiguamente se tiraban trocitos de dulce a la novia. Pero en la época de vacas flacas se les tiraba trigo o arroz,   bastante más baratos.

 

En el siglo VI antes de Cristo, los griegos habían iniciado una práctica de adivinación basada en los espejos y llamada catoptromancia, en la que se empleaban unos cuencos de cristal o de cerámica llenos de agua…  Algo parecido a la bola de cristal de las gitanas.

 

El cuenco de cristal con agua hasta los bordes —el miratorium de los romanos— se suponía que revelaba el futuro de la persona, cuya imagen se reflejara en su superficie. Los pronósticos los leía un «vidente» y revelaban el futuro de esa persona.

Ultimamente con los juegos da azar hace que muchos videntes se aprovechen de sus dotes inexistentes

 

En el siglo I, los romanos adoptaron esta superstición añadiéndole la de la rotura de un espejo como accidente portador de mala suerte con un nuevo matiz: sostenían que la salud de una persona cambiaba en ciclos de siete años. Puesto que los espejos reflejaban la apariencia de una persona —es decir, su salud—, un espejo roto anunciaba siete años de mala salud y de infortunios. La interpretación de algunos videntes era aún peor: esa persona que sostenía el espejo no tenía futuro —es decir, que no tardaría en morir— o que si no sucumbía su futuro estaría plagado de desgracias.

 

Esta creencia había surgido de una combinación de factores religiosos y económicos. Los primeros espejos utilizados por los antiguos egipcios, los hebreos y los griegos, eran de metales como el bronce, el latón, la plata y el oro pulimentados, y, por tanto, irrompibles.

 

 

 

La superstición adquirió una aplicación práctica y económica en la Italia del siglo XV. Los primeros espejos de cristal con el dorso revestido de plata, desde luego rompibles, se fabricaban en Venecia en esta época. Por ser muy caros, se trataban con gran cuidado, y a los sirvientes que limpiaban los espejos de las casas se les advertía severamente que romper uno de esos nuevos tesoros equivalía a siete años de un destino peor que la muerte.

 

 

Este uso efectivo de la superstición siguió a lo largo de generaciones. Cuando, a mediados del siglo XVII, empezaron a fabricarse en Inglaterra y en Francia espejos baratos, la superstición del espejo roto estaba ya extendida y firmemente arraigada en la tradición.

 

.  Según la tradición, Dunstan, herrero de profesión que llegó a ser arzobispo de Canterbury en el año 959, recibió un día la visita de un hombre que le pidió unas herraduras para sus pies, de forma sospechosamente parecida a pezuñas. Dunstan reconoció inmediatamente en su cliente a Satanás, y explicó que, para realizar su tarea, era forzoso encadenarle a a la pared. El santo procuró que su trabajo resultara tan doloroso, que el diablo encadenado le pidió repetidamente misericordia. Dunstan se negó a soltarlo hasta que el diablo juró solemnemente no entrar nunca en una casa donde hubiera una herradura colgada sobre la puerta.

 

Este es el origen de la herradura sore la puerta. En otros tiempos, los cristianos celebraban la fiesta de San Dunstan, el 19 de mayo, con juegos en los que se empleaban herraduras.

 

 La herradura, se constituyó un talismán hasta para el Almirante Nelson en Trafalgar

 

En las Islas británicas, la herradura se mantuvo como potente símbolo de suerte hasta bien entrado el siglo XIX. Un popular encantamiento irlandés contra el mal y la enfermedad —originado a la vez la leyenda de san Dunstan— decía: “Padre, Hijo y Espíritu Santo, clavad el diablo en un palo.”

En 1805, cuando el almirante británico lord Horacio Nelson se enfrentó a los enemigos de su nación en la batalla de Trafalgar, el supersticioso inglés clavó una herradura en el mástil de su nave almirante, la Victory

Para los griegos, los poderes mágicos de la herradura emanaban de otros factores. Las herraduras eran de hierro, un elemento que se creía que ahuyentaba el mal, y tenía la forma de una luna en cuarto creciente, que desde antiguo era considerada como símbolo de fertilidad y fortuna.

 

Los romanos adoptaron la herradura, a la vez como práctico dispositivo ecuestre y como talismán, y su creencia pagana en sus poderes mágicos pasó a los cristianos, que dieron a esta superstición su versión basada en San Dunstan.

 

En la Edad Media, cuando cundía al máximo el temor a la brujería, la herradura adquirió un poder adicional. Se creía que las brujas se desplazaban montadas en escobas porque temían a los caballos, y que cualquier cosa que les recordara un caballo, especialmente su herradura de hierro, las ahuyentaba como un crucifijo aterrorizaba a un vampiro. La mujer acusada de brujería era enterrada con una herradura clavada en la tapa de su ataúd, para impedir su resurrección.

 

En Rusia, al herrero que forjaba herraduras se le consideraba dotado de capacidad para realizar “magia blanca“ contra la brujería, y los juramentos solemnes relativos al matrimonio, los contratos comerciales y las compraventas de propiedades no se prestaban sobre una Biblia, sino sobre los yunques utilizados para martillear las herraduras. Una herradura no podía colgarse de cualquier forma: su disposición correcta era con los extremos hacia arriba, pues de lo contrario su reserva de suerte se vaciaba.

 

..  Hace unas semanas, en nuestro reportaje sobre El Gato, el gato negro se llevó muchas líneas y no vamos a repetirlo, pero sí añadiremos que aunque en Egipto se creía que el gato era la reencarnación de los dioses, siglos después, la Iglesia Católica lo consideró como la reencarnación del diablo, por lo que eran quemados por millares.

 

 

 

Y condenado hasta por algún Papa. El negro se identificaba con el diablo por ser el color de la noche. En casi toda Europa y en Norteamérica se cree que un gato negro trae mala suerte si se aleja de ti, pero buena suerte si camina a tu encuentro. El gato negro mezcló realidad con ficción o viceversa y hora será de que o llevemos un buen talismán o andemos con los dedos cruzados, de noche sobre todo.

 

Otra de las supersticiones que, puede traernos mala suerte pero también perjudicar, es la de pasar por debajo de una escalera. Una escalera apoyada en una pared forma un triángulo, figura considerada desde largo tiempo, por muchas sociedades, como la expresión más común de la trinidad de los dioses. Por ejemplo, las tumbas piramidales de los faraones se basaron en planos triangulares. De hecho, pasar una persona corriente a través de una entrada triangular equivalía a desafiar un espacio santificado.

 

.  Dicen que la persona que persigue la buena suerte, debiera llevar consigo una pata de  conejo. Históricamente, la pata de conejo poseía poderes mágicos. Su origen está en la antigua creencia de que cada pueblo descendía de un animal, al que no podía cazarse ni comerse, eran los totems.

Es por eso que en la literatura bíblica, esa creencia está en el origen de numerosas leyes dietéticas que prohíben el consumo de ciertos animales totémicos.

 

En Europa, la suerte atribuida a la pata de conejo, se debe a esa creencia arraigada en el antiguo totemismo, porque el hombre, que se precedió al darwinismo en miles de años, pensaba que descendía de los animales.

 

También hemos heredado del totemismo la costumbre de utilizar una mascota para los deportes, que ha de atraer la suerte sobre el equipo, y también nuestra tendencia a dotar a un grupo de personas mediante imágenes o animales.

 

 

En cuanto al conejo, los celtas, creían que este animal pasaba tanto tiempo bajo tierra, porque mantenía una comunicación secreta con el mundo subterráneo de los númenes. Así que el conejo disponía de una información que les estaba negada.

A los seres humanos.

 

Y el hecho de que la mayoría de los animales, entre ellos el hombre, nazcan con los ojos cerrados, en tanto que los conejos llegan al mundo con los ojos abiertos de par en par, les confirió una imagen de sabiduría. (En realidad, es la liebre la que nace con los ojos abiertos porque el conejo lo hace con los ojos cerrados, pero esto no tiene porque saberlo nuestra buena suerte).

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Un cuadro cogado torcido o que cae de la pared donde está colgado trae mala suerte, porque se supone que es el retrato de un gobernante al que se debe respeto.

 

 

.  Encender tres cigarrillos con la misma cerilla fue mala suerte en la primera guerra europea y en la guerra civil española. El tercer soldado podía morir de un tiro de un francotirador alemán o fascista.

 

.  Poner un sombrero sobre la cama es presagio, en España e Italia, de que algo malo va a ocurrir. Esta creencia viene del simbolismo del sombrero, que representa la cabeza y los pensamientos y es símbolo de identificación personal. Es decir que quien hace se le quedará la mente en blanco.

 

.  Decir "Jesús" o "Salud" cuando alguien estornuda evita el contagio de diversas enfermedades y se pide a Dios que aparte cualquier infección y evite que entre el demonio a través de la boca.

Pero escupir, desde Plinio en la Grecia clásica, evita males mayores.

 

.  Encontrar un trébol de cuatro hojas era un símbolo sagrado para los druidas de las Islas Británicas, que ya en el año 200 a.C. pensaban que con él se podía ver a los demonios. Según la leyenda, cuando Eva fue expulsada del Paraíso se llevo un trébol de cuatro hojas; por eso, desde entonces, se cree que da suerte

 

El Té está en el centro de algunas supersticiones convertidas en tradición en algunas partes de Inglaterra.

Por ejemplo, se cree que trae buena suerte el que una hoja suelta de té caiga al suelo accidentalmente (¡no vale si se deja caer a propósito!). Del mismo modo, si la tetera se calienta destapada por un descuido, dicen que un extraño llamará a la puerta. Y se considera de mal agüero, si se olvida colocar té en la tetera antes de verter el agua trae mala suerte, y tambien remover el té dentro de la tetera, pues esto atraerá discusiones y enemistad entre las personas.

 

Una vez listo el té, también hay creencias relacionadas con la forma de tomarlo: las burbujas o ramitas que pueden aparecer en la superficie tienen varios significados. Una sola ramita a flote significa que un desconocido llegará pronto (si la ramita es dura, será un hombre, si es endeble será una mujer). En cuanto a las burbujas: si se pegan al borde de la taza, dicen que el amor se acerca, mientras que si son abundantes y flotan en el centro, quien se acerca es el dinero.

 

.  Y hablando de amor, más vale no verter la leche en la taza antes que el azúcar, ya que esto, según dicen las más ancianas de las islas, trae mala suerte en el amor, incluido el riesgo de quedarse soltera. En el extremo contrario, si se sirven alimentos con el té, la persona que se coma el último bocado serä la próxima en casarse, y si un hombre y una mujer accidentalmente dejan sus cucharillas en la misma azucarera a la vez, nace un romance.

 

Incluso, al igual que con el café, algunas personas "leen el té", elaborado a partir de hojas sueltas. Algunas figuras tienen significados específicos; por ejemplo, un perro llevando algo en el hocico predice que pronto se recibirá un paquete; una línea recta de hojas indica un largo viaje que se avecina; y una mariposa pronostica éxito

.  Colocar el pan boca abajo en la mesa o dejarlo caer al suelo trae mala suerte. El pan es un alimento básico. Es una ofensa al cuerpo de Cristo Por ello han sido varias las supersticiones que ha generado en su forma de hacerlo, cortarlo, comerlo y ofrecérselo a los demás. Si se cae al suelo es costumbre besarlo y hacer tres cruces para alejar las desgracias.

 

.  Derramar el vino encima de la mesa trae mala suerte y no ser que apliques en seguida un poco del mismo sobre la frente para volver atraer la buena suerte; si se trata de champán hay que tocarlo con la punta de los dedos y empaparle a la pareja sobre el lóbulo de la oreja para conseguir una felicidad. Esta bebida espumosa también se suele romper contra los barcos en su botadura para desearles con este gesto buena suerte en su travesía.

 

.  Dejar las tijeras abiertas trae mala suerte. Este instrumento debe permanecer cerrado mientras no se usa porque atrae al diablo. Si se caen al suelo y quedan con las puntas abiertas apuntando hacia ti, recógelo y echa sal por encima del hombro izquierdo para ahuyentar los malos espíritus. En Grecia se creía que la moira Atropos cortaba con las tijeras el hilo de la vida, así que de alguna forma los objetos cortantes dirigen el destino y son símbolo de muerte repentina.

 

Hemos censado hasta 4.900 supersticiones antiguas modernas pero el espacio para colgarlas se termina, de manera que si el usuario no encuentra su superstición puede escribir un comentario y nosotros responderle por el mismo camino..

 

 


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