Globedia.com

×
×

Error de autenticación

Ha habido un problema a la hora de conectarse a la red social. Por favor intentalo de nuevo

Si el problema persiste, nos lo puedes decir AQUÍ

×
cross

Suscribete para recibir las noticias más relevantes

×
Recibir alertas

¿Quieres recibir una notificación por email cada vez que Emiro Vera Suárez escriba una noticia?

Trump, decidirá la suerte entre Duque y Petro, Venezuela abrirá los surcos libertarios

15/06/2018 21:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

Los ideólogos y utopistas actuales de derecha e izquierda encarnan lo que en otros tiempos primitivos fueron los magos y los brahmanes y la clerecía

Aventis

Marx, un hombre que nunca aceptó un empleo formal ni aun en su situación de miseria mientras vivía en Londres a despecho de matar de hambre a sus hijos, calificó de inocentes o infantiles a los jóvenes que buscaban liberar al hombre de sus creencias e ideas porque, mientras no cambie la realidad económica, éstas tampoco cambiarán. Pero,  ¿por qué los pobres son quienes más defienden a los ricos “culpables de su pobreza”? Quizás porque los pobres advierten que el odio al rico y la persecución al empresario deja al pobre más pobre: sin empleo. Marx y Engels entendieron por “ideología” un tipo especial de “conciencia falsa” determinada por las relaciones sociales. No la aplicaron nunca al conocimiento verdadero, sino sólo a una forma de error socialmente condicionada (según Luis Villoro,  El concepto de ideología, FCE, 2016, p. 15).

Si la ideología es un instrumentado de dominación condicionado por las relaciones de producción, por un lado, las ideologías de izquierda dan al intelectual burgués el agradable sentimiento de sentirse un rebelde en su amor al pobre y en su desprecio por el comercio y la riqueza. Por otro lado, las ideologías de derecha dan al “anti-intelectual” burgués un horizonte de la política cada vez más desdibujado, más abstracto y más envuelto en el mito de la voluntad de poder. La competitividad y la codicia hicieron creer a Nietzsche que la codicia era la prosperidad de todos. Entre todas las cualidades del hombre, para él, las mejor desarrolladas son la astucia y el egoísmo. La cuestión de los obreros o de los pobres, para él, no obedece a razones económicas, sino ideológicas. El guerrillero es producto de una ideología, no de una realidad social represiva

Los ideólogos y utopistas actuales de derecha e izquierda encarnan lo que en otros tiempos primitivos fueron los magos y los brahmanes y la clerecía. Monopolizan la formación y la concepción del mundo, proponiendo las más ingenuas y utópicas. Lo peor es esa capa intelectual organizada como casta se halla, por su alta condición económica,  relativamente alejado de los conflictos de la vida cotidiana. La oligarquía y burguesía tienen sus sueños y lo disfrutan. No les interesa el pueblo, ahora esos nuevos ricos se dicen llamar marxistas y seguidores de Nicolás Maduro Moros y Gustavo Petro.

). Aun así,  una legión de “escritores” y teóricos siempre ha corrido detrás del Poder. La única virtud del Estado, para Spinoza, es la Seguridad como condición de la Libertad – más allá de la igualdad o la fraternidad.

Una sociedad está ideologizada cuando en momentos de elecciones presidenciales se exacerba la desconfianza y el recelo con aquellos que no votarán por nuestro candidato o por nuestra postura (así sea la del voto en blanco).

Simplemente, en el caso venezolano, sufragan nulo.

Para aterrizar las cosas en Colombia veo que unos y otros coinciden en admitir el gran hallazgo de los tiempos modernos —un Estado como «titular único de la violencia legítima»— pero sin aceptar todavía que éste sea impersonal. La masa busca un Mesías. Confía en los mecanismos de la política para su salvación. Pero la única virtud de un Estado, insiste Spinoza, es la Seguridad como garantía de la Libertad. He afirmado en otro ensayo que la narrativa de GGM, Gabriel Gárcia Márquez (el escritor más leído por los colombianos, si es que aún no ha sido superado por el de Sin tetas no hay paraíso) alimentó  una ideología fundada en la pedagogía del “realismo mágico”, del que nació un “nuevo periodismo” regodeado en lo carnavalesco de la miseria “macondiana”. No hay que ignorar que cierto candidato presidencial tuvo como alias, siendo guerrillero, el de un personaje de Cien años de soledad que perdió no sé cuántas guerras civiles.

La dialéctica del ideologizado consiste en negar la realidad de las cosas y reafirmarse en su error, como un borracho de su borrachera. Gane quien gane,  lo único deseable es que el comercio siga su curso sin necesidad de defenderse (véase lo tres volúmenes de Antonio Escohotado,  Los enemigos del comercio). Y ese deseo parece más del lado de la derecha que de la izquierda.

Nadie sabe el pasado que le espera si, pasadas las elecciones, se ponga a hurgar en su muro de Facebook o Twitter el constante cambiar de ideas y pensamientos. Pero es justamente en ese cambio de ideas en el que poco a poco se desarrolla el pensamiento individualmente diferenciado. Este siempre ha tenido que luchar contra la ideología grupal o gregaria unas veces de la Iglesia, otras del Estado y ahora de los amigotes o seguidores de las redes sociales, la nueva tribu (¿virtual?).

¿Y esto que tiene que ver con nuestra elección del próximo domingo? Con un punto que es definitivo para entender la actual coyuntura electoral. La política que propuso Trump era, para sus electores, clara y coherente en su lógica y propósito, presentada y ejecutada con energía. Para ellos, la imagen y la actuación presidencial de Trump eran y son absolutamente creíbles; no se sienten engañados. Sea lo que sea es coherente.

El irresponsable, arbitrario y soberbio presidente Trump puede sin embargo dar luces para entender mejor el comportamiento político en el país, especialmente frente a las elecciones del domingo próximo. Trump es impredecible porque se mueve más por el instinto, por el impulso que por el frío análisis; no confía ni en asesores ni en comités. Maneja ideas fijas, simples y rotundas, sin dobleces ni matices, las cuales no oculta y por el contrario predica de continuo.  Sectores importantes de esa sociedad se sienten interpretados por el discurso de Trump tanto del candidato como del presidente Santos, pues en los temas centrales no existe diferencia entre lo que propuso y lo que ejecuta como presidente.

. Hay consistencia.

Con esto en mente vale la pena aproximarse al proceso colombiano, para apreciar si la imagen que tanto Duque como Petro le presentan al elector, expresan precisamente esa consistencia tan importante para generar confianza. La forma como se han desenvuelto sus campañas dan pistas sobre cómo se desarrollaría su gobierno y ello tampoco cimenta la confianza del elector. 

El irresponsable, arbitrario y soberbio presidente Trump puede sin embargo dar luces para entender mejor el comportamiento político en el país,

Lograr colocar a la OTAN, sin parpadear y convenció al bipolar Juan Manuel Santos para que este en la jugada y le ofreció formar parte de la Gran Colombia. Esos sueños de Bolívar se encuentran presentes.

Petro tiene un sueño, un relato atractivo de una Colombia posible,  que   va modificando, acomodando  para llegarle a más posibles electores, lo cual ya no es claro lo que de verdad propone; dudas agravadas por su temperamento envuelto en aires mesiánicos, autoritario cuando no francamente arbitrario, y por el recuerdo de una administración montada en una relación caudillista  con el pueblo, que planteó muchos temas importantes, muchas buenas ideas que nunca se realizaron.

Duque haya pretendido presentarse como la versión último modelo del Uribismo – urbano, cosmopolita, joven, sin ataduras con un pasado agrario premoderno y violento -, que busca identificarse y abrirle nuevos horizontes a una juventud emprendedora, ciudadana del mundo, que rechaza la violencia pasada y la corrupción. Una propuesta que no es creíble por la sombra de su mentor, agravado con aquello que se ha visto en la segunda vuelta: un Duque rodeado de lo más gastado, desprestigiado y corrupto de la vieja política, que permite avizorar que en su gobierno se reditaría mucho de lo que mayoritariamente el país rechaza.

Pero es el ganador.

El símbolo u imagen del izquierdismo latinoamericano se le ocurrió ideas descabelladas y todo se quebró. Venezuela derrumbo a través del madurismo y sus agentes, todo lo que Chávez tuvo que guantear.

Están claras las dos realidades que marcarán el futuro. De una parte terminó la hegemonía de partidos fuertes, propios de un bipartidismo herido de muerte desde la Constitución del 91. Entramos en tiempos de coaliciones que ya no son los simples acuerdos personales y electorales de las microempresas que florecieron en el período posterior a la expedición de la Constitución. Estas coaliciones serán organizaciones políticas menos rígidas e ideológicas, más fluidas y con vocación de construir acuerdos, ellos también fluidos.

La segunda realidad determinante la definía de manera gráfica y precisa Fabio Valencia Cossio cuando afirmaba que para avanzar en política hay que montar en bicicleta, de la cual una de las ruedas es la O de organización y la otra es la O de opinión. Lo anterior con resultado del espacio creciente y democrático que ya ocupa la opinión ciudadana y que puso al desnudo la insuficiencia y la capacidad manipuladora de la vieja política, en la cual solo se escuchaba la voz de los políticos. Hoy se oye además el coro de la voz ciudadana que ya no se limita a expresarse en un voto mudo.

Mirando las bicicletas en que montan los candidatos muchos aparecen en monociclo. El más significativo es el monociclo de Germán Vargas, el de la vieja política de maquinaria y plata con un gigantesco déficit de opinión.

Democracia es igual a una sociedad abierta en la que todas las propuestas políticas puedan ser deliberadas y sopesadas por el elector en un ambiente de paz. La democracia implica, en consecuencia, el gobierno de las leyes y no de los hombres. Todas las ideas políticas tienen el derecho a ser escuchadas y criticadas por los actores de la vida pública, pero, una vez adoptada una decisión, deberá ser acatada.

La democracia es más que la voz del pueblo porque son reglas de juego substanciales y formales que, una vez la ciudadanía se pronuncia en una u otra dirección, deberán ser respetadas, obedecidas y defendidas por ganadores y perdedores. Si queremos tener una democracia fuerte, tenemos que hacerlo, y el camino no es otro que legitimarla.

El reto de la sociedad colombiana es legitimar la democracia para fortalecerla. No debemos insistir en discutir sobre lo que pudo haber sido y no fue acerca del acuerdo de paz. Este acuerdo está suscrito y hay que cumplirlo de muy buena fe. El pacta sunt servanda, la máxima latina, enseña y ordena que el fundamento de la democracia es respetar lo pactado. En este sentido, centroderecha e izquierda, deben comprometerse estrictamente en ese sentido.

 

 

 

 

 

 

 

 


Sobre esta noticia

Autor:
Emiro Vera Suárez (1146 noticias)
Visitas:
560
Tipo:
Opinión
Licencia:
Copyright autor
¿Problemas con esta noticia?
×
Denunciar esta noticia por

Denunciar

Etiquetas

Comentarios

Aún no hay comentarios en esta noticia.