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Trump quiere ir a la luna y después a Marte, si gana la elecciones

07/05/2018 03:40 0 Comentarios Lectura: ( palabras)

La sonda InSight de la NASA, ya se dirige hacia Marte para estudiar su origen y composición interna usando sismógrafos para llegar hasta 300 metros de profundidad, Depositará un sistema sobre el suelo marciano para captar los terremotos y la tectónica

 Un cohete Atlas V lanzó el fin de semana la sonda InSight de la NASA, que ya se dirige hacia Marte para estudiar su origen y composición interna 

En los años 70 del siglo pasado, los astronautas de la NASA dispararon cohetes y granadas en la Luna. Su objetivo no era combatir una civilización selenita, sino realizar los primeros experimentos sísmicos fuera de la Tierra. Los temblores de las explosiones de mortero se propagaron por el interior del satélite y permitieron usar sismógrafos para determinar la composición del suelo lunar hasta unos 300 metros de profundidad, lo que desveló un cuerpo geológicamente inerte hecho de roca fracturada formada por un constnte bombardeo de meteoritos. Casi cuatro décadas después, ninguna otra misión espacial había podido estudiar el interior de otros cuerpos del Sistema Solar más allá de la Tierra. La misión InSight será la primera en explorar las entrañas de Marte —esta vez con métodos menos violentos— y explicar por qué el planeta formado al mismo tiempo que la Tierra y con los mismos materiales es tan diferente al nuestro. 

InSight es inglés "Vista por dentro o si se quiere "Exploración Interior", cuyo único precedente fueron las sondas Viking lanzadas también en los años 70. Sus sismógrafos estaban montados en el cuerpo de las naves y no sivieron sino para captar nada más el viento. La nueva sonda de la NASA está dotada de sistemas capaces de depositar un sismógrafo sobre el suelo marciano que captará los terremotos que se producen por movimientos tectónicos o el impacto de meteoritos. La misión durará dos años durante los que se espera captar decenas de martemotos de hasta magnitud 6. 

Si todo sale bien, la nave de seis metros de largo y 700 kilos llegará a Marte el 26 de noviembre. Aterrizará en un área arenosa de Elysium Planitia, una región de volcanes extintos cerca del ecuador del planeta. Tras el aterrizaje, un brazo robótico posará sobre la superficie un segundo instrumento capaz de  penetrar en la tierra hasta cinco metros, más que ninguna otra misión, y medirá cuánto calor escapa del interior del planeta. Un tercer dispositivo de radio analizará anomalías en la rotación de Marte provocadas por sus materiales internos. Todo esto aportará los cálculos más precisos del grosor de la corteza, manto y núcleo, la primera radiografía de Marte para entender cómo se formó hace 4.600 millones de años.

  La primera radiografía de Marte permitirá entender cómo se formó hace 4.600 millones de años. “InSight nos va a ayudar a entender por qué la evolución de Marte y la Tierra fueron tan diferentes y qué elementos son esenciales para que nuestro planeta sea habitable”, resume Ingrid Dunbar, una de las científicas de la misión. “Aplicarermos lo que aprendamos a otros mundos parecidos a la Tierra que orbitan otras estrellas, lo que nos ayudará a comprender cómo de probable es que estemos solos en el universo”, añade la investigadora.

La misión ha sido desarrollada por la NASA en colaboración con las agencias espaciales de Francia y Alemania a un coste total de unos 800 millones de euros. España ha desarrollado sólo Twins, el instrumento para medir la velocidad del viento y la temperatura  fundamental para descartar falsos terremotos ocasionados por ejemplo cuando los tornados sacudan la nave. “Hace miles de millones de años Marte tuvo tectónica de placas, volcanes y un núcleo líquido”, explicah, los ingeniero del Centro de Astrobiología de Madrid y líder del equipo que ha desarrollado el dispositivo español. “Gracias a esta misión vamos a saber cuánta energía le queda en el interior”, añade.

 La llegada de InSight es el preludio de un desembarco internacional en el planeta rojo, ya que en 2020 está previsto el aterrizaje de tres vehículos de exploración lanzados por EE. UU, la Agencia Espacial Europea y China. La primera ventana de lanzamiento de Insight comienza ya al mediodía, hora peninsular española desde la base Vandenberg de las Fuerzas Aéreas (California)

Trump abre su propia carrera para volver al satélite y después a Marte. Pero no tiene ni lanzaderas. «Necesitará más de diez años y mucho apoyo internacional»

Estados Unidos ni siquiera tiene hoy una lanzadera espacial para recorrer los 500 kilómetros que no separan de la Estación Espacial Internacional (ISS). Tienen que hacer 'autostop' con los cohetes rusos. Pero con motivo del nuevo vije a Mrte de la NASA, aniversario del último alunizaje americano (1972), Donald Trump anunció que su país volverá a recorrer los 380.000 kilómetros que hay hasta la Luna para instalar allí una base permanente. Lo siguiente será «una eventual misión a Marte. Y quizá, algún día, a muchos más mundos más allá». Lo dijo después de firmar una directiva para recuperar la carrera espacial. Y ante Harrison Schmitt, que fue junto a Eugene Cernan el último astronauta en poner el pie en el satélite. Hace 45 años.

´Tambien Trump quiere ir a la luna, pero no tiene lanzaderas y no podrá ir hasta que gane las próximas eleciones

Ahora el boato y su discurso cuyos tintes imitan los desafíos de Kennedy a finales de los años 50, los expertos en la aventura espacial tienen bastantes dudas de que sus planes puedan prosperar. De entrada, y en el mejor de los casos, a la presidencia de Donald Trump le quedan siete años, siempre que logre la reelección. «Hay un claro problema de continuidad. Si empezase ahora y pusiera el dinero necesario, no podrían pisar la Luna antes de diez años. Tendría que convencer a su sucesor de que continuara su obra», pronostica el profesor de Astrofísica de la Universidad de Barcelona Xavier Luri.

 Y para lograrlo debería poner un montón de dinero. «No es un desafío científico, sino presupuestario», insiste Luri. Los años previos al primer alunizaje en 1969, la Agencia Espacial Norteamericana (NASA) absorbió el 4, 5% de todo el presupuesto nacional. Hoy apenas recibe el 0, 5%.

La sensación general en el mundo científico es de que se trata de una 'derivada orbital' del eslogan de Trump “America, first” ('América, primero') que llevó a Trump a la Casa Blanca. Los únicos 12 hombres en la historia que han pisado polvo lunar llevaban su bandera. Pero la gran potencia se ha quedado atrás con Trump.

China trabaja duro para aterrizar en nuestro satélite en 2018 y quiere una base permanente en 2050. Rusia ya habla de su base robótica lunar para 2037. Japón lanzará una sonda en 2019 para preparar un asentamiento, tal vez en 2030. Hasta la Agencia Espacial Europea (ESA) proyecta una base orbital permanente alrededor de la Luna cuando jubile la actual estación sobre la Tierra en 2028.

Aunque ese casi medio siglo sin hollar la Luna no significa que la investigación de los americanos se haya paralizado. Ni siquiera ralentizado. « EE.UU.no dispone de lanzaderas de cohetes, pero todo lo demás lo tienen desde hace años. Con la ayuda de un buen consorcio internacional no sería descabellado que tuvieran una base lunar en 20 años», reflexiona el astrónomo del Observatorio de la Universidad de Valencia Fernando Ballesteros. Este experto avanza que la (re)conquista de la Luna no sería baldía. «Hay materiales como titanio, hierro, aluminio o helio-3 que podrían animar a financiadores privados».

Los investigadores no le ven futuro a una reedición de la carrera lunar individual sólo de EE.UU. y por pura estrategia política. Los logros de la actual Estación Espacial Internacional «han sido posibles con la cooperación de la Unión Europea, Rusia, Japón, Canadá y la NASA. Es decir, todos los que hoy miran al espacio. Salvo China. «Lo que será inviable es mantener la ISS y crear ese posible consorcio internacional. No habría fondos», asegura Xavier Luri.

El tránsito lunar no ha sido una prioridad política pero los astrónomos, astrofísicos y todo tipo de ingenieros espaciales no han dejado de romper barreras. «Hay grandes avances en robótica espacial. Se podría incluso construir una base lunar robótica con impresoras en 3D. Pero estamos hablando de llevar humanos y eso encarece al máximo los costes y las prevenciones», advierten los astrofísicos.

¿Y qué pasa con Marte? Trump habla de la Luna como un 'escalón' para subir después hasta Marte. El problema es que es muy alto. «Los retos físicos de Marte (radiaciones, temperaturas extremas, erupciones solares...) son mucho más llevaderos que en la Luna. Sin embargo, se tardan tres días en llegar a la Luna frente a entre 6 y 9 meses de viaje a Marte. Y otro tanto en volver», advierte el científico principal de Marte de la ESA, Agustín Chicarro. “Ya hemos logrado llevar una sonda hasta Titán (satélite de Saturno). Pero aún hay grandes desafíos para el factor humano», sentencia Benjamín Montesinos”.

 

 

 


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