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Si Trump gana, el mundo pierde

17/03/2016 07:00 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

El restableciento de la tortura, con técnicas como la del "submarino" es una decisión inmediata si Trump llega a la Casa Blanca y también el fin de la emigración y la venganza como sistema de gobierno.Hay mucha gente que tiembla y no sólo en EE.UU

 

El mundo libre está en peligro. Aunque Trump finalmente no ganara frente a sus contrincantes en la recta final de las elecciones presidenciales, el solo hecho de haber vencido en diferentes pruebas dentro del partido republicano constituye una muestra de la severa decadencia del espíritu americano. Y esto no solo ocurre en su partido sino también en el demócrata en el que se afianza la política estatista que propone Hillary Clinton y que da aliento a su contrincante Bernie Sanders.

Este fenómeno, es a contracorriente de las enseñanzas y de los valores propuestos en su momento por los Padres Fundadores de esa nación que nació con los principios de libertad más arraigados de todos los que se conocían hasta entonces en la historia de la humanidad. Este fenómeno  de la aparición y progreso de Trump, ocurre debido a los cambios más o menos radicales que se vienen sucediendo en la educación que en líneas generales se imparte en Estados Unidos desde hace un tiempo. Esto lo advirtieron no pocos autores, por ejemplo, por Thomas Sowell en Inside American Education, por Alan Kors y Harvey Silverglate en The Shadow University y Allan Bloom que se acentúan en el ensayo de Paul Johnson “Schools for Atilas”(Escuelas de Atilas).

El caso de Trump debe  analizarse con detenimiento. Dejando de lado sus pésimos modales, sus actitudes  machistas, su escaso sentido de la ética y la estética, sus insultos y descalificaciones personales hacia sus contrarios, es urgente centrar la atención en aspectos que vistos con imparcialidad, encierran errores graves que lamentablemente están muy generalizados en los públicos más insospechados de xenofobia pero que, sin embargo, se adhieren al fascismo que propone el descarado que lidera las encuestas en  el bando republicano.  Sus falacias sobre el comercio exterior,   las referidas a la guerra y a la inmigración constituyen la triada central de las propuestas de Trump las cuales suscriben los populismos de todos lados.

Y su insistencia en establecer la tortura oficial en el país tiene alarmados a todos. Volvemos a los días de George W. Bush y Guantánamo…

El líder de la contienda interna por la candidatura presidencial republicana, Donald Trump, aseveró que como mandatario de Estados Unidos impulsará cambios a las leyes que prohíben aplicar el método de tortura del "submarino" y otras severas técnicas de interrogatorio porque en su opinión esa cortapisa pone al país en desventaja estratégica frente a los extremistas del grupo Estado Islámico.

En diversas entrevistas y actos de campaña, Trump ha difundido hace semanas una lista amplia pero vaga de principios que, si son convertidos en ley, marcarían un cambio fundamental en la estrategia de Estados Unidos para combatir la violencia extremista de acuerdo con lo establecido por el gobierno del presidente Barack Obama.

Además de presentar sus argumentos a favor de la reinstalación del "submarino" —técnica en la que se inflige al torturado la sensación de ahogamiento y "muchos otros métodos dolorosos", Trump también se ha pronunciado por aniquilar a las esposas e hijos de los extremistas, lo que evidentemente supondría una violación al derecho internacional.

"Necesitamos jugar el mismo juego que ellos", declaró Trump recientemente en entrevista con el programa "Face the Nation" de la cadena CBS, y al día sigiuiente comentó en Florida que procuraría extender y ampliar las leyes que regulan los interrogatorios.

"Me gustaría reforzar las leyes", afirmó el candidato multimillonario, "para que podamos enfrentarnos de tú a tú".

Trump manifestó su postura en momentos en que Estados Unidos prosigue su campaña militar contra los combatientes del Estado Islámico en todo Oriente Medio. Y ha afirmado reiteradamente que las tácticas que utiliza ese grupo, como decapitaciones públicas y ahogamientos en jaulas, son prueba de que Estados Unidos necesita intensificar drásticamente sus nuevas tácticas.

Sin embargo, en una conferencia de prensa que efectuó el sábado siguiente en West Palm Beach, Florida, para exaltar sus victorias en el proceso interno republicano, Trump rehusó señalar específicamente las técnicas que desearía fueran intensificadas, a pesar las reiteradas preguntas.

Lo que sí afirmó Trump fue que "es muy difícil derrotar sin contratiempos a alguien cuando nuestras reglas son muy blandas y las de ellos ilimitadas; ellos pueden hacer lo que quieren porque no tienen restricciones".

Donald Trump, en el restablecemiento de la tortura a sospechosos de terrorismo del ahogamiento simulado, consistente en verter agua sobre el rostro cubierto con una tela fina para provocar asfixia al detenido.

En una entrevista con el programa This Week de ABC, Trump respaldó el uso de esa polémica técnica, utilizada por la Administración de George W. Bush para extraer información a los sospechosos detenidos tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y prohibida por el actual presidente, Barack Obama, poco después de llegar al poder en 2009.

El método ha sido utilizado por lo menos con tres presos, según un informe del Senado norteamericano.

"Creo que el 'waterboarding' es poca cosa comparado con lo que nos han hecho sufrir", declaró Trump, quien puso como ejemplo la decapitación del periodista norteamericano James Foley por un verdugo del grupo Estado Islámico en agosto de 2014.

Trump, que provocó un enésimo escándalo la semana pasada al proponer que se fiche a todos los musulmanes en Estados Unidos, estimó que habría que fichar y vigilar   a todos los refugiados sirios que han recibido asilo en Estados Unidos.

Reiteró su oposición a la acogida de más de estos refugiados, después de que el presidente Obama  tratara de cumplir con su promesa de recibir a 10.000 durante el año que viene.

"No tenemos la menor idea de quiénes son estas personas. Cuando los refugiados sirios empiecen a llegar en masa a nuestro país no sabremos si son miembros del Estado Islámico, no sabemos si son un caballo de Troya", expresó el candidato.

Trump dijo, también, rectificó su promesa de cerrar mezquitas en Estados Unidos, como había sugerido la semana anterior, pero sí quiere someterlas a vigilancia, con "medidas férreas".

"La gente que está implicada en estas mezquitas sabe quiénes son los malos y sabe quiénes son los buenos, pero no hablan. Tenemos que vigilar las mezquitas", subrayó el candidato.

Los atentados de París provocaron un agitado debate sobre la acogida de refugiados en Estados Unidos cuando se informó que dos de los miembros del comando habían entrado a la Unión Europea por el mismo camino que los refugiados de la guerra en Siria.

El sitio CNN hace un recuento de las críticas de exfuncionarios de defensa e inteligencia que han generado la defensa de Trump a la tortura como método válido en la lucha antiterrorista.

El exsecretario de Defensa William Cohen le dijo a CNN  que "la idea de  atacar y matar a las familias de terroristas es algo que infringe todo lo que Estados Unidos representa en este mundo".

Cohen advirtió que si el ejército llevara a cabo estas órdenes, podría enfrentar un juicio parecido al  de  Nuremberg, y dijo "tenemos que sentirnos preocupados por el hecho de que  hay que cumplir una orden dada por el comandante en jefe, que viola todo el sentido de la ley y el orden, la ley y el orden internacional. Eso haría que cualquier persona que llevara a cabo esa orden incurriría en una violación del código penal internacional".

Y el exdirector de la CIA, el general Michael Hayden, también citado por CNN,   dijo que "si llegara a emitir esa orden una vez desde el gobierno, las fuerzas armadas norteamericanas se negarían a actuar".

"Estás obligado a no seguir un orden ilegal. Eso sería en violación de todas las leyes internacionales sobre  conflictos armados", dijo Hayden.

Esto y otras promesas de Donald Trump “para cuando sea presidente” hay que verlas y analizarlas una a una. Por ejemplo, Trump toma el comercio internacional como una escaramuza en la que deben participar los aparatos estatales y no con arreglos contractuales pacíficos y voluntarios entre las partes estén en las fronteras o en sitios  lejanos. En ningún caso no modifican las relaciones causales de la economía respecto a las transacciones internas dentro del mismo país. Este hombre de negocios no parece comprender que en toda relación comercial ambas partes ganan. Es cierto que muchos son los gobiernos que se entrometen en el comercio vía trabas arancelarias, manipulaciones en el tipo de cambio, subsidios y otras intervenciones en el mercado, pero esto no se soluciona para Trump con el debido respeto a los derechos de propiedad de los otros participantes, sino a lo bestia.. El comercio es una batalla campal.

En la misma línea argumental, Donald Trump afirma que hay que librar sin contemplaciones batallas comerciales contra  chinos y japoneses (en este último caso se queja de forma agresiva al observar que no hay automóviles de fabricación norteamericana en Tokio y tonterías por el estilo que contradicen las más elementales razones económicas). También propone multar a empresas norteamericanas que se instalen en el extranjero “porque quitan trabajo a los locales”, lo cual demuestra nuevamente la xenofobia y la hipocresía de este empresario que natural y justificadamente invierte en el extranjero siempre que conviene a sus negocios.

Trump ignora o no sabe lo que está escrto en  los documentos originales de la fundación de Estados Unidos y debe tomarlos seriamente como referencia si no se desea que su nación se convierta en un desaguisado. Por ejemplo, James Wilson, uno de los firmantes de la Declaración de la Independencia, que redactó el primer borrador de la Constitución Americana, profesor de derecho en la Universidad de Pennsylvania, escribió que “En mi modesta opinión, el gobierno se debe establecer para asegurar y extender el ejercicio de los derechos naturales de los miembros de la nación y todo gobierno que no tenga esas miras como objeto principal, no es un gobierno legítimo”, en su obra “Of The Natural Rights of Individuales”, 1790).

Por su parte,   Thomas Jefferson aseveró que se necesita “un gobierno no gastador que evite que los hombres que se lesionen los unos a los otros y que, por lo demás, los deje libres para regular sus propios objetivos” (The Life and Selected Writings of Thomas Jefferson, 1774). Y James Madison  dejó dicho que “El gobierno ha sido instituido para proteger la propiedad de todo tipo a todos sus ciudadanos[…] Éste es el fin del gobierno, sólo un gobierno es justo cuando imparcialmente asegura a todo hombre lo que es suyo” (“Property”, James Madison: Writings-1792/).

Incluso los de su propio partido le tienen miedo, pero poco pueden hacer ante su prepotencia

En lo que se refiere a la guerra,   Trump lo usa como una permanente amenaza de Estados Unidos a todo lo que se decide en otras naciones y defiende acciones bélicas inmediatas como la “invasión preventiva”, la pretensión de regir por la fuerza otras vidas en cualquier punto del planeta.

Por último,   otro tercer aspecto que  trata es el de la inmigración, él es un nieto de inmigrantes que ahora la emprende contra los inmigrantes, especialmente contra los mexicanos a quienes tildó de traficantes de drogas, violadores y criminales al tiempo que aseguró que construirá un muro muy alto que hará financiar a los propios mexicanos.

A Trump se le borró de la memoria que la tradición americana se basó siempre en la generosidad de recibir a los extranjeros con los brazos abiertos tal como se lee al pie de la Estatua de la Libertad en las conmovedoras palabras de Emma Lazarus y no tiene presente que tal como lo demuestran sobradas estadísticas y sesudas consideraciones sobre el tema que en general los inmigrantes tienen un gran deseo de trabajar y muestran gran empeño en sus destinos laborales (muchas veces hacen faenas que los nativos rechazan), son disciplinados y tienen gran flexibilidad para ubicarse en muy distintas regiones y sus hijos (pocos habitualmente) revelan altos rendimientos en los centros de educación.

Es que fascistas como Trump no tienen en cuenta que las fronteras solo tienen razón de ser para fraccionar el poder y carece por completo de sentido clasificar la competencia de las personas según donde hayan nacido y que todos debieran tener el derecho de trabajar donde sean contratados libremente sin restricción alguna. En verdad, el término moderno de “inmigración ilegal” constituye un insulto a la inteligencia. Solo deben ser bloqueados los delincuentes pero no dirigidos a inmigrantes (si fuera el caso) ya que los hay también entre los locales de cualquier país.

Por otro lado, el impedir que los inmigrantes entren en  el país debido a que pueden acogerse al lamentable “Estado Benefactor” (una contradicción en términos ya que la violencia no puede hacer benevolencia) y, por ende, acentuar los problemas fiscales del país receptor, constituye un argumento pueril ya que esto se resuelve prohibiéndoles el uso de esos “servicios” al tiempo que no se les requeriría aporte alguno para solventarlos, es decir, serían personas libres.

El clima de xenofobia que producen posiciones como las de Donald Trump se sustenta en una pésima concepción del significado de la cultura puesto que mantiene que la cultura de los de fuera “contaminan” la local. La cultura precisamente se forma a  lo largo de un constante proceso de entregas y recibos en cuanto a la lectura, la música, las vestimentas, la arquitectura y demás manifestaciones de la producción humana.

Además, la cultura es un concepto multidimensional: en una misma persona hay muy diversas manifestaciones y en la misma persona es cambiante (no es la misma estructura cultural la que tenemos hoy respecto a la que fue ayer).

También las declaraciones de este candidato presidencial adolecen de los basamentos del significado del mercado laboral a pesar de la soberbia y arrogancia que ponen de manifiesto sus declaraciones: cree que al ser empresario conoce bien el andamiaje económico (le sucede lo mismo que con banqueros que no tienen idea que es el dinero o con profesionales del marketing que no saben  que es el mercado). No comprende que en un mercado abierto nunca existe desocupación involuntaria, la cual se produce debido a la intervención de los aparatos estatales en la estructura salarial y que las innovaciones tecnológicas y el librecambio liberan recursos humanos y materiales para que se asignen en nuevos proyectos.

Es de desear que las instituciones, centros de estudios y fundaciones dedicadas a explicar los beneficios de la libertad en Estados Unidos puedan contrarrestar los desconceptos superlativos y los peligros que desafortunadamente se están abriendo paso en el que antaño fue baluarte del mundo libre.

 

Un comentario recorre las comunidades extranjeras en Estados Unidos: “Aprovecha, que si gana Trump nos tendremos que marchar del país”. Es, en principio, una broma, pero quizá refleje el tipo de comentario que se oye desde hace miles de años en distintas épocas y lugares, cuando sopla un viento extraño, y un hombre airado, de verbo fácil, con recursos, propone un proyecto basado en el resentimiento y el odio al diferente. Y el proyecto cuaja. Y la broma deja de serlo.

O puede que no. Las hipótesis de salón tienen en Donald Trump una excelente carnaza. El problema es que, a más  de medio camino de la campaña presidencial, el magnate lleva  ventaja y las preguntas se acumulan en los despachos de consultores y analistas: ¿por qué tiene tanto éxito Donald Trump?, ¿puede ser elegido presidente?, ¿acaso su proyecto, tildado de xenófobo y autoritario, representa un peligro real para una democracia moderna. Muchos críticos han hablado con diferentes observadores para repasar el 'fenómeno Trump' sin evitar la elucubración.

El primer elemento a analizar sería lo inesperado, hasta ahora, de su ascensión. Donald Trump empezó como anécdota: el famoso rico de pelo dorado que nos va a entretener en precampaña. Luego pasó a '"bufón” oficial del imperio americano, en palabras de la intelectualidad progresista. Al cabo de semanas, era obvio que su liderazgo en las encuestas y los medios (234 minutos de cobertura televisiva desde noviembre, tres veces más que Hillary Clinton) era incontestable. Hoy, varios(uno siete meses de campaña), Donald Trump suma el 45% del apoyo republicano, según CNN y ORC. “¿Una sorpresa? Sí. Sin duda”, reconoce humildemente Geoffrey Skelley, analista político de la Universidad de Virginia. La última vez que fue consultado por este periódico acerca de Trump, hace seis meses, Skelley dijo que el magnate no tenía posibilidades de ganar la nominación, ni mucho menos la presidencia. No era el único. “Todos aquellos que analizan la política, o escriben sobre ella, han caído en plancha. Entonces era muy difícil imaginarle consiguiendo la nominación (…). Hoy día, quien niegue sus posibilidades simplemente no vive en el mundo real”.

El segundo elemento son sus discursos, que han sido tachados de xenófobos en casi todas las ocasiones. En los últimos meses, Donald Trump ha propuesto construir un “gran, gran muro” entre Estados Unidos y México: más de 3.000 kilómetros de muralla que pagarían, dijo, los mexicanos; localizar, detener y deportar a 11 millones de inmigrantes sin papeles, que según la BBC costaría 114.000 millones de dólares; eliminar la ciudadanía por nacimiento; prohibir la entrada de musulmanes al país, vigilar las mezquitas y restablecer métodos de tortura, tipom Guantánamo, como el ahogamiento simulado.

Hasta el presidente del Congreso, Paul Ryan, tuvo que salir a expresar el respeto del partido republicano hacia los musulmanes, después de que Trump propusiese vetar su entrada al país y cerrar las mezquitas. El estratega político republicano y comentarista Evan Siegfried asegura  que la imagen del partido está siendo afectada por la retórica xenófoba del precandidato. “Nos retrata como algo que no somos. Es difícil corregir esa retórica. ¿Cómo somos en realidad?”

El tercer elemento es su carácter, a todas luces colorido, impulsivo, también autoritario y narcisista, como sugiere el perfil clínico que le hizo 'Vanity Fair'. La autorreferencia constante, las exageraciones, la obsesión por el éxito y la energía desbordante que atrae a las masas harían de Trump un “narcisista de libro”. Alguien dominante, faltón y casi invulnerable a las opiniones ajenas

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“Donald Trump se alimenta de atención. Probablemente la necesite más que su desayuno por la mañana”, declaró a 'Business Insider' el biógrafo Michael D'Antonio, autor de 'Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success' (Nunca suficiente: Donald Trump y la búsqueda del éxito). D'Antonio asegura que Donald Trump recibe cada mañana una selección con todas las menciones que hacen de él los periódicos y la televisión, sean referencias positivas o negativas.

“Donald se levanta muy temprano; a las seis o seis y media ya está mirando las selección de noticias de la noche anterior. Se lo preparan, por un lado para mantenerle al corriente de lo que el mundo dice de él, pero también para estimular su ego. Este es un tipo que durante mucho tiempo mantuvo cerca una colección de vídeos para verse a sí mismo teniendo éxito. Le mantiene activo y sostenido”.

Exaltados en campaña

El cuarto elemento es el ambiente inflamado, y en ocasiones violento, que rodea su campaña. Diferentes medios de comunicación han protestado por el trato recibido en sus mítines. Una reportera de NBC News denunció la extrema vigilancia a los periodistas, que eran 'escoltados' por agentes del Servicio Secreto incluso para ir al baño. A reporteros de publicaciones como 'Buzzfeed', 'Fusion' o 'The Huffington Post' se les ha prohibido acudir a eventos del magnate.

Un fotógrafo español con experiencia en varias elecciones primarias americanas cubrió la campaña de Trump en Maryland. “Nunca me habían tratado así en Estados Unidos”, dijo. Nada más entrar en el recinto, uno de seguridad le puso el ojo encima y le conminó a quedarse en la zona habilitado para periodistas. Esperó a que llegase más gente, luego salió del redil y se fundió con la muchedumbre. Fueron los propios seguidores quienes le echaron. Cuando él y un cámara de televisión querían salir del edificio para grabar una manifestación anti-Trump, los agentes de seguridad se lo prohibieron. “¿Me estáis secuestrando?”, respondió, según su testimonio.

En un discurso de Trump en Birmingham, Alabama, varios seguidores incluso dieron una paliza a un activista negro que trató de protestar. “Donald Trump ha sacado a la superficie a un grupo de población aterrador”, dice Siegfried. “Cada vez que un consultor político, incluso de menor categoría, critica a Trump, recibe todo tipo de insultos y amenazas en Twitter, comentarios xenófobos y antisemitas. Conozco varios casos; sé de uno que criticó a Trump y alguien le amenazó con violar a su hija”.

El mes pasado, uno de sus discursos fue precedido por tres niñas vestidas en colores americanos que se pusieron a cantar los beneficios de Trump y a su slogan principal: “Hagamos a América grande de nuevo”. Medios de comunicación como 'USA Today' o Now This compararon el acto con la tradición norcoreana de usar niñas para alabar públicamente al dictador.

El éxito de Trump se basa en su mensaje y sobre todo en el contexto actual, según Geoffrey Skelley. El magnate, que nunca ha tenido cargos públicos y se precia de ser un rebelde, habría sabido utilizar la frustración del americano medio con el Gobierno (una encuesta del Pew Center refleja que solo uno de cada cinco estadounidenses confía “siempre o casi siempre” en el Ejecutivo) y con la propia demografía del país, donde los blancos van a ser minoría en 2045, según el censo oficial.

"Sus ideas son de todo menos rígidas". “El país está cambiando, se está volviendo más ampliamente diverso”, declara Skelley. “Digamos que hace 30 años, en Nebraska, por ejemplo, no verías un latino. Ahora sí. Y algunas personas reaccionan de forma negativa. No quieren ver carteles en inglés y en español, por ejemplo. Les causa enfado, y son receptivos al mensaje de Trump. El otro factor es que la clase trabajadora blanca ha sido fuertemente golpeada por la crisis, y en algunos círculos se extiende la idea de que el inmigrante ha ocupado los empleos. Es un miedo antiguo, sea quien sea el inmigrante. Les ocurrió a los irlandeses que llegaron a mediados del siglo XIX huyendo del 'hambre de la patata”.

La posibilidad de que Trump llegue a presidente sigue siendo bastante probable. “Las elecciones republicanas y las elecciones presidenciales son diferentes”, explica Evan Siegfried. “En las republicanas, los candidatos tiran hacia la derecha, y en las presidenciales, hacia el centro, porque la mayoría de los votantes americanos se consideran independientes. Trump lo tendría difícil por la naturaleza de sus comentarios”.

George Skelley recuerda que el contexto puede cambiar de aquí a noviembre. “Hay muchos factores fuera de control: el terrorismo, la situación económica, que no está siendo alentadora últimamente; la popularidad de Obama... Los demócratas podrían ver sus posibilidades afectadas”.

Si gana Trump, dice Skelley, no hay que olvidar que sus ideas políticas son de todo excepto rígidas. En 2008 dijo que “Hillary Clinton sería una gran presidenta” y su propuesta de sanidad universal es más progresista, según el diario 'Quartz', que  Obama.

Pero si es elegido, es posible que el partido republicano no colabore con él, y es dudoso que lo hagan los demócratas”. “La Constitución y el Congreso evitan que el poder ejecutivo se extralimite”, añade Siegfried. “En último caso, haga lo que haga Trump, el sistema de justicia tiene la última palabra". ¿La tiene?

 

 


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